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En capítulos anteriores, mi novia vino de visita a la isla Leche negra luego de tanto tiempo sin verla. No quería que Florencia me viera convertido en una mucama sissy putita entonces hablé con mi amo para que me dejáse disimular. El maestro me permitió volver a usar mi antigua vestimenta de hombre y me dió una habitación para simular como si fuera un inquilino del hotel, todo a cambio de un favor que me pediría más adelante. Cuando llegó Florencia, me encontré que el maestro nunca nos dejaba solos a los dos y ella estaba cada vez más enganchada con él. Una noche, en el medio de una fiesta, el maestro le salvó la vida a Florencia de ahogarse y se la llevó para adentro para revisar que estuviera bien. Entré corriendo y cuando llegué a la habitación del maestro, me encontré con lo que me temía...
Me quedé helado. No me animé a entrar en la habitación y miré desde la puerta entornada al maestro parado frente a mi novia de rodillas, bajándole el pantalón. El olor a masculinidad se sentía desde la puerta. Florencia lo miró a los ojos, excitada, antes de bajar el bóxer.
Florencia: ¿Es cierto... lo que dicen? ¿que el pene del hombre negro promedio es un poco más grande que el del hombre blanco?
Maestro: ¿porqué no lo averiguas tú misma?
Florencia: El pito de mi novio es extremadamente diminuto. Seguramente el tuyo debe ser enorme, como nunca ví en mi vida... debe medir como 14 centímetros... o incluso... 16...
Florencia bajó el bóxer de mi amo mordiéndose los labios y sobre su rostro la golpeó un erecto pene de 28 centímetros, negro, venoso y cabezón. La cara de sorpresa de Florencia era un poema.
Florencia: ¡Guaaau! ¡es... mu... mucho más... grande... de lo que... me podría imaginar!
Mientras lo recorría con la mirada, empezó a tocarle las pelotas. Se le caía la baba.
Florencia: No sé si deberíamos... hacer algo. Mi... novio... se pondría furioso. Tal vez debería detenerme en este momento y salir a buscarlo. Esto es como una prueba de amor: cómo pude aguantar mis deseos a pesar de todo. Voy a volver con él y sólo tendré sexo con él por el resto de mi...
Maestro: No se va a chupar sola.
Florencia: Si, señor.
En seguida, Florencia cambió de actitud y comenzó a chuparle la polla de manera desenfrenada. Estaba loca. Gemía de placer.
Mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo ¡Así es como había chupado mi primer pene un tiempo atrás! fueron las mismas palabras. "No se va a chupar sola" es como un código que deshabilitaba toda idea de resistencia al placer desenfrenado de saborear un gigantezco pene de hombre alfa. De pronto, me dí cuenta de que tenía una erección. Seguía sin entrar en la habitación. No sabía porqué... pero sólo quería... mirar.
El maestro le agarró la rubia cabellera de mi joven novia y empezó a bombear con fuerza.
Maestro: ¿te gusta, putita? ¿te encanta el sabor de mi pene?
Florencia: ¡Mmm! ¡gggllli! ¡mbel cantaaaaah!
Florencia nunca me había hecho sexo oral... y eso extrañamente me excitaba. Podía ver mi pequeño pene duro debajo de mi ajustadito traje de baño rosa que me había puesto para entrar a la piscina.
Maestro: Y eso que todavía no has probado el verdadero sabor de nuestro semen adictivo. Ya conoces el dicho: "Una vez que pruebas negro, nunca vuelves atrás". Vas a volverte adicta a mi lechita y todos los días vas a tener que recibir tu dósis.
Florencia: ¡ay! ¡sí! ¡por favor! ¡señor! ¡quiero mi leche!
Maestro: Primero tendrás que saciar mis ganas de penetrarte.
Florencia: ¡Si! ¡si! ¡por favor!
El maestro se sentó en la cama y Florencia se desnudó.
Maestro: Cabalga mi pene.
