DIA 1 PARTE 1
Mamá
recibió noticias sobre la muerte de una tía suya un par de días después. Ya que
mamá iba a estar una semana lejos de casa e iba a viajar con Nicole, sentí que
esa era la oportunidad de aprovechar que mi papá y yo estábamos solos para
retomar donde lo había dejado hace unas noches. “¿Vamos al mall?”, le dije
sorprendiéndolo por la espalda. Esa mañana yo vestía una camiseta sin mangas
amarilla, shorts de mezclilla realmente cortos que dejaban ver mucho de mis
piernas y sandalias de plástico. Sentí que se puso nervioso al momento de
verme, anteriormente no acostumbraba a vestirme de manera de mostrar tanta
piel, así que eso no era común para él. “¿Quieres que te acompañe a algo?”, me
preguntó. “Sólo quiero pasar tiempo con mi papá, eso es todo”, dije terminando
con una sonrisa coqueta.
Pensé
en lo que Lizette había dicho hace un tiempo “Todos los hombres son calientes”
y en si eso en realidad era verdad. Podía ver en el reflejo de uno de los
espejos de la cocina a mi papá mirándome de arriba abajo cuando yo le daba la
espalda o miraba hacia otro lado. Me había vestido así solo para provocarlo a
mirarme. Íbamos a ir al mall y mi mamá estaba lejos, así que creía que
podríamos ir de compras y conseguir ropas que a mi mamá no le agradaría que
vistiese. También me puse una camiseta muy ajustada con el propósito de mostrar
mi cuerpo, que, aunque no estaba tan desarrollado, me intrigaba ver si podía
llamar la atención de papá. Mi mente estaba procesando los nuevos pensamientos
de que mi papá estaba mirando mi poto, y tal vez el resto de mí. No podía
esperar para llegar al mall y probar sus límites.
Tan
pronto salimos del auto en el estacionamiento del mall caminé frente a mi papá
de camino al mall. Sabía que me miraría y al menos vería cómo se veía mi poto
en los pantalones cortos. Traté de acentuar mi caminata, haciéndole más difícil
ignorarme. Una vez que estuvimos adentro, noté de inmediato a un hombre cercano
a la edad de mi padre que no me quitó los ojos de encima desde que entramos. Mi
corazón latía un poco más rápido al sentir esta atención sobre mí a la que no
estaba acostumbrada realmente. Me volví hacia mi papá y le pregunté, “¿Puedo
irme y mirar algunas cosas yo sola?”. Papá estuvo de acuerdo. Mientras me
alejaba, noté que el hombre que me había estado mirando trataba de mirarme en
secreto. Eso me encantó.
Unos
cinco minutos después, estaba en una tienda de ropa mirando faldas y otras prendas
cuando noté que el hombre de antes se paraba frente a la tienda de vez en
cuando. Decidí ser un poco más tentadora. Empecé a agacharme fingiendo recoger
algo del suelo, con el poto hacia el frente de la tienda, sabiendo que ese
hombre sería capaz de verme. Ya había practicado esto en casa al mirarme en el
espejo de mi habitación, después de que Alejandro despertó la sexualidad en mí
y comenzó a interesarme el cómo tentar. Así vi que, al inclinarme bien, se
podría ver la parte inferior de mis pantalones cortos y ver los bordes de mi
tanga, que de otra forma no sería visible. Fue emocionante. Unos minutos más
tarde, me di cuenta de que mi padre a lo lejos miraba al hombre que me miraba y
también a mí. Seguí mi jugueteo durante unos minutos más mientras caminaba y
miraba la ropa.
Después
de un rato más mirando ropa, decidí darle al hombre que me miraba una cosa más
para que me recordara. Caminé a una parte de la tienda donde sabía que él tenía
una vista, pero que estaba oculto para que otros no me vieran, en especial mi
papá. Tenía una falda en la mano y quería probármela. Miré a mi alrededor,
fingiendo no ver al hombre fuera de la tienda. Cuando vi que estaba despejado,
me desabroché los pantalones cortos y me los quité exponiendo una tanga de hilo
T al hombre. Me agaché, con el culo intencionalmente hacia el hombre, mientras
me probaba una falda. Posé un par de veces frente al espejo para probarme la
prenda, y para el final levanté mi camiseta descubriendo mis pezones frente al
espejo, y obvio, dándole una vista lateral de ello a mi observador. Me sentí
emocionada sabiendo que el hombre me estaba mirando.
Nos
juntamos mi papá y yo y me compró la falda, después de eso fuimos al patio de
comida y almorzamos. El viaje a casa fue divertido. Todavía sentía la emoción
por tentar al hombre en el mall y me senté con las con los talones en el
asiento, dando una vista muy inusual de mi cuerpo para tentar aún más a mi
padre a mirar. Si lo hubiera hecho, habría visto cómo mi short corto se
apretaba entre mis piernas. Para mi sorpresa, él no miró. Tal vez, no era
verdad lo que Lizette había dicho.
