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    El Lado Oscuro de Susana - Parte 11

    Tras acostar a sus dos hijas y mientras su marido leía en la cama, Susana encendió su ordenador portátil y obervó a su mascota. Joss estaba de rodillas, frente a sus zapatos. Había dispuesto una especie de altar, un pequeño armario con la puerta de cristal, dentro del cual había colocado sus zapatos.

     

    Durante 3 horas cada día, antes de acostarse, se masturbaba adorando los pequeños zapatos de Susana. La mujer le obervaba en silencio, sintiendo como el pequeño calor que se había encendido en su vientre aumentaba.

     

    Mientras miraba la pantalla imaginó como sería colocarse detrás de él, abrazarle. Con un brazo acariciar su fuerte pecho y con el otro sujetar su duro y caliente pene y masturbarlo. Introdujo su mano dentro de su pijama y acarició suavemente su sexo a través de la tela de las braguitas.

     

    Entonces apartó la mano bruscamente. ¿Como podía caer tan bajo? Joss era su mascota y ella era su Ama. Excitarse y, peor aún, masturbarse mientras le miraba era indigno de ella. Aquel hombre todavía debía demostrar muchas cosas. No podía engañarse a sí misma negando que Joss la había conquistado. La devoción que le profesaba, la manera que tenía de servirla y, por supuesto, el hecho de que su pene se pusiese furiosamente duro ante su simple presencia, como si ella emitiese alguna especie de energía magnética.

     

    Todo ello había conseguido cambiar su opinión sobre él. Al principio sólo le pareció un chico atractivo, pero no hubiese apostado nada por él. Ahora, sin embargo, debía hacer un esfuerzo para no masturbarse mirándole.

     

    Pensar que podía ser el esclavo que había esperado toda su vida la excitaba. Pero sabía que todavía quedaba un largo camino hasta que pudiese confirmar que realmente lo era.

     

    Súbitamente sintió miedo. ¿Y si no era él? ¿Y si no superaba las pruebas que todavía quedaban? Ningún otro había llegado hasta aquel punto. Si Joss fallaba quizá fuese cierto, después de todo, que no existía el esclavo ideal para ella.

     

    Apagó el portátil y se fué a dormir.

     

    ****

     

    Los días de aquella primera semana como mascota oficial de Susana pasaron lentamente. Joss cumplió todos sus deberes, esperando ansioso al fin de semana. No podía esperar para volver a estar cerca de su Señora. Quería servirla, cumplir todos sus deseos.

     

    Al llegar el viernes, comenzó a inquietarse. La rutina seguía igual, él debía ignorar a Susana en el trabajo y aguantar la manera en que sus compañeros se burlaban de ella.

     

    Veía como Susana le trataba con indiferencia en los momentos en que, por cuestiones de trabajo, debían mantener alguna charla. A parte de estos momentos, Susana le ignoraba por completo. Joss sufría y se preguntaba como podía hacerlo. Como podía no mostrar ni el más mínimo destello de reconocimiento para con él.

     

    Por momentos pensaba que todo había sido un sueño, una fantasía. Quizá nada de aquello había sucedido y por eso Susana se comportaba así.

     

    Lo único real eran los pequeños zapatitos que Susana le había entregado y ante los que se arrodillaba y se masturbaba cada día, como un devoto ante la reliquia de un santo. Eso, y los mensajes de móvil a través de los que Susana le daba permiso o no para realizar ciertas actvidades.

     

    Pero, llegado el viernes, Joss se dió cuenta que no sabía como debía actuar. ¿Debía ir a casa de Susana por sí mismo?, ¿Debía preguntar a su Señora?, ¿Sería ella la que se dirigiese a él?.

     

    La horrible incertidumbre le volvía loco. Y, cuando llegó la hora de salir del trabajo y Susana, simplemente, se fuñe, Joss casi se hechó a llorar.

     

    Se fué a casa y permaneció sentado junto al pequeño altar donde tenía los zapatos de su Señora, con el teléfono móvil en la mano esperando la llamada de Susana. Pero las horas pasaron y Joss no recibió instrucción alguna.

     

    Constantemente miraba el teléfono y comprobaba que estubiese encendido y con cobertura. ¿Porqué su Señora le ignoraba?, ¿Que sucedería si no recibia noticias de ella? Joss sintió miedo. Se sentía solo, desamparado, añoraba la figura firme, segura de sí misma de Susana.