Florencia no lo dudó y se sentó de espaldas al amo con la punta del pene rozando su vagina.
Florencia: No sé si entrará... toda.
Maestro: No tengas miedo, entrégate al placer.
Florencia: Por favor, señor, sea gentil. Nunca tuve un pene tan grande dentro mío.
El maestro la tomó de los brazos y muy lentamente la fue introduciendo en su pene como un condón. Al mismo tiempo, Florencia tenía espasmos de placer.
Florencia: ¡Ay! ¡AY! ¡AY! ¡SIIIII!
Parecía poseída. Cuando recién iban 12 centímetros adentro, el maestro se detuvo y la volvió a sacar.
Yo no podía más de la excitación y, casi sin darme cuenta, me empecé a masturbar.
Florencia volvió a meterse en el pene cada vez más rápido. Fueron aumentando la velocidad cada vez más y la chica se fue atreviendo a meterse centímetro a centímetro más adentro. Cada vez que entraba más, Florencia temblaba de placer ¿sería posible que tenga un orgasmo por cada vez que el pene entraraba?
Florencia: ¡esto es lo más rico que probé en mi vida! ¡Quiero... AAAAAAAH... quiero que me penetres como mi novio nunca lo hizo! ¡soy tu puta! ¡soy tu... AAAAAAH... esclava sexual! ¡quiero ser tu putita personal toda la vida! ¡AAAAAAH!
Todo el pene estaba dentro de mi novia y ella no paraba de moverse. En un momento, mi amo la tomó por la cintura y se paró. Parecía que estuviera sujetando a una muñeca. Se agachó hacia el suelo y la puso en 4 patas. Todo esto sin sacar el pene dentro de ella. Era un verdadero experto en el sexo. El hombre continuó bombeándola con fuerza y sus bolas golpeaban contra su trasero generando un sonido constante. Florencia chillaba como una cerda. Yo no podía aguantar más, estaba a punto de correrme.
Maestro: ¿Te gustaría ver la cara de humillación que tendría tu novio en este momento?
Florencia: ¡si! ¡quiero ver su cara de putita llorona!
Maestro: ¡pues aquí la tienes!
El maestro sujetó del cabello a mi novia y le levantó la cara. Florencia me miró a los ojos extrañada.
Florencia: ¡¿Pitochico?! ¡¿te estás masturbando?!
No aguanté más y me corrí dentro de mis braguitas color rosa.
Yo: ¡aaaah! ¡no me... no me mires, Florencia!
Ahí, el maestro se detuvo y Florencia se paró. Se acercó a mi y abrió la puerta.
Florencia: ¿Te excita verme penetrada por un hombre negro?
Yo: ¡no! ¡para nada! ¡quería saber si mi amo te había traído para adentro y... resbalé sobre mi mano y...
Florencia: espera, ¿cómo que... "mi amo"?
Florencia me hizo pasar y cerró la puerta.
Florencia: Pitochico, no me digas que eres el empleado del maestro y le llamas "amo".
Yo: Yo... tal vez.
Florencia: ¿Y qué es lo que haces para él? ¿eres como una especie de portero?
Yo: algo así... como que soy su.... empleada y me visto como mucamita.
Florencia: ¡Dios mío! ¡te has convertido en una putita en todo este tiempo! ¿no es así? apuesto a que hasta tienes fantasías de algún día probar el semen de un hombre negro.
Yo: Tal... tal vez...
No me animé a decirle la verdad. No me animé a decirle que hace días que no probaba el semen de mi amo que había degustado diariamente durante un mes y que en ese momento lo que más ansiaba era volver a saciar mi estómago con ese alimento tan nutritivo y adictivo.
Florencia: ¿Te gustaría compartir... esta polla conmigo?
