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Mi mujer ya ha llegado a los cuarenta y ha
pasado dos embarazos pero mantiene un cuerpo bastante bien formado que me sigue
enamorando. De verdad que no aparenta la edad que tiene y a cualquiera al que
le pregunto, sin conocerla, responde
siempre menos años de los que tiene realmente. Esto nos hace sentir bien a ella
y a mi, cuarentón feiz y papi de primera.
Tengo muchas fantasías sexuales, pero
útimamente me excita imaginarme con otros hombres. Soy hetero y me considero normal, a muchos otros les pasa
como a mi. Me gusta lo que me gusta y punto.
La lectura de relatos eróticos en internet despertaron mis fantasías de
realizar intercambios de parejas, tríos y todo aquello que pueda servir para
disfrutar del sexo con mi mujer. Gracias a ellos provoqué una situación que nos
ha satisfecho plenamente como pareja moderna y sana. Que es lo que somos...
Durante el relato a mi mujer la llamaré María,
yo me haré pasar por Alberto y la tercera persona Ernesto, nuestro amigo de
muchos años que por cosas de la vida se ha quedado para vestir santos todo y
estar muy bien hecho.
Todo empezó una noche en la que María y yo
estábamos en la cama, una noche de verano en una casa rural que habíamos
alquilado para el fin de semana. La habitación estaba en la buardilla y un gran
ventanal nos permitía ver las estrellas. Alucinante. Las niñas quedaron con los
abuelos. Nadie a kilómetros a la redonda en un paraje natural.
Sin mediar palabra mirábamos al cielo desnudos
y fumados mientras mi mente se disparaba hacia el sexo, provocándome una
excitación agradable. María al ver mi pene erecto, comenzó a acariciarlo como
solo ella sabe hacerlo para hacerme disfrutar.
Las caricias y besos fueron los protagonistas
de ese momento tan mágico para los dos. No había prisa por nada, ni por empezar
ni por terminar por lo que el preludio podía tener toda la duración que nos
apeteciera y así lo llevamos a cabo.
Le provoqué a María el primer orgasmo. El
segundo. Al tercero y cuando estaba llegando a lo más alto de su clímax, empecé
a musitar al oído insinuaciones dirigidas a Ernesto.
- ¿Te gustaría que Ernesto estuviera aquí
ahora? ¿Te gustaría que te viera así conmigo? ¿Te gustaría que nos estuviera
espiando?
- Tonto... Si, me gustaría. - Contestaba
melosamente a cada pregunta que le decía mientras intentaba alcanzar el
siguiente orgasmo.
- Piensa en él. Piensa que es él quien te está
tocando....., que es él quien te acaricia....., que es él quien te besa....... Estás
desnuda a su lado, está mirando tu cuerpo sin ropa......, te toca los pechos......, te
acaricia los muslos......
Mientras le susurraba estos comentarios
alcanzó un orgasmo que nunca antes había visto. El porro y el cava la alejaron
de su habitual castidad y rectitud en todo lo que hace. Como buena madre de
familia que es.
Conseguí el primer objetivo, que no era otro
que pensara en otro hombre que no fuera yo durante el acto sexual. Además,
tratándose de nuestro amigo, la situación me excitaba a mí también. Nadie puede
controlar los pensamientos de las parejas cuando están haciendo el amor, solo
la confianza mutua permitirá conocer las fantasías de los compañeros y eso es
precisamente lo que pretendía, conocer las de mi mujer y saber si sería capaz
de cumplir con alguna de ellas. Aquella no le pareció una guarrada de su
maridito, como de costumbre.
Cuando terminamos le pregunté.
- ¿Has pensado de verdad en Ernesto?
- Si, pero solo ha sido una fantasía. Contestó.
Ya sabemos lo celoso que eres...
- Ya lo sé, pero hoy estamos hablando sin
tabús. Cuando lo hemos hecho en otras ocasiones, ¿también has pensado en él o
en otros?
- Si, pero no les veo la cara, solo es un
cuerpo y procuro pensar solo en ti.
- No me importa que pienses en otros, me
excita mucho y me gusta, habrá que repetirlo.