     

    Finalmente, cerca de las 2 de la madrugada, Joss se fué a dormir y, por primera vez desde que era sólo un niño, lloró de pura frustración. Fué una noche desagradable, Joss se despertó decenas de veces creyendo oir el tono de su móvil, creyendo que por fin su Señora se dirigía a él. Pero solo eran juegos de su mente. Su movil no sonó en ningún momento.

     

    Por la mañana envió un mensaje con manos temblorosas a Susana. Le pedía permiso para ducharse y orinar. Pensó en preguntarle si podía verla, si estarían juntos este fin de semana. Pero no se atrevió. Él no podía consultar este tipo de cosas a su Ama.

     

    Susana tadó tres horas en responder. Cuando Joss oyó el movil saltó con el corazón a punto de saltársele del pecho. Cogió el teléfono con las manos tembleado. Al ver un mensaje de Su Ama sintió una súbita alegria, pero duró poco. Al abrir el mensaje sólo vió una solitaria "s" minúscula.

     

    Se sintió despreciado, abandonado. Su Señora había tardado tres horas en responderle, en responder a su mascota, la cual no merecía su más mínima atención. Y sólo había escrito una letra. Sintio como si le dijese "Haz lo que quieras, no me interesa". Dejó el teléfono sobre la mesa y, con los ojos húmedos, se metió en el baño.

     

    Aquel fue, probablemente, uno de los peores fines de semana de Joss. Susana no le prestó ni la más mínima atención. Joss esperó y esperó una llamada, un mensaje de Su Señora, pero éste nunca llegó. Sus peticiones eran contestadas con horas de retraso y usando apenas una o dos letras. Finalmente el terrible fin de semana llegó a su fin y el lunes Joss volvió al trabajo.

     

    ***

     

    El fin de semana de Susana tampoco fué bueno. La mujer deseaba estar con su mascota, deseaba tenerle cerca. Pero sabía que un Ama, en ocasiones, debe ser fuerte y distanciarse de su mascota. Deseaba ver como reaccinaba Joss ante el abandono. Quería comprobar el efecto que tenía en él el verse separado de su Ama.

     

    Una mascota debe aprender que su Ama no está a su disposición, sino que es justamente al contrario. Muchas mascotan consideran el hecho de tener un Ama como el hecho de tener una novia. Consideran que el Ama está tan deseosa de estar con la mascota como al contrario.

     

    Susana quería que Joss aprendiese esta valiosa lección. Él, la mascota, debe estar a disposición de su Ama siempre, en cualquier momento y para cualquier cosa, sin dudas ni vacilaciones. Esta es la parte fácil, casi cualquier mascota está dispuesta a someterse a esta situación.

     

    Lo que pocos comprenden y a lo que pocos están dispuestos es que el Ama no es una novia. Ella no quiere pasar tiempo constantemente con su mascota. Un Ama puede abandonar a su mascota durante días o semanas, como un perro al que se deja en la casa de fin de semana.

     

    Susana deseaba pasar tiempo con Joss, quería disfrutar de su mascota, pero debía enseñarle esta lección. Debía asegurarse que Joss aceptaba estos términos, debía estar segura que, por estar con su Ama apenas un segundo, la mascota estaba dispuesta a esperarla durante días.

     

    La mujer miraba a Joss a través de las cámaras web. Lo veía sufrir, desesperarse ante la falta de atención. Pero seguía siendo fiel a su Ama. Seguía adorando sus zapatos, masturbándose frente a ellos y seguía consultándola antes de realizar ninguna actividad.

     

    Susana estaba satisfecha con su mascota. Pese al desprecio y la dejadez a la que le sometía, el chico no cedió ni un ápice en su devoción hacia ella.

     

    ***

     

    La semana siguiente transcurrió por los mismos derroteros. Susana sometió a Joss al desprecio y la dejadez. Tras el fin de semana terrible que había pasado, le asaltaron las dudas. Pensó en si merecería la pena todo aquello. Cuando dudaba, miraba los pequeños zapatos de Susana, eran lo que le mantenía sujeto a la realidad.

     

    Junto a aquellos zapatos todo estaba bien. Joss sabía que aguantaría aquello por su Señora. Por estar un día con ella, una hora, estaba dispuesto a aguantar semanas como aquella.