Al
volver a casa pensé en cómo podríamos pasar más tiempo juntos, para seguir
poniéndolo en situaciones donde pudiera tentarlo. La idea vino a mí al mirar
por la ventana de la cocina a nuestro patio. En realidad, estaba delimitado por
una cerca de madera y detrás era campo y montes hasta donde se extendía la
vista. “Alguna vez has recorrido el lugar atrás de nuestra casa?, podríamos
salir a pasear por ahí”, le dije. Nuevamente lo sorprendió lo que le decía y me
respondió que no era mala idea.
Si
mi padre supiera lo que estaba tratando de hacer, probablemente comenzaría una
conversación muy incómoda y probablemente terminaría incluyendo a mi madre en
la charla. Yo no quería eso. Así que cambié mi atuendo por un calzón simple
debajo de un pantalón de buzo y sostén debajo de una camiseta, además de usar
zapatillas aptas para la caminata. Quería que mi padre se sintiera seguro hasta
el momento en que lo sorprendería con lo que iba a usar realmente en la
caminata.
Comenzamos
la caminata hablando de cosas simples por un rato. Al paso de media hora ya
estábamos lo suficientemente lejos de casa como para intentar algo más sin darle
a mi papá oportunidad de escapar de mí. “Hace demasiado calor, voy a sacarme
algo de ropa”, le dije mirando como la expresión de su cara se tornaba en
sorpresa e incomodidad. Recuerdo que mi corazón se aceleró mientras me quitaba
la camiseta que usaba y se la daba a mi papá que me miró con incredulidad.
Luego me quité el pantalón de buzo para así terminar vistiendo sólo sostén
negro, calzón negro y las zapatillas. “No te molesta, ¿cierto?”, le dije
tratando de sonar lo más inocente posible, sabiendo que él no me reprendería
por lo que estaba haciendo. “No hay problema, Dani”, dijo visiblemente
incómodo.
Sabía
que él miraba y solo estaba tratando de no mirar más mientras continuábamos la
caminata. Tomó la delantera rápidamente, estoy segura, para no tener que mirar
constantemente mi poto. Al continuar la caminata, tuve suficiente de seguir a
mi padre, estaba en una misión para probar tanto lo que Lizette había dicho de
los hombres como lo que Alejandro me había ordenado hacer. Llegó un momento y
me agaché delante de él bajo cualquier pretexto. Sabía que me miraría de la
misma forma que el hombre en el mall. Mi corazón se aceleró mientras me
inclinaba, mi mente se aceleró con pensamientos que no debería tener. Me sentí
extasiada.
Me
erguí nuevamente y continué como si nada. A los pocos minutos de seguir
llegamos cerca de un rio. Rodeamos unas rocas y dije, “Vamos a ver el río,
papi”. Hace tiempo no lo llamaba papi, no sé si el haberlo hecho provocó algo
distinto en él, pero sonrió y me dijo que sí. Mientras me sentaba en una roca
junto al río, dudaba que mi padre fuera como Lizette había dicho. Aparte de la
mirada ocasional casi inevitable a que lo había expuesto, no había hecho ningún
comentario inapropiado. Bebí un poco de agua que papá llevaba en su mochila,
momento en el que dijo, “Oye, voy a meterme al río”. Se levantó y caminó hacia
el río, con el agua hasta las rodillas, por debajo del pantalón corto que
usaba.
Aburrida
de sentarme allí, decidí ir al agua a acompañarlo. Me incliné para quitarme los
zapatos y los calcetines. Cuando me agaché, mi sostén se desenganchó del broche
y descendió un poco dejando expuestos mis pezones. “Mierda”, murmuré al darme
cuenta de que estaba básicamente expuesta a cualquiera que me mirara. Mientras
me enderezaba, podía mirar a mi papá y mi mirada quedaría oscurecida por mi
cabello que cubrió mi cara hasta que lo hice hacia atrás.
Mi
mente estalló cuando vi a mi padre apartar la mirada mientras me enderezaba. “Me
había estado mirando”, exclamé en mi mente. Mi corazón se aceleró con la idea,
el conocimiento de que mi papá había estado mirando mis tetas. Me dio la
espalda mientras estaba parado en el agua. Me daba vueltas la cabeza y mis
hormonas tomaron más control. Llevé las manos a mi espalda y arreglé mi sostén,
entonces comencé a caminar hacia el agua. Me detuve un momento mientras
consideraba mi siguiente acción. Mi corazón latía con fuerza mientras caminaba
hacia mi papá. El agua se hizo más profunda entre ambos. Murmuré, “Está más
fría que lo que pensaba”. Miré en ese momento para ver a mi padre girando hacia
donde yo me encontraba. Nerviosa por cuál podría ser mi siguiente acción, di un
paso en falso. Me resbalé justo cuando mi papá me vio y me caí al agua.
El
agua me sorprendió cuando me sumergí por un momento. Me levanté rápidamente
mirando hacia arriba para que mi cabello quedara fuera de mis ojos. Cuando mi
cintura se estaba por sobre el nivel del agua, pude sentir como mi calzón,
mojado y pesado, se deslizó de mis caderas, hasta mis tobillos. Al recuperar el
equilibrio, me agaché y lo levanté rápido, demasiado rápido. Los puse apretado
contra mi sexo. Luego miré a mi papá y vi que tenía los ojos muy abiertos
mirándome, aun mirando directamente a mi sexo que hace segundos había quedado
expuesto a sus ojos. Me quedé quieta, pero sostuve mi calzón bien apretado
contra mí... demasiado apretado para la delgada tela. el costado se rompió y mi
mano derecha se liberó de él.
