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    Sometido en la isla de los Negros 12

    En capítulos anteriores mi novia Florencia vino de visita a la isla Leche Negra. Al principio, traté de esconderle en lo que me había convertido: una putita adicta al semen de hombre negro, sin embargo, mi amo y maestro del hotel fue acercándose a ella y, cuando los descubrí teniendo sexo, no pude evitar masturbarme y ser descubierto por ella. Ahora, volví a ocupar el cargo de mucamita y mi novia pasó a ser la nueva novia de mi amo. Eso no es todo: mi amo embarazó a mi novia... y me dijo que yo me haría cargo del bebé...

    Tambièn, tiempo atràs, tuve sexo anal con Porongo en un viaje que hicimos juntos. Eso era un secreto ya que Porongo es la pareja de mi compañera y mucama Sussy. Sin embargo, aquella vez Porongo no llegó a meterme entero su enorme pene ¿cuándo lo volveré a ver?

    Subí a la cima de una colina caminando con dificultad. Era un parque hermoso de Leche negra, muy pijo. Tenía órdenes específicas de mi amo y estaba haciendo fuerza con mi ano para que nada se caiga y que todo salga bien. En la cima, me encontré con mi amo y mi ex-novia sentados en un banco viendo el atardecer. Florencia le estaba chupando la polla desenfrenadamente. Me paré frente a ellos y cumplí con lo que me pidieron. Apoyé el bolso en el suelo y me puse en cuatro patas deltante de ellos, mirando el sol y con el culo levantadito hacia ellos. Cuando el maestro se corrió en la boca de mi ex-novia, abrió el bolso y apoyó sobre mí un mantel y una botella de champagne con dos copas.

    Florencia: ¿Qué es esto?

    Amo: Quiero que le metas el dedo en el ano. Si algo de él se cae, lo castigaré de una forma muy cruel.

    Florencia rió entusiasmada. Le encantaba pensar en nuevas formas de humilllarme. Me bajó las bragas y me metió el dedo anular.

    Yo: ¡Uy!

    Maestro: ¡ni se te ocurra tirar nada, putita!

    Florencia me empezó a masturbar con velocidad. Mi pene se puso erecto y pude notar como las copas arriba de mi espalda sonaban mientras se chocaban. Yo podía controlarme, tenía que hacerlo. No duré dos minutos hasta que me corrí. Mi pequeñito pene escupió una vergonzosa mancha de semen. No podía creer que en algún momento de mi vida consideré que era un macho. Logré correrme sin tirar las copas, pero ahora venía la parte verdaderamente importante del plan.

    Florencia: Hay algo... aquí adentro...

    Maestro: ¿si? tal vez deberías revisarlo.

    Florencia sacó el dedo de mi culo y se miró la mano. Miré hacia atrás de reojo y pude ver su sorpresa. Se tapó la boca con la otra mano: tenía un anillo en el dedo.

    Florencia: ¡Maestro! ¿es... esto lo que yo pienso?

    Maestro: Estoy esperando tu respuesta.

    Florencia: ¡Si! ¡por supuesto que sí! ¡quiero ser tu esposa sometida por el resto de mi vida!

    Se tiró arriba de él a darle un apasionado beso de lengua. Se sentó sobre su polla, lo frotó cada vez más y tuvieron sexo durante 20 minutos. Sus gemidos sonaban en todo el pueblo. Al terminar, brindaron con el champagne. Yo seguía a cuatro patas como una mesa.

    ----

    Al día siguiente fui a la oficina de mi amo.

    Yo: amo ¿me había llamado?

    Maestro: Así es: estamos pensando en organizar una gran boda y tendrás que ayudarnos en todo el proceso. Tu prioridad será a partir de ahora ser mi esclavo asistiéndonos en los temas del embarazo y del casamiento ¿tienes alguna duda al respecto?

    Yo: Ahora que lo menciona... s-si... tengo una... pre-pregunta...

    Maestro: Habla de una vez, putita tartamuda. No tengo toda la tarde.

    Yo: Usted... mecionó que... yo me haría cargo del bebé...

    Maestro: Ah, ese asunto. Te estoy cobrando el favor que me debías. De cuando me pediste que te deje hacerte pasar por hombre alfa en los primeros días que llegó Florencia.

    Yo: Pe...pero yo creí que...

