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    El Lado Oscuro de Susana - Parte 05

    Horas después, cuando la luz de la mañana comenzó a iluminar la habitación, Joss sentía su pene arder como jamás lo había hecho. Llevaba más de doce horas con una erección constante, y las últimas horas, junto con los efectos de los aros vibratorios le habían llevado al límite.

     

    Notaba sus testículos duros y doloridos, al igual que su pene, erecto y al límite de la eyaculación. Durante toda la noche, a través de la oscuridad, había entrevisto el pequeño bulto que era Susana bajo las sábanas. Imaginar el pequeño cuerpo de la mujer, cubierto por su largo camisón, los diminutos pies a menos de un metro de él. Todo ello alimentaba el fuego que sentía en la entrepierna.

     

     

    Una parte de él seguía sin entenderlo. ¿Porqué aguantaba aquello? Objetivamente Susana era una mujer bastante normalita. Esa parte de Joss deseaba masturbarse, imaginaba el placer que sentiría si se masturbaba ahora, con el grado de excitación que tenía. O, mejor aún, si se iba a casa y echaba un polvo con alguna de sus amigas. Pero no serían Susana.

     

    Esa idea acudió a él sin pensarlo, podría estar con otra mujer pero no sería Susana. En ese momento se dio cuenta que comenzaba a sentir algo por aquella mujer. Todavía no se atrevía a definir exactamente qué sentía, pero era algo más que hacía apenas un día. Durante los meses en que había trabajado junto a ella, Joss siempre había sentido cierto morbo por Susana, pero ahora había cambiado.

     

    Pese a la pequeña parte de él que todavía se revelaba, Joss estaba muy cerca de aceptar lo que sentía por Susana.

     

    Joss dio un pequeño respingo cuando, a trasluz, vio como Susana se movía lentamente, se desperezaba y alargaba el brazo para encender la luz. Todavía con gesto soñoliento, Susana miró a Joss durante unos segundos.

     

    - Buenos días, Mi Señora, Susana. - Dijo Joss suavemente.

     

    ****

     

    Susana miró a su esclavo mientras se desperezaba y lo vio allí firme, justo donde lo había dejado la noche anterior, con su pene furiosamente erecto rodeado por los dos aros vibratorios.

     

    Sabía que la noche en vela era una dura prueba para sus esclavos, muchos no la soportaban y amanecían dormidos en el suelo. Otros eyaculaban sin permiso e intentaban ocultárselo.

     

    La Susana inocente, romántica, estaba segura que Joss habría aguantado, que lo habría hecho por ella. Pero su lado oscuro y cruel pensaba lo contrario. Joss habría hecho algún tipo de trampa, estaba segura. No creía, no quería creer que aquel hombre había resistido la prueba.

     

    Cuando Joss habló, Susana se levanto y caminó hasta ponerse frente a él. Entonces lo abofeteó furiosamente en la cara.

     

    - Nadie te ha dado permiso para pronunciar mi nombre, estúpido.

    - Lo siento, Mi Señora. No volverá a pasar.

     

    Susana lo abofeteó de nuevo enfadada. Miraba el pene de Joss, erecto. Los anillos estaban colocados exactamente igual que la noche anterior. En efecto, parecía que Joss había superado la prueba. Además, su experiencia la había enseñado a distinguir cuando un pene había eyaculado recientemente, y podía asegurar que aquel pene no lo había hecho.

     

    Aquello la indignó. No era capaz de saber porqué, pero el hecho de que Joss superase sus pruebas la enfurecía. Normalmente se sentía ligeramente halagada, dentro del cierto desprecio que sentía por sus esclavos, cuando uno superaba alguna prueba. Pero con Joss era diferente, sentía sus triunfos como una afrenta personal. Quizá fuese por el hecho de que su parte sensible, la Susana joven e infantil, se había encariñado de Joss y creía en esa absurda teoría del esclavo esperado.

     

    - Estas serán tus tareas matutinas, esclavo - Dijo Susana secamente. - Mis sábanas deben ser cambiadas cada mañana. Me gusta dormir en sabanas limpias y planchadas. Se guardan en aquel armario. - Susana señaló al armario empotrado que cubría una de las paredes.

    - Sí, Mi Señora. - Dijo Joss.

    - Es tu responsabilidad que siempre haya recambio. - Continuó Susana ignorando a Joss. - Tras tomar mi baño diario, desayunaré en la terraza si hace buen tiempo. En caso contrario, en el salón.

    - Como gustes, Mi Señora.

     

    Sin esperar a que Joss acabase de hablar, Susana se volvió y caminó hacia el cuarto de baño.

     

     

    ****

     

    Al volverse, el vuelo del camisón rozó ligeramente el pene erecto de Joss. Éste sintió el roce como una explosión. Su sobreexcitado pene dio una fuerte sacudida. Joss gimió y cerró los ojos. Durante unos segundos estuvo seguro de que iba a eyacular. Su pene vibró incontrolable y abundante líquido preseminal manó de él.

     

    En el último momento, de alguna manera, su pene se calmó. Joss tenía los ojos cerrados y los dientes apretados. Esos horribles segundos le habían valido para hacerse a la idea de perder a Susana. Sabía que si la desobedecía y eyaculaba todo habría acabado. Y, súbitamente, comprendió que la idea de perderla le aterrorizaba.

     

    Al abrir los ojos se dio cuenta que Susana se había vuelto y observaba su pene. Estaba muy seria, pero Joss creyó ver un ligero destello de satisfacción en sus ojos.

     

    Bruscamente, la mujer se volvió y desapareció en el cuarto de baño.

     
      Posted on : Oct 14, 2012
     

     
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