Mi
mano se deslizó libre cuando el costado se rompió e hice la fuerza con la mano
izquierda. El lado roto volteó hacia abajo y la tela que cubría adelante y
atrás dejaba expuestos tanto mi pubis y el poco bello que tenía y mi poto. Me
quedé quieta, congelada y miré a mi papá. Miré a mi papá mientras mi calzón se
deslizó por mi pierna. Estaba mirando directamente a mi sexo. Entonces lo noté.
Era imposible no notarlo en su pantalón corto ajustado. Mi papá estaba duro.
Miré a papá y nuestros ojos se encontraron. Me sonrojé y sonreí, luego dejé de
intentar subir el calzón y lo dejé caer y flotar. Mi corazón estaba acelerado.
Mis hormonas se hicieron cargo de mi cuerpo. Quería decir algo, pero no pude.
“Dani,
no pude evitarlo”, dijo papá mientras miraba hacia abajo para reconocer su
erección. “Está bien papi. No me importa”, dije y mirando su entrepierna. “Tal
vez deberíamos salir del agua”, sugirió papá. Cuando papá se acercó a la orilla,
me miró para decir algo más, pero se resbaló y cayó de poto. Di unos pasos hacia
mi papá para ayudarlo a levantarse. Cuando llegué a él, levantó la vista entre
mis piernas. justo en mi sexo.
Caminamos
hacia la orilla y llegamos a la roca donde me había sentado anteriormente y
papá dejó la mochila. “Deberías quitarte los pantalones mojados”, le dije algo
nerviosa. Mi corazón latía con fuerza. De no ser por el sostén en ese momento
yo hubiese estado desnuda junto a él. Papá empezó a desabrocharse los
pantalones cuando dijo, “Deberías cambiarte tú también”. Mis ojos se abrieron
en un instante cuando mi papá sugirió lo que entendí que significaba que me
quitara el sostén. Estaba distraída de lo que decía mientras prestaba atención
a cómo se quitaba el pantalón. Miré directamente a su bulto debajo de sus
calzoncillos. No pude evitar compararlo con Alejandro, ya que la noche en que
le hice sexo oral no pude verlo por lo oscuro que estaba. Miré desde sus
calzoncillos a su rostro, parpadeé rápidamente al encontrarse nuestros ojos y
miré hacia abajo.
Entonces
sucedió. Llegamos a la línea que no deberíamos cruzar. No consideraba que
hubiésemos cruzado la línea anteriormente ya que lo que le hice fue cuando él
estaba borracho y medio dormido. En ese momento no me importaba nada más que
mantener la emoción, mantener la energía eléctrica corriendo por mí era todo lo
que quería. Tuve que alimentar a la bestia dentro de mí.
Papá
se agachó y se quitó los calzoncillos, dejando al descubierto su pene duro,
corto, aunque gordo. Miré. Yo empecé. Papá me vio observando su pene. Me quité
el sostén, exponiendo mi pecho. Ahora estaba desnuda frente a mi papá. Papá me
miró de arriba abajo y alcanzó y agarró su pene. Luego se contuvo, diciendo,
“Mierda, Dani. No hagas eso”. Se apartó de mí y se volteó.
“¿Te
gusta mirarme?”, le pregunté. Papá miró hacia atrás. Me miró a los ojos. “Es
difícil para un hombre", dijo papá. “¿Cómo?”, le pregunté rápidamente. “El
sexo cambia a un hombre, o a una mujer como tú, y cuando cambias, harás casi
cualquier cosa sexual... con casi cualquier persona”. Papá me miró de arriba
abajo. “Me siento igual que tu”, respondí y volví a mirar el pene de mi padre y
luego volví a mirarlo a los ojos. “Haría cualquier cosa ahora mismo”, dije sin
parpadear.
Papá
se volvió para mirarme completamente. Su pene duro como una roca se levantó
apuntando directamente hacia mí. Agarró su pene otra vez y lo masturbó. “No hay
nada que no quiera hacerte ahora, Dani. Te he estado mirando, anoche soñé
contigo y ...”, dijo mientas acariciaba su pene. “Qué papi, dime ... dime, ¿Qué
estás pensando ahora?”, respondí con una voz débil, ahí de pie desnuda
acercándome a él. Papá dio un paso más cerca, acariciándose. “No debería
decírtelo, no deberías escuchar esto de tu papá”, dijo angustiado.
Sonreí
ampliamente y luego dije, “¿No debería escuchar que quieres verme así?". Dicho
esto, me puse de rodillas frente a él. Lo miré hacia arriba y continué, “¿Así?”.
Abrí la boca y saqué mi lengua afuera.
“¡Ohh!”,
papá gimió y eyaculó. Me quedé impactada. Me sorprendió. Dejó salir una larga y
espesa corriente de semen de su pene duro y dio a parar en mi boca, en mi
lengua y labios. Me estremecí sorprendida y cerré la boca, luego otro largo
disparo estalló y aterrizó en mi mejilla, labios y frente. “Dani”, papá gimió
de nuevo. Me recosté instintivamente. Luego, un tercer chorro de esperma salió
disparado de su pene sobre mis tetas... luego dos chorritos más pequeños aterrizaron
en mis tetas y estómago.