- ¿De verdad que te gusta?. Me preguntó algo
extrañada. En alguna ocasión me había puesto muy pesado con el tema y eso nos
había valido una temporada de morros.
- Si, me gusta mucho y además que pienses en
Ernesto me agrada mucho más, es nuestro amigo y me he dado cuenta que te gusta
bastante.
- Me cae muy bien y es muy discreto, me mira
con unos ojitos muy simpáticos.
- ¿Te gustaría acostarte con él?
- A tanto no se si sería capaz, y tampoco
tengo claro que tú fueras capaz de soportar tanto atrevimiento con un conocido.
- Estoy seguro que lo aguantaría, me gustaría
que ocurriera.
- ¿Quieres que me acueste con él? Ja, ja, ja!!
- Si, ¿Por qué no? Podría ser algo bueno para
nuestra relación, he leído comentarios en internet y la mayoría de las parejas
que practican el intercambio y los tríos, dicen que les ha unido mucho más en
su relación. Romper a rutina...
- Se te escapa algo. ¿Has considerado la
posibilidad que Ernesto se quiera acostar conmigo?
- Si y creo que él lo está deseando casi tanto
como tú.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro?
- Porque se lo noto y tú también te has dado
cuenta, pero quieres hacerte la dura, te conozco bien.
- Ya te he dicho que no me importaría, pero
sigo insistiendo que dudo que tú fueras capaz de aguantar verme en la cama con
él. Locuelo fumado!!
- ¿Quieres que provoquemos la situación? No
hace falta decírselo directamente, simplemente provocamos un encuentro y lo
intentamos. No planeamos nada, solamente buscamos el momento adecuado y dejamos
que la situación se torne hacia donde queremos.
- No se si tendré valor para hacerlo, pero
podemos intentarlo. Ja, ja, ja!!
- Llegado el momento, si vemos que no nos
atrevemos, lo dejamos y no pasa nada.
- ¿Cómo lo vamos a hacer? Podíamos venirnos
aquí los tres, estaríamos tranquilos sin que nadie nos molestara.
- Es buena idea. Si quieres lo preparamos para
el fin de semana que viene.
- Vale, ya veremos si me decido a hacerlo o
no.
Dicho esto, se abrazó a mí y nos quedamos
dormidos. Por la mañana, ella se levantó antes que yo y cuando bajé al salón,
estaba sentada en el sofá con el desayuno viendo la televisión. No le dió
importancia a lo hablado bajo los efectos de la bebida y el porrete.
Pasamos el resto del fin de semana haciendo el
amor, fumando, susurrándonos al oído fantasías sexuales con Ernesto y con otras
personas. Resultó muy excitante, ambos disfrutamos como nunca antes lo habíamos
hecho y nos gustó mucho, tanto que cada vez que hacíamos el amor practicábamos
este ritual.
Yo veía a Ernesto todos los días en el
gimnasio. Desde el fin de semana que hablé con mi mujer sobre sexo con él, le
miraba de otra manera. Creo que él a mi también lo hacía. En la ducha me fijé
que me miraba de arriba abajo, como examinándome, algo que se quedó en mi
mente, sin embargo no le di demasiada importancia.
Cuando nos estábamos vistiendo, le propuse
venir con María y conmigo a la casa rural un fin de semana. Accedió muy gustoso
y me comentó que hasta principios de julio no podría por motivos de trabajo.
Los días pasaron y por fin pudimos llegar a un
acuerdo, el segundo fin de semana de julio iríamos los tres juntos a una casa
rural cerca de Ciudad Rodrigo. Me encargué de reservar esa vivienda para los
dos días.
El viernes por la tarde María, Ernesto y yo
tomamos la carretera camino de la aventura. Mi mujer había organizado toda la
logística (comida, juegos de mesa, una guitarra...) y yo iba pensando constantemente como íbamos a
provocar la situación de poder estar los tres en la cama, pero no se me ocurría
nada hasta ese momento.
Llegamos a nuestro destino. Nos sentamos a
tomar algo fresco mientras veíamos la televisión y charlábamos de temas
triviales.
Empezaba a anochecer y decidimos acercarnos al
pueblo para cenar y tomar unas copas. Alrededor de las 2 de la madrugada
volvimos a casa con un resacón de
chupitos caseros. Ernesto se metió en su habitación y nosotros en la de
matrimonio.