     

    Joss había tenido varias novias en su vida, pero sólo una vez había estado realmente enamorado, hasta el punto de pensar en el matrimonio e hijos. Pero lo que ahora sentía por Su Señora iba más allá. No sólo la amaba, sino que sentía una entrega absoluta. Estaba dispuesto a entregarle a Susana absolutamente todo.

     

    La semana pasó y el viernes, igual que el anterior, Susana se marchó sin decir nada. Joss creyó morir. Deseaba estar con Su Ama. Penó en la posibilidad de que Susana tuviese otro esclavo. Aquello lo horrorizó. Quizá había encontrado otro mejor, alguien que no hubiese cometido los errores que él cometió.

     

    Con estos inquietantes pensamientos, Joss se fue a casa y, hundido anímicamente, se fue a la cama pronto.

     

    Joss abrió los ojos al sentir como la luz de la habitación se encendía. Confuso y medio domido, miró alrededor y, junto a la puerta de su habitación, vió a Susana mirándole.

     

    Durante unos segundos no comprendió lo que sucedía. Entonces su corazón dió un vuelco y saltó de la cama, se arrodilló frente a Susana y, casi llorando, dijo:

    - Mi Señora... - No pudo decir nada más.

    - He tenido asuntos que atender. Acostúmbrate, mascota, puede que tengas que pasar largos periodos sin tu Ama. - La voz de Susana sonó firme, pero en su interior la mujer estaba emocionada. Le costaba tratar así a su fiel mascota, pero debía hacerlo, debía entrenarle para convertirle en el esclavo que ella necesitaba.

    - Mi Señora - Joss, arrodillado, mantenía la cabeza baja, mirando los pequeños pies de su Ama. Al ver a Susana, su pene se puso duro de forma inmediata. - No me importa cuanto tenga que esperar. Estaré a su disposición siempre.

     

    Susana puso la mano sobre la cabeza inclinada de su mascota. Por un segundo pensó en agacharse y agarrar el precioso pene erecto. Pero aún era pronto, en pleno entrenamiento un gesto como aquel podía echar a perder al esclavo. En esta fase el esclavo sólo debe entregar, no debe recibir nada de la relación, O, si lo recibe, debe ser muy poco y en el momento adecuadol

     

    Pera Joss, sentir la pequeña mano de Su Señora en la cabeza era más de lo que necesitaba. Aquel pequeño gesto valía de sobras las dos semanas de sufrimiento que había pasado. Por aquel gesto hubiese esperado mucho más.

     

    - Mañana me llevarás de compras. - Dijo Susana. Joss levantó la cabeza y la miró sorprendido. - He decidido que, por primera vez, quiero que me acompañes en público.

     

    Joss contuvo un jadeo, su corazón latía aceleradamente. ¿Salir con Su Señora?, ¿Mostrarse en público?. Pensó en la responsabilidad, cualquier fallo, cualquier error, no sólo le perjudicaria a él mismo, sino que podría causar un perjuicio a su Señora.

     

    - Mi Señora, me siento halagado. Haré que se sienta orgullosa. no lamentará la oportunidad que me ofrece.

    - Eso espero. Entenderás lo importante que puede llegar a ser el hecho de saber si es posible mostrate en público o no.

    - Por supuesto, mi Señora.

    - Sólo te daré una indicación, mascota. Nunca debes caminar por delante de mí, ni a mi lado. Siempre un paso por detrás.

    - Sí, mi Señora.

    - A parte de ésto, lo demás corre de tu cuenta. También quiero comprobar cómo reaccionas sin demasiadas indicaciones.

    - Si mi Señora. - Joss se sintió abrumado por la responsabilidad. Pero se prometió a sí mismo que haría que Susana estubiese orgullosa, la haría sentir como la reina que era.

     

    Entonces Susana le entregó la tarjeta de una agencia de alquiler de coches.

    - Mañana, a las 7 de la mañana, recogeras el coche en el que me llevarás. Está reservado a tu nombre.

    - Sí, mi Señora. - Dijo Joss mientras cogía la tarjeta.

    Susana le entregó entonces unas llaves.

    - Luego vendrás a mi casa, prepararás mi desayuno y me despertarás.

    - Sí, mi Señora.

     

    Sin decir nada más, Susana se volvió, apagó la luz de la habitación y salió de la casa.

     
      Posted on : Nov 1, 2012
     

     
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