Miré
a papá, su semen todavía en mi boca. Semen cálido en mi cara, tetas y otras
partes. Parpadeé y sonreí lo mejor que pude con su semen en mi boca. Me miró y
luego tragué. Tragué un poco para que pudiera verme tragar su semen. Sus labios
movieron hasta formar palabras, “Oh, Dani”. Terminé de tragar y sonreí.
“¿Fue
esa una de las cosas en las que estabas pensando?”, dije entre risitas.
DÍA 1 PARTE 2
Papá y yo nos vestimos en
silencio. Los pensamientos y la euforia de lo que acababa de pasar todavía
estaban frescos en mi mente. Todavía estaba emocionada por eso. Al ver el pene
de mi padre duro como una roca, verlo sujetándola mientras me miraba, miró mi
sexo expuesto. Luego a mí cuando me arrodillé. Luego cuando explotó y una
enorme corriente de su semen voló en mi boca y en mi cara. Escucharlo gemir
mientras descargaba su semen en mí fue algo que nunca olvidaré.
Debido a que mi calzón se
había perdido en el río, tuve que usar el pantalón de buzo sin él. Miré a papá
mientras él se ponía las zapatillas y se preparaba para regresar a casa. Alcancé
un poco de tiempo para ver si su pene todavía estaba al menos semiduro por lo
de antes, así fue. Fue emocionante saber que todavía estaba algo duro al
mirarme.
La caminata de regreso a
casa transcurrió sin incidentes. Me sentía un poco culpable por haber puesto a
mi padre en una situación imposible, así que no hice nada que pudiera despertar
sus deseos nuevamente. Pero una vez que llegamos a casa, las cosas comenzaron a
calentarse inesperadamente. Cuando llegamos a casa vimos que había varios otros
allí en sus autos que estaban estacionados en fila frente a la casa del vecino.
Los más cercanos a nuestra casa eran dos grupos de dos hombres y una familia de
tres, una madre, un padre y una hija de mi edad. Podía sentir los ojos del uno
de los hombres y del padre sobre mí cuando llegamos a casa. Yo regresaba a casa
con el pelo mojado, usando la camiseta sin sostén y del pantalón se había
descompuesto el elástico durante el regreso, por lo que cada par de pasos
descendía dejando visibles gran parte de mi poto y algo del bello que cubría mi
pubis. Estas prendas tenían la consecuencia involuntaria de afectar a los
hombres que me notaban de una manera que había planeado afectar a mi padre; Estaba
llamando su atención.
Hice un contacto visual
casual con los hombres que veían, sin querer ser grosera. Les sonreí y me
devolvieron las sonrisas. Pero cuando miré en dirección al padre, vi que estaba
concentrado en mi pantalón. Aparté la vista antes de que él viera que me había
dado cuenta. Pero hice que valiera la pena. Sintiendo la emoción que regresaba
cuando estaba tentando a mi padre, me di vuelta y me incliné un poco para desabrochar
y volver a abrochar los cordones de una de mis zapatillas. Sabía lo que iba a enseñar.
Justo antes de levantarme, miré a mi papá a los ojos, él sabía lo que estaba
haciendo. Me mordí el labio y sonreí cuando mi papá me sonrió.
Más tarde esa noche no
pude reprimir los pensamientos de la caminata. No pude resistirme a pensar en
si papá aún tenía los pensamientos de esa tarde. Sabía que estaba en la sala de
estar viendo la televisión, así que me puse un calzón y una camiseta sin mangas
muy delgada con la que duermo cuando hace calor. Me recogí el pelo en una cola
de caballo y me dirigí a la cocina, que estaba al lado de la sala de estar.
Mi corazón latía con
fuerza porque no estaba segura de sí mi padre reaccionaría enojado conmigo o si
podría ignorarme a mí y a la situación, o sería algo distinto. Llegué a la
cocina y mi papá miró hacia atrás y dijo, “Oye”. “Oye”, dije de regreso y luego
le di la espalda, y dándole una vista de mi poto y del calzón que lo cubría. Mi
corazón se aceleró.
Después de tomar un vaso,
lo llené con agua y caminé a la sala donde mi papá se encontraba, para ver lo
que mi padre estaba mirando en la tele. No era algo entretenido, así que le
pregunté si podía cambiar el canal, a lo que no puso objeción. Cambié canales
hasta llegar a MTV, viendo videos musicales en que vi coreografías muy
seductoras. Me sonrojé un poco al ver bailar a las mujeres en sus pantalones
cortos, era el video de la canción Dirty de Christina Aguilera. Miré hacia
abajo y vi que en los pantalones de papá se levantaba un bulto.
“¿Crees que ella se ve
bien?”, pregunté. Luego complementé diciendo, “¿Te gusta cómo se viste y cómo
baila?”
“Me encanta como se viste
y se mueve”, respondió en un murmullo. En ese momento una de las bailarinas se
giraba y abría las piernas en el video, era un momento tenso entre nosotros y
el silencio que siguió no ayudó a relajar el ambiente.