-Creo que me voy a lanzar.- Me dijo María
medio en broma.
- Me darías una gran alegría. ¿Quieres que
esté presente o me voy a dar una vuelta?- le pregunté esta vez totalmente en
serio.
- Anda!!, lo dices de verdad. Vale!!. Para
empezar, prefiero estar a solas con él si a ti no te importa, después cuando
decidamos hacer algo, si es que ocurre, prefiero que estés presente.
- De acuerdo, me iré a comprar el pan para
dejaros solos. Ya me contarás, solo de pensarlo me excito.
- Venga!!, haber cuanto aguantas cariño.
Dicho esto, comenzó a tocarme, empezó a
masturbarme con la delicadeza de siempre. Le quité la camiseta y le bajé las
bragas dejándola desnuda. Ella hizo conmigo lo mismo cuando mas dura la tenía.
Se sentó encima de mí para meterse mi erecto miembro entre sus piernas. Nos
movíamos con la agilidad de siempre todo y los chupitos. Ella estaba de
espaldas a la puerta que habíamos dejado abierta y pude ver a Ernesto que
miraba disimuladamente desde el otro lado del pasillo. Glups!! La estaba viendo
desnuda, aunque fuera de espaldas, contemplando su trasero moviéndose de arriba
abajo. Esa situación me excitó de tal manera que hizo que me corriera dentro de
ella. Joder!! Me había leído la mente...
Ernesto se retiró hacia su habitación. Al cabo
de unos minutos me levanté y con la excusa de ir al baño, me acerqué hasta la
habitación de nuestro amigo. Estaba sentado sobre la cama con los ojos cerrados
masturbándose. La puerta estratégicamente abierta. Cabronzuelo.
No se como pudo ocurrir, ni se porqué razón mi
pene volvió a crecer al verle haciendo lo que yo hacía en otras ocasiones.
Quizás por pensar que había visto a mi mujer desnuda y ahora estaba
masturbándose pensando en ella, provocó en mí esa erección.
Volví a mi habitación. María estaba tumbada
boca arriba, desnuda y dormida. Me acosté a su lado, cerré los ojos pensando en
aquella situación y me quedé dormido.
Por la mañana, fui el primero en levantarme e
ir a la cocina para preparar el desayuno para los tres. Café con leche,
tostadas y algo de bollería que habíamos comprado la tarde anterior.
Me acerqué para ver si María estaba despierta
y llevarle el desayuno a la cama, pero aún seguía dormida. Tumbada del lado
derecho hacia la ventana con su pierna izquierda doblada sobre la otra, se le
veía su precioso trasero desnudo. Su brazo izquierdo tapaba su pecho. Me quedé
mirándola como si fuera un adolescente.
Volví a la cocina para tomarme el café con
algún bollo y veo a Ernesto salir de su habitación. Se detiene en la puerta de
mi dormitorio y se queda mirándola durante unos segundos. Al reiniciar su
camino hacia donde me encontraba, me oculté para que no se diera cuenta que le
había visto mirarla.
Fuimos al salón a desayunar y enseguida llegó
María con una taza de café en la mano y una tostada en la otra. Nos quedamos
boquiabiertos al verla con una camiseta que apenas le llegaba a los muslos,
casi transparente que permitía adivinar la minúscula ropa interior negra que
había debajo . Nos saludó sonrrojada y se sentó frente a mí al lado de nuestro
amigo.
Para romper el corte inicial, y cuando Ernesto
no miraba, María abría las piernas para mostrarme sus encantos sexuales acompañado
de una sonrisa, provocativa, insinuante, casi infantil y cómplice. Eso a mi me
ponía a 100. Me gustaba ese juego y su voluntad por hacer amena la situación.
Ernesto intuía lo que estaba ocurriendo y se
daba cuenta de nuestro juego, sobre todo al apreciar entre mis piernas un bulto
provocado por mi mujer. No solo era María la que me miraba entre las piernas,
también lo hacía él y por segunda vez me di cuenta que su mirada era algo
diferente de como yo le había visto tiempo atrás, pero seguía sin darle
importancia. Parecíamos tres desconocidos tonteando por primera vez en un piso
de estudiantes.