    Maestro: ¿Qué pensaste? ¿que la deuda estaba saldada?

    Yo: Es que... usted... se quedó con mi novia... y ella ya sabe que... he cambiado...

    El maestro se paró y me miró fíjamente. Era realmente alto. Se quedó en silencio unos segundos y luego largó una risa. Me tocó la cara con ternura.

    Maestro: Qué sissy tan tonto que resultaste ser, blanquito. Todo eso fue consensuado. Fuiste a espiarnos y a masturbarte. Luego te tragaste mi semen. Tu novia descubrió lo que es un hombre alfa de verdad y quedó enganchada con mi semen, como suecede naturalmente. Sin embargo, en ningún momento le dije a tu novia la verdad, ella lo descubrió por su propia cuenta. Yo cumplí con mi parte del trato, todo lo demás es totalmente consensuado, a tí te encanta ser una sometida mucama servicial y ahora vas a cuidar del bebé de tu ex-novia y hacer todo lo que te ordene a cambio de que, en determinados momentos, te de el privilegio de probar mi semen ¿te queda claro?

    Yo: Si, mi amo.

    El maestro abrió un cajón de su escritorio y sacó una correa de perro color negro.

    Maestro: Ahora ponte esta correa, vamos a salir.

    Salimos a la calle acompañados por Florencia. Yo iba gateando con mi correa como un perrito. No podía creer lo humillante que se estaba volviendo esta situación. Afuera nos esperaba Porongo, sonriente como siempre.

    Porongo: ¿Cómo estás, pitochico? tanto tiempo sin verte.

    Yo: ¡Hola Porongo!

    Sonreí. Hace meses que se había ido y ahora estaba de vuelta, como era ya de costumbre.

    Subimos a su coche. El maesto y mi ex-novia se subieron en la parte de atrás y se pasaron todo el viaje tocándose los genitales. Yo me senté adelante en mi cochecito de bebé excitando mis zonas íntimas. No podía hablar con Porongo delante de mi amo: lo nuestro era un secreto. Cuando llegamos al lugar, nos bajamos los tres. Porongo, sin embargo, tuvo que regresar al hotel. Al parecer había sonado una alarma y tenía que volver a revisar el lugar.

    Caminamos los tres hacia una clínica de embarazo. Entramos al lugar y en la sala de espera nos atendió una sissy blanquita sonriendo de forma servicial.

    Empleada sissy: Buenos días, pareja. Lamentamos informarles que las sissys golosas no tienen permitido entrar al lugar. Deberá dejarla afuera, atada al lado de la puerta.

    Florencia: Pues vaya mierda de servicio ¿cómo se supone que podré ver la cara de humillación de mi ex-novio el día que vea la ecografía del hijo que nunca pudo darme? me parece que estáis negando un derecho fundamental para las mujeres.

    Maestro: Florencia.

    Florencia: ¿Si, Maestro?

    Maestro: Calmadita.

    Florencia: Si, maestro.

    Maestro: Llevaré a atar a Pitochico en la entrada mientras tú accedes a la sala. Ya tendremos muchos momentos para humillar a tu ex-novio blanquito.

    El maestro me llevó para afuera. Yo seguía caminando en cuatro patas. 

    Ahora estábamos en un espacio para animales con un par de perros atados. El maestro ató mi correa a un fierro y luego, sacó unas esposas y esposó mis manos a un tubo. Continuaba en cuatro patas, no podía pararme.

    Maestro: Es parte de la legislación. No quieren que las sissys ataquen a los demás animales. Quédate aquí y volveremos en 15 minutos.

    Yo: Si, amo.

    El maestro se fue y me dejó sólo con los animales. Eran tres perros enormes: un San Bernardo, un Bulldog y un Doberman. Todos estaban atados atrás mío y movían la lengua agitadamente. De pronto, el San Bernardo me empezó a oler. Corrió su ocico hacia mi trasero. Mierda: me había estimulado en el viaje en coche y ahora podían oler los fluídos de mi ano excitado.

    Yo: ¡Ey! ¡no! ¡no!

    Levanté una pierna e intenté pegarle una patada al perro pero fue en vano. No llegaba. Visto desde afuera debía verme muy torpe y hasta gracioso.

    Los otros dos perros, curiosos, se acercaron a olerme también. Fue el Bulldog el que sacó la lengua y empezó a lamer mi ano.

