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Corrimos por la estación para poder subir al tren en Plaza Cataluña,
veníamos cabreados, sin hablarnos y teníamos el tiempo justo para no acabar
pagando más de 90 euros de taxi. A Marta se le veía todo por culpa de la puñetera
minifalda y le botaban los pechos para satisfacción del personal. ¡Por fin el
que va a Calella!
Así que a pesar de que el tren marchaba repleto nos subimos
en el primer vagón. Con desgana pusimos una sonrisa en nuestras caras para no
desentonar con el ambiente festivo de un montón de gente joven que volvía a
casa después de toda una noche de celebración. Una vez se cerraron las puertas y entre aquel calor humano sofocante
tratamos de acomodarnos lo mejor posible, nos fuimos moviendo hasta el único
lugar donde podíamos estar menos apretados: la entrada a la cabina del
conductor. Allí había un pequeño espacio donde estaba un chico de no más de 20
años con unos cascos y unas gafas de pasta oscuras, apoyado contra la puerta y
con pinta de no haber roto un plato en su vida. Situé a mi mujer de espaldas al
chico y yo me puse delante de ella en plan protector. Me prometí no soltar ni una
palabra hasta llegar al hotel de Calella. No estaba para hostias después del
mal rato que me hizo pasar en Barcelona...
Una, dos, tres paradas... A medida que entraba más y más gente en el tren me
fueron empujando sobre mi mujer y obviamente a ella sobre el chico que tenía
detrás. Quedamos los tres en un perfecto sandwich, a tal punto que rompí mi voto
de silencio y le susurré al oído: "no te pegues tanto, córtate un pelo",
ella me miró sonriendo con cara de mala leche y noté que acto seguido se arrimó
aún más hacia él con cierto movimiento de caderas que podía dar lugar a un mal
entendido de tipo sexual. Entré por un momento en estado de mosqueo pero un
nuevo espachurramiento generalizado me hizo olvidar los celos. ¡Joder que
agobio!
De repente noté un culo femenino redondito y duro como una piedra que chocó
contra el mio... El tren había pegado un frenazo sin motivo aparente y se paró. El
movimiento hizo que nuestros cuerpos apretados se fueran acomodando de tal
manera que una de mis manos quedó a la altura de la minifalda de polipiel negra y con la otra traté
de sujetarme donde pude. La única alternativa fue pasar el brazo por encima del
hombro de mi mujer y apoyarlo al lado de la cara del chico. Tras resoplar para
levantarse el flequillo que le tapaba sus preciosos ojos marrones ella me lanzó
una mirada de mala leche, maldiciéndome por mi idea de coger ese tren. ¡Vaya!,
la cara del chico había quedado muy cerca de la nuca de mi esposa (demasiado). Literalmente
le podía oler el pelo y comerle la oreja delante de mis narices. Lo que me
faltaba esa noche. Empecé nuevamente a pensar como estarían de juntas sus
caderas... y a mosquearme.
Para compensar la situación, intenté girarme para ver la cara de la dueña
del culo prieto, que además tenía una voz sensual, pero no tuve éxito. A todo
esto mi mujer movió su cabeza intentando mirar al chico de detrás con mayor suerte.
Él estaba en su mundo, con lo auriculares puestos y ambas manos invisibles a mi
control. No estaba sujeto a nada, pero era tanta la gente que nos aprisionaba
que en realidad no necesitaba agarrarse ya que estaba contra la puerta y
amorrado a ¡mi mujer!... Como en un Tetris. No me gustó una segunda mirada
hacia atrás de mi esposa y con un gesto preocupado le pregunté si pasaba algo,
ella acercó su boca a mi oído y me dijo, susurrando "le estoy espachurrando
sus partes con mi culo, no me montes otro numerito que no es culpa suya".
Levanté inmediatamente la vista y lo miré directo a sus gafas de sol. El chaval
seguía inmutable, como si estuviera ajeno a todo lo que pasaba seguramente por
los porros o la bebida. La miré de nuevo a ella y le susurré, "lo veo un
niñato gilipollas perdido y si se pasa le meto una hostia... pero si quieres
tratamos de cambiar de lugar". Ella me miró pero no me dijo nada más ni
hizo esfuerzo por cambiarse. Igualmente era casi imposible y todavía nos
quedaba un buen rato hasta Calella. El vagón olía a sexo, sudor y alcohol.