María se levantó del sillón agachándose hacia
la mesa para tomar la bandeja y llevarla a la cocina. Los ojos de nuestro amigo
no pudieron evitar mirar sus piernas y me atrevería a decir que su trasero.
Me fui a la cocina acompañándola.
- ¿Has visto que paquete se le ha puesto
cuando he llegado al salón?- Me dijo sonriente.
- No, de lo que me he dado cuenta es del
paquete que me has puesto a mí. Me voy a vestir y me voy a ir a por el pan como
dijimos ayer. ¿Te lo vas a llevar a la cama ya?
- Noooo!! , eso solo lo haría contigo delante.
Estás loco!!. ¿Realmente crees que llegaremos a eso?
- Yo si cariño y espero que me sigas ayudando.
De acuerdo, me marcho entonces y os dejo solos. No hagas nada que no quieras
hacer sola pero calientalo un poco ¿no?.
Me fui a la habitación para vestirme
siguiéndome Ernesto. Entré en mi cuarto y él conmigo. Me preguntó si me iba a
alguna parte y le comenté que iba a comprar algo para la comida ofreciéndose a
acompañarme. Un cacho de pan como mi mujer...
Insistí en que se quedara hasta convencerle.
Cuando me despedí de ambos, María me comentó que se daría una ducha para que
cuando volviera pudiéramos ir a dar una vuelta por el río.
Después de hacer las compras regresé
transcurrida media hora. Los dos estaban sentados en el sofá viendo la
televisión. María estaba tumbada con la cabeza apoyada en las piernas de
nuestro amigo. Él tenía el brazo derecho rodeando su cuello con la mano
reposando en el hombro. Como dos
hermanos, no como dos amantes. Mi mujer se había puesto una camiseta de
tirantes, de las de baloncesto, amplia, sin ropa interior, mostrándole sus
muslos casi desde el principio. Si se hubiese subido un poco más la camiseta la
estaría viendo todo su vello de la entrepierna o sus preciosos labios
carnosos...
Ernesto se levantó al verme y se fue a la
ducha sonrrojado como un adolescente que hubiera hecho una trastada a su padre,
momento que aproveché para preguntar a María...
- ¡Cuéntame! ¿Qué ha pasado?.¿Lo has
calentado... No quiere nada?
- Al contrario. Ha sido maravilloso, nos hemos
sincerado sin tabús como imaginamos la otra noche. Nada más marcharte me he
metido en la ducha y así se lo hice saber a él. Entré en el aseo dejando la
puerta abierta y di el agua de la ducha. Eché las cortinas, ya has visto que
son transparentes y me refresqué durante bastante tiempo. Vi a través de las
cortinas que se había acercado a la puerta y miraba como me enjabonaba y me
tocaba (huumm!!). Cuando terminé, él se había ido rápidamente a su habitación.
Estaba sobre la cama desnudo con un libro. Yo llevaba la toalla pequeña
rodeando mi cuerpo para evitar mojar el suelo y tapar lo justo. Estuvimos
hablando un rato. Buscaba con su mirada mi desnudez y yo me ponía con posturas
que le permitieran verme algo. Me decidí. Pasé mi mano por detrás de su cabeza
y el me tomó de la cintura, en esa postura seguimos hablando mientras que él,
empezó a... buscarme el coño por debajo de la camiseta... Metió su mano muy
timidamente y yo le comenzé a explicar lo de nuestro (tú) sueño . Entonces me incliné hacia su
cara y le besé en la boca, respondió muy bien como tú esperabas, y nuestras
lenguas comenzaron a jugar. Eso fue todo lo que ocurrió. Lo hecho todo por ti
mi amor... Luego decidímos esperarte sin llegar a más hasta que te oímos llegar
con el coche.
- Al menos hemos dado el primer paso, él no te
rechaza y a ti te ha gustado (glups!!). Ahora tenemos que ponerlo a punto de
caramelo. ¿Se te ocurre algo?
- Antes de hacer nada, deberías hablar con él.
Cuando nos estábamos besando me dijo que tenía miedo de perder vuestra amistad,
deberías decirle algo.
- Vale, voy al baño y le comento algo.