    Yo: ¡No! ¡no! ¡perro malo! ¡n.... no! ¡ay! ¡ssss! ¡n... no!

    Al principio me resistí pero, de pronto, no podía controlar mi exitación. Las rápidas lamidas que recibía mi ano me estaban haciendo temblar las piernitas.

    Continuaron turnándose lamiendo mi ano durante unos minutos y yo apoyé mi cabeza contra el piso sonriendo de placer.

    Yo: Aaaaahh... Ay, ay, ay.... si, si, si...qué rico.

    En un momento, el Doberman se acercó más arriba mío y pude sentir como intentó montarme. No me dió tiempo de intentar hacerlo caer pero, de todas maneras, sabía que no podía controlarlo.

    Yo: ¡Uy! no, no, no ¡no! ¡noooo! ¡AAAAAAAYYYY!

    Demasiado tarde: me estaba penetrando.

    Sus embestidas bestiales tenían un ritmo muy veloz. Me follaba como un desquiciado. Yo sabía que lo que estaba pasando era algo totalmente inmoral, incorrecto, humillante... ¡me estaba penetrando un animal! ¿porqué lo estaba disfrutando? ¡esto era totalmente asqueroso!

    Yo: ¡Ay! ¡si! ¡ay! ¡si! ¡más! ¡más! ¡au! ¡au! ¡AUUU! ¡GUAUUUU! ¡GUAUUUUUU! ¡GUAU! ¡GUAU! ¡GUAUUUU!

    ¿Sería posible que esta follada me esté sacando mi lado animal y que en realidad sea una perrita no asumida?

    Finalmente lo sentí. Una prolongada corrida dentro de mi ano. La bestia, sin embargo, no se salió dentro mío después de correrse. Se quedó quieto y empezó a lamerme la cabeza.

    Unos minutos después, intentó apartarse pero había sucedido algo inesperado: su pene se había hinchado y ahora no podía sacarlo ¡Esto se volvía cada vez peor! El perro levantó una pata y dió una vuelta pero no podía sacarse. Nuestros culos estaban pegados como dos animales.

    Tuvieron que pasar unos 15 minutos hasta que finalmente apareció mi amo con Florencia. Mi ex-novia no podía parar de reírse viendo la escena.

    Florencia: ¡DIOS MÍO! ¡ESTO TENGO QUE SUBIRLO A INSTAGRAM!

    Yo: ¡No! ¡por favor! ¡Florencia! ¡esto es demasiado!

    Florencia: saluda a mis miles de followers ¿te quisiste divertir mientras estábamos adentro y quedaste atrapado, asquerosa perrita?

    Maestro: No puedo creer que hayas tenido a este putito pervertido como novio en algún momento de tu vida.

    Florencia: Yo tampoco, mi amor. Suerte que te conocí a tí.

    Yo: ¿podéis ayudarme de una vez, por favor?

    Maestro: Pediré ayuda.

    El maestro fue para adentro mientras Florencia continuó riéndose y sacándome fotos. Al rato volvió a salir con el empleado Sissy.

    Empleado Sissy: ay, no ¿otra vez? Es el tipo de cosas que pasan cuando traen sissys a la clínica, por eso tenemos esta política. Llamaré al doctor.

    El empleado volvió a entrar y salió con un doctor obeso, negro y peludo. Se paró delante de mí. Levanté mi cara pero no llegué a verle a los ojos. Lo que pude sí reconocer ese aroma inconfundible que hacía babear todos los días.

    Doctor: No os preocupéis: debemos estimular el tamaño del ano de vuestro esclavo para que el pene pueda salir con facilidad.

    Florencia: ¿y qué va a hacer, doctor?

    Doctor: Es un procedimiento quirúrjico muy simple. Por favor, cubridle los ojos a su esposa, no queremos generar un efecto involuntario.

    Florencia: ¿Efecto involuntario?

    Maestro: Descuida, mi florcita.

    El maestro acercó a Florencia a su pecho y cubrió su cabeza para que no viera. Sólo entonces, el Doctor se bajó el cierre del pantalón y dejó salir la anaconda. Un jugoso pene de 22 centímetros que llegó a tocar mi cabeza. El doctor levantó mi cabeza y la acercó a sus genitales.

    Doctor: Chupa, vamos, chupa.

    No me hice rogar. Saqué mi lenguita y me metí como pude la enorme cabeza de pene en mi boca.

