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    La amiga íntima de mi mujer 01

     Recuerdo que mi hija mayor acababa de cumplir 3 añitos, por lo que era hora de que fuera a la guardería. Ana, mi mujer, conocía a la dueña de una que había cerca de casa, de la que además hablaba muy bien algunos conocidos, por lo que decidimos matricularla en ella, algo de lo que jamás me arrepentiré. Pasaron varios meses y Ana me habló de una amiga que había conocido en la guardería, cuya niña estaba en la misma clase que la nuestra. Al principio lo tomé como algo normal, pero con el tiempo me percaté que mi mujer se sentía atraída por ella, ya que se le notaba al resaltar constantemente sus bondades. Un viernes salí del trabajo a eso de las cinco, por lo que llamé a Ana para ver dónde estaba. Me comentó que estaba con Patricia y las niñas en el parque infantil que hay enfrente de casa, por lo que me dirigí hacia allí para encontrarme con ellas y de camino echar un vistazo a la mujer que tenía embobada a Ana.

    En cuanto llegué saludé a mi mujer y le di un abrazo a la niña, que estaba jugando con su amiguita. Ana me dijo que Patricia había subido a su casa un momento use había quedado al cargo de las dos pequeñas. Continuamos hablando sobre cómo nos había ido el día, hasta que Ana me dijo "Mira, ahí viene Patri". En cuanto volví la cara no pude más que comprobar el buen gusto que tiene mi mujer. Era una mujer alta, morena con el pelo rizado, unos ojos rasgados enormes y una boca que invitaba a la lujuria. De cuerpo era también espectacular, delgada pero con generosas curvas donde hay que tenerlas, unos pechos grandes y muy bien puestos y un culo amplio y respingón. Los vaqueros le quedaban de cine, al igual que la blusa blanca que llevaba puesta. Nos presentó y al darle dos besos saltó una chispa entre nosotros de forma inmediata.

    Mi mujer me miró y me echó una sonrisa picarona, al darse cuenta que me había gustado mucho, como le había pasado a ella. Era además una chavala muy simpática, con la que pronto pude entablar varios temas interesantes de conversación. Me comentó que había trabajado en una conocida cadena de supermercados, de la que su marido era representante, por lo que viajaba mucho por todo el país, pero que en la actualidad se había tomado un tiempo y se dedicaba a criar a su hija. Pasaron varias semanas y Ana comenzó a trabajar. Nos turnabamos como podíamos para llevar y recoger a la niña, aunque ella casi siempre podía hacerlo, ya que el horario de su trabajo se lo permitía. Un día Ana tuvo que quedarse hasta tarde a trabajar, por lo que me tocó recoger a la peque al mediodía. Llegué con algo de tiempo y allí estaba ella, con unas mallas negras que dejaban disfrutar todas sus virtudes y una camiseta estrecha muy sensual.

    Me acerqué y le di dos besos. Me llamó la atención lo bien que olía, ya que llevaba una colonia con olor a vainilla que le venía de perlas. Era una de esas mujeres que en cuanto la ves llama la atención quieras o no quieras y la verdad es que la química entre los dos era bastante evidente. Cuando salieron las niñas le pregunté por su pareja, a lo que contestó "de viaje como siempre hijo. Estoy muy sola". Yo no lo pensé demasiado y le propuse tomar una cerveza, a lo que, después de echarme una mirada enigmática, contestó que si. Fuimos a una cervecería cercana y pedimos una copa. Poco a poco nos fuimos dando a conocer, contándonos nuestras aficiones, detalles de nuestra vida y mil cosas más. Al poco llegó Ana, tomamos otra cerveza y nos fuimos cada uno a su casa a darles de comer a las niñas. Yo no podía creer como una mujer como ella destilaba tanta soledad, ya que estaba claro que quería a su marido, pero no dejaba de dejar claro que se sentía algo sola durante las largas semanas que él estaba fuera.
     
     Ya en casa Ana me preguntó que me parecía, a lo que no pude más que decirle que era una mujer magnífica. Ambos somos bisexuales y habíamos tenido alguna que otra experiencia de novios, pero por aquellos entonces nuestra vida sexual era muy normalita, ya que entre el trabajo y la niña no nos quedaba mucho tiempo para nosotros. Al día siguiente Ana me comentó que el marido de Patricia estaría fuera hasta el domingo y que le daba mucha pena. Acordamos invitarla a almorzar el viernes y así hacerle compañía y dejar a la vez que las niñas disfrutase juntas. Tal como recogimos a las niñas tomamos un par de cervezas y subimos a casa, donde tras la comida compramos una botella y nos echamos una copa. Mientras la tomamos puse música, por lo que Ana y Patricia comenzaron a bailar ante mí con las niñas, mientras yo ejercía de Dj para ellas. Patricia llevaba un vestido corto bastante ceñido, que me permitía disfrutar de toda su belleza. Yo notaba que no dejaba de mirarme, algo que, dicho sea de paso, yo no podía dejar de hacer, siempre con cuidado, ya que Ana es abierta pero muy celosa si se siente desplazada.

    Las copas fueron haciendo efecto poco a poco, hasta que les entró sueño a las niñas y mis dos mujeres fueron a acostar las al dormitorio. Patricia regresó pronto, ya que su peque no tardó en abrazar a Morfeo, cogiendo su copa y sentándose frente a mi. Era una mujer ardiente, a la que pensé que sería difícil satisfacer, y sus miradas eran cada vez más tórridas y descaradas. De repente se le cayó un cigarrillo al suelo y se agachó a cogerlo. La abertura de su escote me regaló una magnífica visión de sus hermosos pechos, algo que me dejó embobado. Ella sabía lo que hacía, ya que al llegar al cigarro miró hacia mi, por lo que me pilló mirándola descaradamente. Se incorporó con una sonrisa que parecía decir Objetivo cumplido, tras lo que no dudó en preguntarme "te gusta lo que ves?". Yo no podía creer lo que estaba ocurriendo, pero contesté casi sin pensar "no me gusta, me encanta". Me tenía ya en sus redes y lo sabía perfectamente. Al momento llegó Ana y las dos me hicieron bailar con ellas, por lo que yo creí haber llegado al cielo. Entre risas y copas ellas empezaría a arrimarse más entre ellas, hasta que Ana le dio un beso rápido en la boca que ella no rechazó. Tras el llegaros varios más, algo que me tenía realmente excitado, pero yo no quería echar a perder por ir demasiado rápido aquella increíble oportunidad que se presentaba ante nuestros ojos.

    Las niñas se despertaron y hasta ahí llegó nuestro ratito de esparcimiento, ya que al poco tiempo ella se despidió y se fue a casa a bañar y dar de cenar a la niña. Fue una de las despedidas más amargas de mi vida. Nosotros cenamos y Ana se acostó con la niña en nuestra cama, por lo que no volvió a dar señales de vida. A mí me tocó quedarme en mi despacho y hacerme un delicioso pajote pensando en la hermosa Patricia y sus deliciosas curvas.

    Continuará...


     
      Posted on : Feb 11, 2022
     

     
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