La puerta del aseo se encontraba cerrada,
llamé y me permitió el paso. Estaba aún bajo el agua a punto de terminar.
Cuando cerró el grifo corrió las cortinas y tomando la toalla para secarse le
comenté lo que me había dicho María. Intentó disculparse a la vez que
justificaba que las cosas transcurrieron por sí solas y que todo había sido
culpa de él, disculpando a mi mujer de todo lo ocurrido.
Cuando le comenté que no me había importando,
le noté más relajado y cuando le volví a explicar lo de mi fantasía no supo que
decir manteniéndose en silencio ante mis palabras. Decidí ducharme con él y
mantener la conversación a la vez que pensaba en la fórmula para meterle en la
cama con mi mujer. Yo estaba a un punto de lanzarme sobre él y su hermosa poya.
Lo notó y salió de la ducha erecto. Se puso la toalla alrededor de la cintura y
salió del baño. María estaba en la puerta esperándole y se lo llevó hacia el
salón, donde había preparado unos refrescos para los tres.
Salí despacio, la puerta se había quedado
abierta y me permitía acercarme hasta donde estaban sin que se percataran de mi
presencia. Desde la puerta pude verles sentados muy cerca el uno del otro.
María tenía puesto su brazo alrededor del cuello de Ernesto, mientras él
rodeaba su cintura acercándola hacia sí. La toalla estaba por el suelo y María
comenzó a masturbar su preciosa verga.
Me senté al lado de mi mujer dejándola en
medio de los dos. Metí mi mano por debajo de su camiseta, me excitaba a tal
extremo que mi respiración se volvió un jadeo...
La
televisión no daba nada interesante en ese momento pero mientras nos tocábamos
la veíamos como zombies. Llegó un momento en que los tres jadeámos.
Extendí mi mano hacia la poya de Ernesto. Mi
mujer continuó también con sus caricias mirando encantada. A dos manos con el instrumento de nuestro
amigo. Ernesto pasó su mano por la nuca de mi mujer y la acercó hasta su cara
para besarla en la boca. Se aferró a el
pecho de Maria.
Empezaba el espectáculo que habíamos buscado
durante mucho tiempo y por fin se estaba haciendo realidad. Mi poya palpitaba y
comencé a notar que mi culo se hacía agua como cuando veía porno gay con María.
Ernesto tomó la iniciativa colocando a mi
mujer encima de él dándole la libertad de poder tocarla por donde más le
apetecía. Tuve que retirar mi mano de su poya pero me acerqué más ellos para no
perderme detalle de todos sus toqueteos, besos y caricias. Aquello era bello y
cachondo a la vez. Parecían dos actores porno profesionales en los prelúdios de
una peli X. Joder!!
Les propuse ir a la habitación y allí fuimos.
María se tumbó en la cama boca arriba subiendo los brazos por encima de la
cabeza, dándonos libertad para hacer lo que quisiéramos. Nosotros nos postramos
a ambos lados para recorrer todo su cuerpo desnudo con los dedos, con la lengua,
la verga....
Ernesto se colocó entre las piernas de Maria
separando delicadamente sus grandes y carnosos labios vaginales y empezó a
pasar su lengua por la apertura que había dejado, buscando el clítoris con
lentitud. Cuando se estremecía, la lengua aumentaba la velocidad de la caricia
haciendo que María se moviera de placer. Aumentaba el ritmo de su respiración y
emitía gemidos de placer a medida que su nuevo amante la acariciaba. La cara de
mi mujer parecía otra durante el jugueteo, se le incharon la venas y su cuello
parecía más ancho. Estaba en tensión del gustarro...
Me mantenía al margen. Solo quería ver a María
disfrutar. Verla desnuda con otro, me producía tanto placer que no quería que
aquel momento se acabara nunca. Pero quería ver más. Quería ver como el
miembro, tremendamente erecto y duro de Ernesto, entraba en lo más profundo
acompañado por mi mano.
Cuando María alcanzó el primer orgasmo, se
levantó, tumbó a Ernesto y abriendo las piernas se sentó a horcajadas encima.
Movía la cadera de adelante para atrás frotando su clítoris con el pene. La
excitación de María era tan grande que enseguida encontró el segundo orgasmo.
