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Carmen es amiga desde el colegio, fue la primera de la pandilla a la que con quince años besó un chico y la que nos explicó al resto de amigas lo que se sentÃa cuand un chico te tocaba los pechos. Se marchó a estudiar fuera, después de trabajar como esteticienne en el Corte Inglés en Barcelona regresó a la ciudad y se instaló por su cuenta.. Poco espués, mediados los cuarenta se casó con rafa, un divorciado muy atractivo con el que todas las de la pandilla habÃamos deseado salir a los quince años. A su regreso volvimos a conectar como si nunca se hubiera ido; Carmen era o es muy natural conversando y no tardó en hablar de sus aventuras en Barcelona e incluso de sus relaciones con Rafa.
Era una de sus clientas y una vez al mes o mes y medio acudÃa a su salón para una limpieza de cara. AllÃ, sobre una camilla y sus manos masajeando mi cara escuchaba alguna de sus aventuras en Barcelona e incluso actuales- TodavÃa no habÃamos hablado de su vida actual con Rafa.
Tardé en visitarla después de divorciarme y mi primera visita fué pacos dÃas después de mi segundo desastroso fin de semana en Madrid. Carmen no sabÃa de mis escapadas, no preguntaba, y contaba sus cosas quizá para aliviar un poco mi supuesto malestar tras el divorcio.  Sin saber nada de mis escapadas a Madrid en busca de sexo me animaba a "echar una cana al aire" y buscar un amigo que me "arreglara el cuerpo" y se ponÃa a ella misma como ejemplo. Se ofreció a presentarme a alguno de los comerciales de productos de belleza que la visitaban de tiempo en tiempo: "TÃos buenos, jóvnes, buenos en la cama y que no dan problemas porque sólo vienen por aquà un dÃa cada dos meses", eran sus palabras.
Con la conversación y siendo la última clienta del dÃa ninguna tenÃamos prisa. Aprovechamos para depilarme axilas e ingles y finalmente también se decidió por mi vello púbico.
Di un ligero respingo cuando sus dedos rozaron mi vulba, algo accidental, pensé, pero segundos después se repitió otra vez y la tercera sus dedos se quedarion acariciando suavemente mi "pepita".
¿Qué haces? pregunté. Carmen no respondió e intensificó sus caricias tras yo dejar escapar un suspiro. Ya no eran sus dedos, la palma de su mano abierta frotaba mi coño a la vez que se inclinaba sobre la camilla y su lengua lamÃa mi pecho. Se separó un segundo, me miró mientras desabrochaba su bata blanc y la pude ver totalmente desnuda bajo ella. Me agarró la mano para llevarla a su sexo y volvió a inclinarse para succionas mi pezó mientras volvÃa a frotar intensamente mi coño.
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