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    from yahoo

    No creo que pueda calificarse de racista una mujer por el sólo hecho de no sentirse atraída alguien de color. Todo el mundo es libre de sentir lo que siente y de hacer el amor a quien quiera, no ha de haber discusión sobre esto. Sin embargo, hay que tener también en cuenta que podemos ser víctimas de prejuicios ancestrales que condicionan nuestra elección. 

    Si una mujer blanca se niega a sí misma siquiera la posibilidad de sentirse atraída por un hombre negro, tal vez no esté siendo ni justa ni inteligente. Y puede que cuando surja la posibilidad de intimar con uno, lo rechace automáticamente sin más. 

    También es cierto que hay estereotipos positivos respecto a los negros: el tamaño de sus miembros, su mayor potencia sexual, etc. Pero esto que llena nuestras fantasías, por qué no reconocerlo, también puede ser perjudicial, porque da la impresión de que sólo las mujeres más lanzadas o más desesperadas se entregarán a hombres de color. 

    Y no es así. Creo que cualquier mujer blanca ha de tener muy presente la posibilidad de entregarse a un hombre negro, no porque tenga que ser necesariamente el mejor amante que haya conocido, sino simplemente porque ellos están ahí, circulando por las mismas calles de la misma ciudad, y la mayoría de ellos son capaces y están deseosos de relacionarse con una mujer blanca. 

    El tópico del negro bien dotado y gran amante puede cumplirse o no, mejor que sí por supuesto, pero no solemos pensar en tópicos cuando nos enamoramos. 

    Sea como sea, vale la pena enamorarse de alguien diferente. En cualquier caso, lo que hay que tener claro es que la mujer blanca no ha de sentirse obligada a relacionarse sólo con hombres blancos. Nos hemos liberado de los prejuicios de clase, y nadie cree que debe estar sólo con personas de su misma condición. También de los prejuicios de origen geográfico, y para todos conocer a alguien extranjero no es nada excepcional. Ahora hemos de acabar de liberarnos también de los prejuicios de raza. 

    Creo que es algo bueno que una chica blanca haga el amor con un inmigrante africano, superando las barreras culturales, idiomáticas y económicas, y también que una mujer casada, insatisfecha de su marido blanco, se sienta seducida por un amante negro que le proporcionará orgasmos como los que nunca ha conocido. 

    Los hombres blancos que se vean rechazados van a sufrir, pero tendrán que resignarse porque es inevitable que así sea. Las mujeres tienen derecho a buscar la felicidad con quien les apetezca, y esto puede significar en muchos casos abrirse a hombres muy distintos de color de piel y de costumbres. 

    Desde luego, estas relaciones no están exentas de problemas, pero vale la pena intentar superarlos. Las mujeres blancas que no se sientan atraídas por hombres negros no deben tener ningún temor a ser acusadas de racistas, por supuesto, pero deberían pensar también si no hay algún racismo latente en su actitud restrictiva. 

    Si creen que lo hay, por leve que sea, deberían combatirlo. Y comentarlo abiertamente sin miedo. Si llega a oídos de un hombre de color, sin duda se mostrará más comprensivo que un blanco. 

    Si a mí me resultara incómoda o desagradable la idea de estar con un negro, me gustaría compartirlo y lo haría sin ningún temor con alguno de ellos. Porque ellos, los hombres negros, saben mejor que nadie que su enemigo ha sido siempre el hombre blanco, no la mujer blanca. 

    Nuestra civilización blanca, por supuesto, está compuesta por hombres y por mujeres, pero la ordenación y el poder han estado en manos de los hombres hasta hace muy poco, y han sido los hombres los que han impedido con sus prohibiciones las relaciones entre mujeres blancas y hombres negros y las han envuelto de miedo y prejuicios. 

    No así en el caso inverso, porque aunque las relaciones interraciales puedan haber estado fuera de la ley, de hecho los hombres blancos siempre han tomado las mujeres de otras razas que han querido. Los que eran partidarios de la esclavitud, del apartheid, de la segregación anunciaban el apocalipsis si se abolían. Bien, se han abolido, y no hace tanto tiempo. Lo que ha pasado y va a seguir pasando es que hombres y mujeres se relacionan sin ningún impedimento legal, pero no sin tener que luchar contra los prejuicios que aún existen. Algunas mujeres, aún la mayoría por desgracia, se dejan vencer por esos prejuicios; a otras, nos estimulan. 

    Por supuesto, una no hace el amor con una raza sino con un individuo concreto; pero, lo digo abiertamente: hacer el amor con un negro proporciona también el placer de hacer un acto contra el racismo. E incluso el de vencer el temor infundado a mantener relaciones con miembros de otras razas que aún pudiera quedar en nuestra mente. 

    La organización Femen pidió a las mujeres francesas que hicieran el amor con la mayor cantidad posible de extranjeros, para desacreditar las orientaciones políticas contrarias a la inmigración. Concretamente las invitaban “a besar, chupar, hacerse lamer, excitarse, meterse dedos, mamar, follar a tantos extranjeros como puedan antes de las elecciones europeas”. Uf, desde luego, ¡muy excitante! Su eslogan es: FOREIGNERS F U C K BETTER ! — algo que parece indiscutible hablando en términos generales. 

    Yo creo que no hay que meter la política en nuestra vida privada, pero si algunas mujeres francesas blancas se sintieron estimuladas a entregarse a hombres africanos negros, que es al fin y al cabo la relación que despierta más temores, me parece estupendo. 

    Nunca lo haría para criticar al gobierno pero hay que reconocer que es una buena manera de llevar la contraria. Pero lo último que hay que hacer es introducir cuotas en nuestra vida sexual: si mi último amante era blanco, ahora toca uno negro, o al revés. Nada de eso. Sólo quiero llamar la atención a las mujeres que no se sientan atraídas por hombres de color para que sean sinceras consigo mismas y, sin forzar demasiado sus inclinaciones, se planteen sinceramente si aún tienen prejuicios que vencer. 

    Creo que superar nuestros miedos, olvidar nuestros complejos y saber prescindir de nuestra arrogancia blanca (que no es tan propia de nosotras las mujeres blancas como impuesta históricamente por los hombres blancos) supone para todos un enriquecimiento.


     
      Posted on : Apr 20, 2017
     

     
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