Aquella no era mi mujer, era una bestia sexual como nunca la había visto antes.
Ella agarró el pene y se lo llevó hasta su
entrepierna buscando la entrada que no le costó encontrar y poco a poco se la
fue metiendo hasta el fondo con mi ayuda. Estaba haciendo de mamporrero de mi
mujer... María movía su trasero a un ritmo cada vez mayor. Se levantaba para
sacársela y volvía a sentarse para que entrara hasta el final. Una y otra vez,
cada vez más rápido.
Me encanto ver la expresión de placer que en
su cara se estaba dibujando. Ernesto con sus manos en los pechos tocándolos y
agarrándolos como si se fueran a escapar, me seguía provocando. María se agachó
para besar en la boca a Ernesto sin dejar el ritmo de su trasero.
Mi amigo se llevó hasta su su boca los pezones
para comérselos y lamerlos. Me lanzó una mirada de vicio. Entonces me subí a la
cama, abrí mis piernas para colocarme encima de Ernesto llevando mi pene hasta
la boca de mi mujer... quería que se la tragara hasta la garganta, mi querida,
mi puta...
Me sorprendió que mientras estábamos en esa
postura, Ernesto comenzó a acariciarme los testículos. Como buenamente pudo en
aquel lío, levantó la cabeza de la almohada y comenzó a chuparlos con cuidado.
Notaba un nuevo orgasmo de María en sus
gemidos ante la comida de mis bajos y se tumbó cansada encima de Ernesto
abrazándole con cariño y haciendole abandonar mis cojones. Todo pareció
terminar con aquello.
Pero yo quería más. Me coloqué detrás de ella
sin que se sacara el miembro aun erecto nuestro amigo y humedecí el agujero de
su trasero con la lengua durante algunos segundos. Luego llevé mi pene hacia la
cavidad anal para intentar meterla. Pero me rechazó.
María se levantó la primera para ir al aseo y
darse otra ducha más. Nosotros nos quedamos acostados y con erección. Ernesto
me pidió permiso para tocarme. Aliviado no le puse impedimento alguno. Todavía estaba un poco mosca por la negativa a
la sodomía de mi mujer.
Nunca había tenido relaciones sexuales con un
hombre pero la situación me pareció casi familiar por el prono. Él fue
directamente a mi miembro erecto para masturbarme con las manos y poco a poco
fue acercándose hasta metérsela en la boca y proporcionarme una mamada
impresionante. De peli porno. Los dos alucinábamos. Tal era mi excitación que
agarré su erecto miembro para acariciarlo y sentir lo que sienten las mujeres
al tocar un pene hermoso. Noté como mi culo se corría de gusto. Joder!!
No me disgustó y seguí acariciándolo con
cuidado como una putilla. Y llegó el 69...
Ernesto coloca sus piernas alrededor de mi
cabeza dirigiendo su miembro hacia mi boca. Al principio me sentí violentado,
pero la curiosidad por conocer esta faceta sexual, hizo que le permitiera
metérmela. Huuummm que rica por dios!! Me agarró con fuerza del pelo mientras
intentaba meterla toda en mi mojigata boca.
Estábamos tan excitados que no nos dimos
cuenta de la presencia de mi mujer en la puerta de la habitación contemplando
nuestro glorioso 69. Pero no se molestó de vernos con ese comportamiento, más
bien quiso participar. Levantó mis piernas para que las colocara por detrás de
los brazos de Ernesto y mientras él seguía con mi pene en la boca, María pasaba
su lengua por el agujero de mi trasero y tras humedecerlo abundantemente,
empezó a meterme un dedo, dos... Los dos se concentraron en mi ano virginal...