Yo: n....no... ¡no! ¡yo soy un hombre! A mi me gustan las mujeres, Florencia. Me gustas tú. Yo jamás probaría un pene en mi vida. Jamás me metería los 28 centímetros de puro sabor negro de mi amo en mi boquita y sería usada como una perra en celo de forma diaria. Yo me... me masturbo viendo... porno de mujeres... de verdad, me visto todos los días como una mucama putita y con ropas ajustaditas y probocativas frente a hombres negros sólamente porque es lo que requiere esta isla. Jamás me sentaría arriba de uno de esos sabrosos penes y llenaría mi estómago con un tibio y delicioso semen de macho alfa. El hecho de que ahora mismo no pueda apartar la mirada de ese... instrumento de placer... y que mi ano esté... lubricándose... no significa... que...
Maestro: Oigan, chicas.
Ambos miramos al maestro. "¿Qué?", le dijimos.
Maestro: No se va a chupar sola.
"Si, señor", respondimos al unísono.
Mi novia y yo nos tiramos hipnotizados sobre el pene de mi amo. Finalmente teníamos una actividad como pareja. Yo me metí el pene en mi boca mientras Florencia le lamía los huevos. Estaba muy excitado pero ya había perdido la erección. Sin embargo, Florencia se dió cuenta de esto y me metió un dedito en el culo.
Yo: ¡Ay! ¡siii!
Me saqué el pene de mi boca y pasó a ser el turno de Florencia. Ambos gemíamos como dos adictas.
Yo: ¡Por favor! ¡amo! ¡queremos nuestra leche!
Florencia: ¡Si! ¡señor! ¡aliméntenos!
Maestro: abran la boca las dos.
Obedecimos enseguida. Soltamos su pene y nos quedamos ambas con la boca abierta y la lengua afuera esperando nuestra recompensa. El maestro se masturbó y no tardar en lanzar su leche sobre nosotras. El primer chorro de leche cayó sobre la cara de mi novia ¡qué envidia!
Florencia: ¡Ay!
Un poco de semen entró sobre su boca. Ya no había vuelta atrás: ahora que mi novia había probado el verdadero semen de hombre, su adicción la transformaría por el resto de su vida.
El siguiente chorro de leche cayó sobre mi carita. Se sentía delicioso.
Yo: ¡mmmm! ¡qué rico!
Así, el maestro continuó corriéndose alternando entre sus dos putitas hasta quedar saciado. Más de 20 deliciosas y cargadas corridas fueron a parar a nuestros cuerpitos bañados en semen.
Unos minutos después, estabamos los tres acostados sobre la cama. El semental estaba boca arriba mientras sus dos pequeñas perritas lo abrazábamos de costado, sonriendo y con el estómago lleno.
Florencia: Eso fue... maravilloso... quiero repetirlo.
Maestro: Y lo haremos. Vamos a aplicar nuevas normas en este hotel. Tú, Pitochico, volverás a ser mucama. Seguirás siendo mi sirvienta y podrás recibir una dósis de leche de desayuno.
Dijo eso mientras con una mano me tocaba el culito.
Yo: ¡qué alegría!
Florencia: ¿y qué hay de mí? ¿también seré tu mucamita putona?
Maestro: Nada de eso, tú tienes mucho más valor que un sissy hombre beta. Tú serás mi nueva novia.
Florencia suspiró, contenta. Yo me quedé sin palabras, shockeado.
Florencia: ¿es en serio, señor?
Maestro: así es. Dormirás conmigo todos los días, te compraré las ropas más caras y putonas, tendrás 500 dólares para gastar al día y tendremos sexo en cualquier lugar o momento. Tendrás que ser sumisa conmigo y dejarás que te maltrate a cambio del acceso a mis genitales.
Florencia: ¡es el mejor regalo que nunca nadie me podría hacer!
Florencia se tiró arriba del maestro y le dió un apasionado beso de lengua en la boca.
Yo: pero... pero... Florencia... creí que habías venido a verme a mí... que seguiríamos siendo novios.
Florencia me miró.