    Me empecé a excitar. Mi diminuto se endureció. Seguí chupando sus sabrosos genitales unos segundos más. Empezó a ponerse erecto el tronco de carne oscura y mi ano comenzó a lubricarse. De pronto, el pene que tenía en mi ano se puso más resbaladizo y el animal pudo salir de un tirón de adentro mío.

    Doctor: Ya está listo.

    El doctor volvió a guardar su regalo de los dioses en su pantalón sin que pudiera terminar mi felatio. El maestro dejó de cubrirle los ojos a Florencia y el Empleado sissy estaba babeando como una loquita. Se notaba su erección.

    Maestro: gracias por el servicio, Doctor.

    Doctor: No hay que de qué.

    Florencia: Siento un olor... especial... ¿puede ser que mis senos estén más grandes?

    Mi ex-novia tomó la mano de mi amo y la apoyó sobre sus tetas sin ninguna vergüenza.

    Maestro: Vamos para casa a encargarnos de esto.

    ---

    Unos minutos después llegó Porongo en el coche a buscarnos. La alarma que sonó en el hotel resultó ser un problema de configuración simple de solucionar. Florencia quedó excitada por el poco olor que sintió en la clínica y se pasó todo el viaje de rodillas frente a mi amo lamiéndole las pelotas. Yo, por otro lado, estaba todavía más exitado. Ese enorme pene me había vuelto loca y no había podido terminar de degustarlo. La silla de bebés estimulando mi ano no ayudaba a tranquilizarme.

    Cuando llegamos al hotel, el Maestro y Florencia se bajaron corriendo a la habitación a tener sexo. Yo, por otro lado, tenía órdenes de acompañar a Porongo hasta el estacionamiento. Ahora estábamos los dos solos en el coche.

    Porongo: Así que... ¿cómo has estado?

    Yo: b... bien... salvando el hecho de que mi novia me dejó por mi jefe y ahora se van casar... y que acabo de ser penetrado por un animal...

    Porongo: Guau, eso se debe sentir... muy humillante...

    Yo: Lo extraño es que... en el fondo se siente... un poco... excitante.

    Miré a Porongo a los ojos. Él me miró. Estacionó el coche. Estábamos los dos en la oscuridad del estacionamiento totalmente vacío. Nos besamos.

    Mi pene se puso erecto otra vez. El suyo también. Empecé a tocarle su salchiCHOTA mientras Porongo me sacaba el cinturoncito de plástico. Me senté arriba de él. Podía sentirlo todo a través de su pantalón.

    Yo: Guau, sí que está dura.

    Porongo: Así es, y esta vez te la voy a meter toda.

    Yo: Ufff, me pones a tope.

    Lo besé desenfrenadamente. Le bajé los pantalones y los calzoncillos. La cabeza de su sabroso pene brillaba. Lo miré a los ojos una vez más.

    Yo: Nadie debe descubrirnos, Sussy se pondría como loca si se enterara.

    Porongo: Descuida, si alguien nos descubre, yo te cubriré.

    Me subí arriba de él y le dí un fuerte beso. Porongo corrió mis bragas y me empezó a meter lentamente dentro de su pene.

    Yo: Ay, ay.... ay, ay... qué ricoooo.

    De pronto, una luz se encendió dentro del garage.

    Yo: ¿qué es eso?

    Intenté salir de su pene rápidamente pero Porongo me sujetó con fuerza.

    Porongo: Shh, shh, no te muevas justo ahora se viene lo más rico.

    Yo: Uff, pe.... ro... nos van a.... veeeeeer....

    Porongo continuó metiéndome en su pene unos centímetros más. Tenía razón: cada vez era más rico.

    De pronto, la puerta del coche se abrió y miramos los dos hacia afuera.

    Sussy: ¡¿QUÉ MIERDA ESTÁ PASANDO AQUÍ?!

    Maestro: ¡Sussy! ¡no! ¡no es lo que parece!

    Me levanté del pene como pude y me senté en mi silla otra vez.

    Sussy: ¡Enfermo hijo de puta! ¡¿te atreves a engañarme?!

    Maestro: ¡No! ¡Sussy! te juro que yo no... yo no... fue... ¡fue ella! ¡ella tiene la culpa!

    CONTINUARÁ... 

     
      Posted on : Nov 9, 2024
     

     
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