Aquello me estaba gustando de tal manera que
no me dio tiempo de advertir que mi amigo se iba a correr, expulsando todo su
semen dentro de mi boca. Pero él ni se inmutó, se limitó a seguir masturbándome
hasta que acabé derrotado por aquellas lenguas. Mi semen inundó la cara de
Ernesto que volvía a ponerse morcillón. Mi mujer decidió hacer unas fotos con
su móvil de su maridito putilla todo lleno de leche y de mi culito virgen y
dilatado. Ernesto sintió pena y me cogió como a una nena de la cintura hasta
llevarme junto a su poya, escupío y torpemente comenzó a meter la puntita. Mi
mujer ayudó derramandome algo de gel. Noté la dilatación y una nueva embestida,
media poya en mi culo. Mi mujer se puso delante mío y me abofeteó como había
visto en una de mis pelis de internet. La escena era la misma y le pareció
apropiado continuar la recreación. Me escupió y me agarró de la cara con cara
de desprecio. Comenzé a jadear como una adolescente. Noté todo mi culo relleno
por la verga de mi amigo. Ernesto y María comenzaron a besarse apasionadamente
mientras me sodomizaban. Al verme correr y dar un grito algo afeminado se
rieron. Ernesto me depositó sobre la cama. Yo estaba temblando de placer y
esperaba más candela. Los dos se fundieron en un abrazo apasionado. Mi mujer
decidió acabar de consolarme introduciendo el dedo gordo de su pie en mi culo.
No tardó en trabajarmelo y yo en volver a correrme. En ese momento me sentí
como la segunda hembra del trío...
Ninguno hablamos de lo ocurrido, pero se podía
ver la cara de satisfacción en todos.
Nos fuimos al pueblo a cenar y tomar unas
copas. Yo quedé en segundo plano, callado y digiriendo todo lo pasado. Ellos
mantuvieron la iniciativa de la conversación en la cena, pletóricos. Regresamos
sobre las 3 de la mañana. Nada más llegar, María se metió en la habitación para
desprenderse de toda la ropa para quedarse desnuda. Después se acercó hasta el
salón para sentarse con nosotros. Al verla así, nosotros decidimos hacer lo
mismo y dejando la ropa encima de la cama la acompañamos.
Me gustaba estar con ella y con Ernesto
desnudos. Tras charlar durante unos minutos, decidimos irnos a la cama a
dormir, estábamos cansados y necesitábamos acostarnos. María se metió en
nuestra habitación tumbándose en la cama, Ernesto se dirigía hacia la suya
cuando le llamé la atención y le propuse que se acostara con ella, que durmiera
con mi mujer y yo lo haría en su cama.
Al principio desestimó mi propuesta, pero ante
mi insistencia aceptó gustoso mi invitación. Me dió un cachete en el culo y
pasó levemente su dedo por mi ano en agradecimento. Quise vigilarles durante un
tiempo para ver si volvían a hacer algo, pero el cansancio era demasiado grande
como para otra sesión de sexo. Volví a mi cama moviendo el culo como una Milf
en tacones y dormí como un crío.
Por la mañana me desperté antes que ninguno y
lo primero que hice fue asomarme a la habitación y mirar a mi mujer con mi
amigo. Estaban dormidos aun. Ernesto tenía su brazo por debajo del cuello de
María que apoyaba su cabeza sobre el hombro, su pierna encima de la cintura de
Ernesto y el brazo rodeando su pecho. Ambos desnudos me parecía una fotografía
espectacularmente bella y excitante.
Me preparé un apetitoso desayuno y me senté en
el salón frente a la televisión para ver las noticias.
Al cabo de unos minutos apareció mi mujer,
desnuda, seguida de nuestro amigo también sin ropa. Habíamos vivido una
experiencia maravillosa, estábamos encantados de haber disfrutado de una velada
llena de amor y sexo. En mi mente solo estaba presente volver a repetir la
aventura, no se cuando pasaría, pero estaba deseando que volviera a ocurrir.
Habían pasado varias semanas desde aquel
encuentro y mi mente recordaba cada detalle la experiencia y deseaba volver a
mi mujer desnuda frente a nuestro amigo, volver a ver como le tocaba los
pechos, volver a ver como hacían el amor, volver a ver como dormían juntos sin
ropa. Esos recuerdos me excitaban de tal manera que producían en mí una
erección y no me quedaba más remedio que masturbarme pensando en ello.
Me encanta que mi mujer esté desnuda y que la
miren, por eso vamos a playas nudistas de poca afluencia de gente, pero que la
vean desnuda. Una o dos veces al mes vamos con Ernesto a un motel de las
afueras y nos pone mirando a Cuenca. Estoy pensando en que la próxima vez iré
vestido como secretaria cuarentona...
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