Florencia: ¿es en serio, Pitochico? mira lo humillante que te ves ¿crees que una mujer como yo seguiría con una perra sucia como tú? ¡agradece que el maestro te permite compartir su semen contigo! ¡Agradece que el maestro te deja estar en la cama en este momento!
Maestro: Ahora que lo mencionas, el baño tiene que ser limpiado.
Florencia: ¡Ya lo has oído! ¡ve ahora mismo a limpiar el baño del maestro!
Yo: ¡si, señora!
Me paré y fui corriendo al baño sin quejarme. Mientras cumplía con la tarea que me ordenaron, pude escuchar cómo volvían a tener sexo mi ahora ex-novia y mi amo.
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Una semana después, el hotel volvió a la normalidad y se cumplieron las ordenes del amo. Todas las mañanas me metía en el dormitorio de mi amo y veía a la pareja durmiendo. Corría la mano de mi ex-novia del pene del maestro y extraía mi desayuno lácteo. Mi estómago volvió a crecer con el paso de los días. Era una mucama golosa.
Mi ex-novia cambió de actitud. Su joven e inocente mirada maduró y ahora se comportaba como la amante de un mafioso. Se había convertido en una chica pija que gastaba mucho dinero, con un maquillaje y peinado que yo jamás hubiése podido pagarle ni con el sueldo de un mes. Se compraba vestidos sexys y ajustados que usaba día a día.
Era muy malvada con todos, especialmente conmigo. La única persona a la que trataba bien era al maestro. Su mirada y su culo siempre estaban atentos a su nuevo novio para tener sexo cuando él lo dispusiese. Cuando el amo le hablaba, ella se comportaba como una alegre adolescente nerviosa, sumisa y virginal, notoriamente excitada. No les importaba que los demás les vean. Al principio veía cómo ella le manoteaba el pedazo y le metía la mano dentro del pantalón en cualquier lugar del hotel. Un día estaba limpiando una habitación y escuché un ruido que venía del patio. Abrí la cortina y pude ver cómo mi amo penetraba a mi ex-novia contra la ventana. Los tenía a unos centímetros de distancia y no se detuvieron al verme, sino que ella sonrió.
Florencia le hacía sexo oral en cualquier lugar, a veces incluso el Maestro tenía que decirle que se detenga porque no le apetecía. El sabía que tenía total control sobre ella. Ese enorme pene era un imán para el culo de mi novia, algo que jamás sucedió conmigo.
Parecía que esta era mi nueva vida y que todo iba a continuar de esta manera, sin embargo, todo cambió para peor un día que entré al cuarto de mi amo a limpiar las sábanas. Florencia me había pedido que vaya a limpiar la habitación. Sobre la cama, recogí la ropa interior de mi novia que estaba mojada. Tuve que olerla para verificar su estado y sentí el inconfundible olor a semen de mi amo. Eso sí que era humillante. De pronto, la puerta del baño se abrió y ví al maestro.
Maestro: ¿qué estais haciendo aquí, sucia perra?
Yo: Yo... vine a...
Maestro: Oliendo las bragas de mi novia ¿no te avergüenza?
Me golpeó.
Yo: ¡au!
Del baño salió Florencia con algo blanco en la mano. De pijama, llevaba unas bragas y una musculosa blanca con un texto en inglés que no entendí.
Florencia: Le pedí que venga a limpiar la habitación, me pareció divertido que se entere de la noticia de esta manera, humillado entre mis bragas.
Yo: Q... ¿qué... noticia?
Maestro: ¿Se lo dices tú o se lo digo yo?
Florencia levantó un test de embarazo delante de mis ojos. No Podía creerlo.
Florencia: ¡Vamos a tener un bebé!
Yo: ¡¿QUÉEE?! ¡¿EN SERIO?!
El maestro se paró detrás de mi ex-novia y la rodeó con sus brazos de forma tierna.
Maestro: Así es, pitochico: acabo de embarazar a tu novia... y tú cuidarás del bebé...
CONTINUARÁ...
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