“Podría usar algo así o
mejor si quieres que lo haga”, dije suavemente insegura de sí misma. Papá me
miró y noté como inspeccionaba mi cuerpo con la mirada para finalmente
contestar, “Veamos cómo lo haces”. Mi corazón se aceleró de ansiedad al oír su
respuesta. Sonreí, giré y me dirigí a mi habitación.
Me miré en el espejo
mientras me probaba una falda muy corta y delgada, un top de bikini y medias
hasta la rodilla. Para un efecto más dramático me puse lápiz labial rojo
brillante y el maquillaje de ojos oscuros de mi hermana. Mi corazón latía
rápido mientras miraba e imaginaba cómo reaccionaría mi padre cuando me viera.
Antes de volver con el me di cuenta de que en realidad no llevaba ropa interior
debajo de la falda, así que regresé a mi habitación a ponerme la tanga de hilo
en T que había llevado puesta al mall esa misma mañana.
Mientras bajaba las
escaleras hacia la sala ya no escuchaba música, sino algo inesperado. Entré en
la sala de estar y vi a mi padre en el mismo lugar, pero había movido el
computador de la casa a la sala, el computador que usaron mis hermanos y al que
yo no tenía permitido tener acceso. Desde mi posición en las escaleras pude ver
la imagen que había en la pantalla: ¡PORNO!
Sentí un hormigueo
inmediato en todo mi cuerpo cuando miré a la pantalla y vi a un hombre mayor
que mi padre que se sobreponía a una mujer más joven, ¡una mujer que parecía de
mi edad! Di unos pasos bajando por la escalera y mi boca se abrió de golpe
cuando vi a la mujer abrir las piernas y exponerle el sexo depilado al hombre.
Mi papá estaba obsesionado con la pantalla. Entonces apareció el pene duro del
hombre y lo vi moverlo hacia el sexo de ella y presionar la punta hacia ella.
Era tan grande como el de Alejandro, es decir, mucho más grande que el de papá.
Estaba sin aliento de emoción mientras miraba.
Entonces escuché a la mujer
en la pantalla decir algo con un acento español que me envió una carga
eléctrica por la espalda. Ella dijo, “Está bien papá, quiero que lo hagas”. Oh,
mierda, mi padre estaba viendo porno de un padre a punto de tener sexo con su
hija. Miré mientras el hombre empujaba su gran pene en ella. Vi como ella
agarraba las sábanas mientras lo llevaba dentro de ella. El hombre gimió, “Oh,
mierda, oh, mierda, te sientes bien. Oh joder, estás tan apretada”.
Miré a mi padre y vi que
tenía la mano dentro de sus pantalones cortos, estaba acariciando su pene
mientras veía a este padre teniendo sexo con su hija. Me acerqué más. Vi como
el papá empujaba su pene por completo dentro de su hija y le gemía, “Estoy
completamente dentro de ti”. Luego se echó hacia atrás y la empujó. Entonces,
una y otra vez, él empujó y murmuró, “Estás demasiado apretada, oh, carajo, no
voy a durar”. Luego ella le murmura: “Está bien, córrete dentro de mí”.
Mi mente estaba
entumecida por la euforia de lo que estaba viendo. Era mi primera vez viendo
porno y resultaba ser porno de incesto, que era el mismo que mi papá miraba en
ese momento. Era igual que ver porno con mi papá. El padre gimió de regreso, “Oh,
no debería, no debería correrme dentro de ti”. Ella gimió de vuelta, “Córrete
dentro de mí, corre dentro de mí, corre dentro de mí papá, corre dentro de mí”.
Entonces lo hizo. Él la empujó con fuerza y sostuvo su pene profundamente dentro
de ella y gimió mientras se tensaba, “¡OH, MIERDA!, ¡ESTOY VINIENDOME!”. La
cámara cambió a una toma de su pene profundamente en ella desde atrás, sus testículos
apretados contra ella, su pene palpitando. Sabía que con cada pulso de su pene
disparaba su semen dentro de ella. Estaba presionado demasiado dentro de ella.
Entonces escuché a papá
murmurar, “Oh, sí. Hazlo adentro”. Vi como el hombre terminaba y se relajaba,
luego él la apartó y la cámara se enfocó en su sexo mientras su semen se
escapaba de ella, prueba indiscutible de que el acababa de llenar a su hija con
su semen. Me acerqué más. Papá me vio y me miró. No hizo ningún esfuerzo por
ocultar que me estaba mirando de arriba abajo. Lentamente subió por mis piernas
y se detuvo en mi falda corta, luego miró mi estómago expuesto y se detuvo en
la parte superior de mi bikini. Luego me miró a los ojos. Estaba congelada con
lo que acababa de ver. Miré a mi papá sin palabras.