Para evadirme de la situación comencé a fantasear con el miembro del chico
rozando las nalgas de mi mujer abiertas por sus manos, que seguía sin poder ver
en aquel momento... Tengo que admitirlo, soy un cerdo celoso y machista.
Aquella situación de falta de intimidad y roce forzados me estaba poniendo
igual de cachondo que de celoso. El culo de la chica de atrás no parecía sufrir
con el contacto y aunque no lo podía tocar directamente me frotaba contra él
sin muchos miramientos mientras miraba a mi mujer.
El tren por fin reanudó su marcha, apretados como estábamos comenzamos a
balancearnos al ritmo del vagón. Poco a poco comencé a jugar con mis dedos en
la pierna de mi mujer, superando la minifalda y subiendo por la fina media
hasta su tanga. No me dijo nada pero si me miró molesta, o por lo menos
pretendía que su cara mostrara eso porque se estaba dejando sin luchar. Mis
caricias fueron cada vez más directas, comencé a recorrer con la punta de mis
dedos sus labios bajo el minúsculo trozo de encaje que los tapaba. En medio de
esa masa de gente era imposible que nadie se diera cuenta de lo que hacía...
Para ser sincero el pensar que podía acabar encontrando el miembro del chico al
dirigirme hacia el culo de mi mujer me excitó bastante... jo, jo, jo.
Ella me susurró ¿que hacés?". "¿Te gusta?" le pregunté.... "si,
pero...." me contestó.... "¿Y cómo de dura la tiene ya el chico?".
Ella me miró con los ojos abiertos de par en par, pensando que el chaval me habría
escuchado y sorprendida a su vez por lo liberal de mi pregunta... La volví a
mirar, esta vez con una sonrisa en mi cara, y le dije "si te gusta disfrútalo,
si te molesta le puedo pegar un apretón desde aqui"... "estas loco,
pasas de estar celoso a que te guste la situación en un momento".... "no
te voy a mentir, me pone, pero a ti también, y eso me calienta más....."
le contesté.
Mi mujer me miró como si yo fuera una causa perdida, sonrió afablemente
como solo ella sabe hacer y se relajó.... En ese momento mis dedos se pusieron
a explorar con mayor avidez, recorrían ya sus nalgas buscando el punto donde el
hilo de su tanguita tocaba su ano.... En uno de las sacudidas del tren pude por
fin deslizar la punta de mis dedos hasta él y con un movimiento rápido le
introduje uno.... pegó un bote de impresión y mi mano acabó tocando la
bragueta del chico que acto seguido comenzó a hincharse... Nos acojonamos los
tres.
Mi mujer y yo nos miramos sorprendidos y, acercándome, le susurre "te
juro que ha sido sin querer, ¿la tiene grande?", ella me respondió:
"la tiene enorme, y ahora mismo está entre mis nalgas....", ante esa
respuesta comencé a mover mi mano para intentar apartar el miembro de su culo....
Para mi sorpresa, ella comenzó a suspirar e imperceptiblemente comenzó a
balancearse hacia delante y hacia atrás, como ayudando al pene del chaval a
penetrarla. Lancé una mirada de desconcierto a mi mujer y al chico. Ella tenía un
semblante lascivo y a él le temblaban el labio superior. Cerré el puño que
tenía cerca de la cara del chico con gesto violento pero al final no hice nada...
Me quedé entre cachondo y alucinado. Ya estaba clarísimo que mi esposa se había
desmadrado en el viaje a Barcelona y allí nadie parecía darse cuenta de mis
cuernos... total si nadie nos conoce, para que sufrir más. Relájate y disfruta
Carlos...