“Ven aquí conmigo, Dani”,
dijo para romper la tensión. Lentamente bajé la escalera, con la mente en
blanco y no tan emocionada como lo había estado en la tarde cuando había
tratado de tentarlo. Muy nerviosa, pero tratando de parecer confiada, caminé
hacia él meneando las caderas hasta que finalmente me paré entre el y la
televisión. En un movimiento osado y para demostrarle lo atrevida que podía
llegar a ser, giré rápidamente haciendo que se me levantara la falda y
enseñándole brevemente mi tanga. Mi cuerpo se estremeció mientras giraba en un
círculo frente a mi padre, sabiendo que mi falda se levantaría y le dejaría ver
mi tanga. Busqué su reacción cuando lo enfrenté de nuevo. Me mordí el labio
nerviosamente, luego tragué. Mi papá me miró. Pude ver la lujuria en sus ojos.
“Levántate la falda”,
dijo mi padre con una voz directa y dominante. Pasó un segundo mientras
procesaba su tono, su solicitud. Luego levanté la falda. La levanté alto para
que él pudiera ver todo lo que quisiera de mi tanga y cintura. Sentí que estaba
temblando mientras estaba allí mirando a mi papá ver mi tanga. Mi corazón latía
con fuerza mientras veía a mi papá mirándome, mirando cómo mi tanga abrazaba mi
sexo mientras se frotaba el pene. Sabía que me estaba sonrojando y una sonrisa
apareció en mi rostro. Giré un círculo lento para que pudiera ver cómo se me
veía el poto. Le di la espalda para que pudiera comprobar con sus ojos como
lucía mi poto con la mínima tela que lo cubría. Sabía que él podría ver
claramente cómo un hilo delgado encerraba mi cintura y de él se desprendía otro
hilo igualmente delgado formando una T que se perdía entre mis nalgas.
Papá volvió al computador
que había movido a la sala y tecleó hasta que la canción Dirty de Christina
Aguilera comenzó a sonar. Me miró y supe lo que quería. Quería que bailara de
manera sensual para él. Comencé rodando mis caderas mientras bajaba mi falda.
Balanceándome y moviendo mis caderas cada vez más al ritmo de la música hasta
que estuve lo más coordinada posible. Girando mis caderas sacudiendo mi trasero
mientras me giraba. Luego, en la mesa frente a papá, separé las piernas
formando una V. Me recosté en la mesa y giré terminando sobre mi estómago.
“Muy bien”. escuché a mi
papá murmurar. Miré a mi papá. Se puso de pie y me miró mientras yo abría y
cerraba las piernas y giraba sobre la mesa. Mi falda se levantó, mi tanga
expuesta. Mis ojos se abrieron de par en par cuando vi lo que mi padre hizo a
continuación, lo vi desabrochándose los pantalones. “¿Sabías que Christina tuvo
sexo con todos los bailarines de ese video?”, dijo mi papá mientras se
desabrochaba los pantalones, lo que era solo una mentira. Mi respuesta no pudo
haberlo dejado más sorprendido. “Yo también lo habría hecho”, le dije de manera
sensual mirándolo a los ojos. Luego dejé de girar y me recosté nuevamente de
espalda sobre la mesa y abrí las piernas nuevamente. Terminó de abrir sus
pantalones exponiendo su pene duro a su hija. Se quitó los pantalones y se
acercó lentamente hacia mí.
Observé el pene duro de
mi padre mientras él me miraba. Estaba loca con las hormonas corriendo
salvajemente en mí. No me importaba que fuera mi papá, no me importaba que
seguramente él creía que yo era virgen, solo me importaba aplacar el deseo que
ardía en mí. Me mordí el labio seductoramente. Papá vio y se arrodilló entre
mis piernas. Observé mientras miraba mi tanga y luego la agarró. “Levanta las
caderas”, dijo. Cerré mis piernas y levanté mis caderas. Me quitó la tanga.
Soltó un gemido cuando vio mi sexo. Pasó sus manos por los costados de mis
piernas hasta mis caderas. Me miró a los ojos y dijo, “Abre las piernas lo más
que puedas”. Lo hice. Pensé que podría desmayarme de aturdimiento mientras
extendía mis piernas por orden de mi padre. Esto no era como el sexo con Carlos
o el increíblemente placentero sexo con Alejandro, esto era sexo con alguien
que había conocido toda mi vida, era algo más íntimo Lo miré poner su mirada fijamente
en mi sexo cuando quedó expuesto. Miré el pene de mi padre, a centímetros de
distancia, duro, brillante goteando en la punta.
Papá se movió entre mis
piernas, su pene colgaba sobre mi sexo. La parte delantera de sus muslos
tocando el interior de los míos. Mi papá luego extendió la mano y me quitó la
parte superior de bikini. Él dijo, “Ya no necesitas esto”. Lo quitó y expuso
mis tetas, las miró y dijo, “Eres hermosa”. Aparte de mi corta y delgada falda
alrededor de mi cintura, estaba desnuda acostada en la mesa donde cada mañana
comíamos el desayuno, con las piernas abiertas y mi padre desnudo arrodillado
entre ellas. “¿Realmente dejarías que todos esos hombres del video tengan sexo
contigo?", preguntó mientras me miraba a los ojos por sobre mi sexo.
“Las veces que ellos
quisieran y durante el tiempo que quisieran”, respondí osada. Mi papá me agarró las caderas y me levantó un
poco de la mesa. Dejó escapar un grito ahogado. Entonces sentí la punta de su
pene tocar mi sexo. Mis ojos ardieron. Bajé la vista y miré. Mi padre también
estaba mirando mientras apretaba mis caderas con fuerza y movía la punta de su
pequeño pene sobre mi sexo, untando su liquido pre seminal por todas partes
hasta que me separó lo suficiente como para saber que estábamos alineados a la
perfección. Luego empujó su pene hacia adelante y tiró de mis caderas hacia él.
“MIERDA”, exclamó
mientras gimió y mientras presionaba contra mi sexo. “DANI”, gimió de nuevo
mientras se relajaba por un segundo, luego empujó de nuevo y trato de empujar la
punta dentro de mí. Me miró directamente a los ojos y empujó más. Me estremecí pensando
en que entraría en mi si no lo detenía. Una vez más empujó su pene, pero este
resbalaba y sólo lograba frotarse con mi sexo, siendo placentero para ambos,
pero aun sin haber penetración. Me miró mientras empujaba desesperadamente.
Tenía la boca abierta y gimió bajo, “Mi amor, no podemos hacer esto”.
Agarré el borde de la
mesa cuando siguió tratando de entrar en mi de todas formas. Miré desde su cara
hacia mi sexo. Él estaba en mí y tuve que ver. Se echó un poco hacia atrás y
luego empujó hacia mí y gimió, “OH DANI NO PUEDO AGUANTAR MÁS”. Me encantó
escuchar a mi padre gemir con tanto placer. Me sentí tan viva sabiendo que
sentía mucho placer, aunque no fuera dentro de mí. Entonces levanté un poco las
caderas, como lo había hecho la mujer del porno. Papá gimió su aprobación y al
embestirme casi logra entrar en mí, sentí la cabeza de su pene encontrar la
entrada de mi sexo, pero resbaló fuera nuevamente. Estaba muy excitada, más por
el tabú de lo que estábamos haciendo que del resbaloso rose de su pequeño pene
sobre mi sexo.
Lo animé a que cruzara la
línea, “Métemelo, papi”. Le di permiso para lo que de alguna manera sabía que
quería hacer. “Está bien papi. Puedes metérmelo como se lo harías a Christina, como
la mujer del porno, o cómo se lo harías a mi mamá”, le supliqué entre nuestros
gemidos. Recordarle a mi mamá pareció tener el efecto contrario en él, dejo de
empujar tan vigorosamente y se detuvo un momento. “No podemos hacer esto”, dijo
en voz baja. Sabía que mi papá nunca me lo sacaría una vez que estuviera
adentro, sólo necesitaba un pequeño empujón. En ese momento cerré mis piernas
alrededor de sus caderas para acercarlo a mí, pero sólo logré que se tropezara
sobre mí y su pene volviese a rozar mi sexo. Esta vez no pudo evitar eyacular,
disparar sus chorros de semen sobre mi estómago y ahí nos quedamos unos
minutos.
Después de un rato se
levantó, se vistió y me pidió perdón. Yo me quedé acostada un rato más mientras
lo escuchaba subir las escaleras hacia su habitación. Yo seguí ahí con la
mirada perdida, sintiendo como su semen escurría sobre mí. Al ponerme de pie lo
sentí bajar por mi sexo, para terminar, goteando de mí. Recogí las prendas que
me había quitado. Apagué el computador que mi papá había dejado encendido y
apagué todas las luces en casa para irme a dormir. Ese fue el fin del primer
día en que mi padre y yo tuvimos un acercamiento sexual.
DÍA 2
“Dani, ¿por qué no te sientas en la cama?”, me
dijo mi papá con voz suave al día siguiente, después de haberme llamado a su
habitación. Caminé hacia la cama y tomé asiento antes de girarme hacia él. Yo
estaba nerviosa mientras lo miraba. “Mi amor, relájate. Todo está bien”, dijo
mi papá mientras sonreía.
“Papá,
¿qué está pasando?”, le pregunté inocentemente a mi padre mientras me relajaba
un poco. “Mmm”, comenzó y respiró hondo. “En primer lugar, tenemos que hablar
sobre lo que pasó anoche”, dijo y me miró a mí, su hija mientras yo estaba sentada
allí vestida con una camiseta blanca y jeans. “Papá, yo no sé qué estaba
haciendo cuando...”, traté de responder con lágrimas en los ojos hasta que me
interrumpió.
“No hiciste nada
malo, mi amor, pero quiero que hablemos sobre lo que estamos haciendo aquí”,
dijo y respiró hondo de nuevo. “Lo que pasó me hizo pensar que eres una niña
aun y no sabes de estas cosas”. Continuó nervioso, “Sé que eres muy inteligente
y no me preocupa cómo te va en el colegio. Lo que me preocupa es que hagas lo
mismo de anoche siendo tan joven”. Noté que ambos estábamos nerviosos y yo
simplemente estaba sentada allí, mirándolo mientras hablaba. “Imagino que casi
todas tus amigas tienen pololo. Creo que ya tienes pololo, aunque no sé si
tienes experiencia con hombres. Es por eso que antes de que cometas cualquier
error...”, mi papá hizo una larga pausa antes de continuar, “Quiero que tengas
relaciones sexuales por primera vez”.