En ese momento, el chaval que parecía estar saliendo de su mundo a toda
hostia con la impresión me miró fijamente desde sus gafas oscuras de pasta y yo
hice lo mismo con una pequeña sonrisa en mi cara mientras le bajaba la
cremallera y comencé a notar la humedad de sus calzoncillos. ¡Ahora te vas a
cagar cabrón! Alargué un poco más el brazo entre las piernas de mi chica y
liberé su polla con mi propia mano. Me sentí como un mamporrero maricón bajo la
atenta mirada de ella. Acto seguida, mi chica se bajó el panty y el juvenil
pene comenzó a mojar su culo con la lefa preseminal.
Disimuladamente empujé aún más el cuerpo de mi mujer hacia el chico, ella
lo agradeció con un suspiro y simplemente se recostó, tirando un poco su cabeza
hacia atrás contra en el torso de nuestro nuevo joven amigo. Inmediatamente sentí
como las manos del chaval tomaba a mi mujer por la cadera, trayéndola más hacia
delante y atrás. Él seguía mirándome embelesado a mi (hijoputa) y de vez en
cuando al escote de mi esposa para apreciar el nacimiento de sus hermosas tetas
que habían amamantado a dos hijas. Todo parecía coordinado, el tren seguía su
recorrido con sus balanceos, la masa de gente seguía compacta y ajena a nuestro
juego. Yo de vez en cuando bajaba la mano para notar el baile de los testículos
y la polla del chaval que ya penetraba con alegría el coño de mi esposa. Acto
seguido intentaba llevarme los dedos a la boca o la nariz para degustar y oler
los fluidos sin demasiada suerte. Mi puño cerrado ya se abrió relajado y comenzó
a acariciar el pelo del chaval como si se tratará de un perro. Estuve a punto
de meterle unos dedos en la boca pero al final le cogí por detrás el cuello
como si se tratara de un sobrino. No era cuestión de llamar más la atención. El
tren paró nuevamente y nosotros con él. Se me fue la mano hacia la cintura del
joven y le acabé de bajar todo el pantalón hasta los muslos para que follara al
reiniciar la marcha más a gusto. No tenía mucho bello. Intenté llegar hasta sus
nalgas pero mi brazo no llegaba. Mi mujer que lo notaba todo me miraba
alucinada. Hacía unas horas que casi le parto la cara a un tio por rozarla en
un pub abarrotado, a ello se debía todo el enfado y la vuelta anticipada a
Calella, y ahora la estaba ofreciendo a un crío sin contemplaciones...
Al salir de la estación de Mataró le susurré al oído, "tocalo, pasá tu
mano por tu coño y tocale el bulto....", ella me miró y me dijo que si con
la cabeza. El chaval que me había escuchado, soltó una de sus manos de la
cadera de mi mujer y tomó despacio la mano de ella llevándola hacia su polla. Apenas
se podía adivinar lo que hacían por lo poco que se veía, pero notaba la mirada excitada
de ella. Decidí yo también meter la mano porque estaba en mi derecho.
Mi erección era inaguantable a esas alturas, busque soporte en el culo duro
de la chica de atrás y apoyé mi polla donde pude en el cuerpo de mi mujer
mientras el chico seguía tocándola con total desparpajo, ella suspiraba, lo más
bajo posible pero suspiraba, el chaval seguía mirándome fijo mientras le besaba
disimuladamente la nuca y el pómulo.... definitivamente los tres estábamos
pasándola muy bien, nuestro viaje pasó de una tortura a una fantasía bisexual
con todas las de la ley... En aquel momento quería llegar de una vez a Calella
y llevármelos a los dos al hotel para follármelos. Me moría de ganas por
ponerlos uno sobre la otra, culo en pompa para sodomizarlos alternativamente. ¡Huuummm!
¡Me los comería, me los comería! ¡Ooohh!
¡Pero!... Joder, me estaba dejando llevar por la pasión y el morbo sin
darme cuenta que en Mataró se había bajado bastante gente y que la chica de
atrás colaboraba en mi vaivén para cachondeo de ella y de sus amigas. Sus caras
lascivas y adolescente las podía ver reflejadas en las putas gafas de sol del
chico...¿pero que les pasa a las tías en Barcelona?... Ya estoy deseando llegar a Calella.
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