“¿Sexo?”,
pregunté sorprendida y miré a mi padre directamente a los ojos. “Sí, sexo
conmigo”, dijo mientras mi corazón se aceleraba. “¿En serio?”, pregunté
mientras miraba a mi padre perpleja. “En serio”, me dijo antes de añadir, “Pero
solo si quieres”. “Está bien”, dije de manera casi instantánea. “¿De verdad?”,
preguntó mi papá casi perplejo por la forma casual en que había accedido a lo
que me había dicho. “Está bien, tengamos sexo”, dije. “¿Estás segura?”,
preguntó con un tono de voz algo más angustiado que sorprendido. “Sí”, le dije
a mi padre tratando de sonar un poco más confiada. Antes del pedido de
Alejandro no había visto a mi papá (quizás mi papá biológico) de forma distinta
a la que una hija a un padre. Debido lo que compartimos la noche anterior me
encontraba en una situación en que, junto a mí, mi papá quería tomar mi
virginidad ya perdida hace tiempo.
“Está
bien”, dijo con una mezcla de vergüenza y emoción. Luego se desabrochó
lentamente el cinturón, se lo quitó y lo colocó en el escritorio detrás de
él. Guardé silencio y observé a mi padre
comenzar a desvestirse frente a mí. Se quitó los zapatos, los colocó junto a la
puerta y rápidamente se desabotonó la camisa, colocándola sobre el escritorio. Miré
su pecho peludo mientras se desabotonaba los jeans y se los bajaba. Papá se
paró frente a su hija con sus boxers grises sueltos por solo un segundo antes
de tirar de ellos hacia abajo y salir de ellos, exponiendo su pene. Miré
atentamente su cuerpo desnudo y su virilidad. Tenía el vello púbico grueso en
la base de su pene. Él se quedó allí sin vergüenza mientras su hija lo
inspeccionaba. Yo estaba muy excitada y sentí un calor crecer entre mis piernas
mientras lo miraba. Yo ya tenía experiencia en el sexo, pero esta situación
padre-hija estaba lejos de lo que había hecho hasta hace dos días.
“Mi
turno”, dije y me levanté. Sentí una necesidad incontrolable de mostrarme a mi
padre, y comencé a desnudarme con solo unos pocos centímetros entre nosotros. Yo
estaba descalza mientras se quitaba rápidamente la camiseta blanca y los
pantalones mientras mi padre observaba. Podía verlo ponerse duro mientras
miraba a su hija con su sostén amarillo y calzón blanco. Me quede allí por unos
segundos, disfrutando de la sensación de mi padre mirándome con anticipación
antes de que desabrochara mi sostén y lo dejara caer al suelo. Luego me bajé el
calzón y lo dejé caer al suelo antes de enfrentar a mi padre en toda desnudez.
Papá
me miró desnuda hasta que notó que yo miraba atentamente su pene. Solo entonces
se dio cuenta de que estaba completamente duro. El calor entre mis piernas
creció mientras miraba el pene de mi padre con la memoria del acto inconcluso
que había quedado la noche anterior. Observé cómo el miembro de aspecto grueso,
aunque corto de mi padre se hizo más duro, aunque no más largo y más grueso
hasta que estuvo completamente erecto. Yo sabía que un pene se agranda ante la
excitación sexual, pero el de papá sólo se había hecho más gordo. Era tan
grueso que no pensé que iba a encajar dentro de mí, pero eso solo la puso más
caliente.
Nos
miramos el uno al otro en silencio durante aproximadamente un minuto, cada uno
estudiando al otro antes de que papá hiciera el primer movimiento. Cerró la
brecha entre nosotros con dos pasos rápidos hasta que estuvo cara a cara con su
hija. Él miró mi rostro y luego se inclinó hasta que sus labios se encontraron
con los míos y comenzó a besarme hambrientamente.
Cerré
los ojos al sentir los cálidos labios de mi papá sobre los míos. Yo le devolví
los besos lo mejor que pude, aceptando sus labios con placer y acariciando los suyos
hasta que mi padre me sorprendió.
“Mmmm”,
arrullé en la boca de él cuando inesperadamente me metió la lengua en la boca. Sentí
una sacudida de placer cuando la lengua de mi papá se encontró con la mía y abrí
los ojos sorprendida cuando él comenzó a explorar mi boca con la lengua.
Después de unos minutos de besos intensos, lo interrumpimos por un poco de
aire.
“Wow”,
dije todavía sin aliento y miré a mi papá mientras él hacía lo mismo. Tan
pronto como recuperé el aliento, puse ambas manos alrededor del cuello de mi
papá y lo jalé para darle otro beso, metiéndole la lengua en la boca al igual
que él lo hizo conmigo. Continuamos besándonos un poco más antes de que papá
finalmente lo interrumpiera y se sentara en la cama para recuperar el aliento.
Su pene estaba duro como una roca, y no podía mantener sus ojos lejos de las
tetas de su hija.
“Creo
que te has acostumbrado a besarnos, lo haces muy bien”, dijo y se subió a la
cama. “Ven y seguiremos”, dijo acariciando la cama junto a él. Obedecí a mi
padre y rápidamente me subí a la cama, tomando asiento a su lado. “¿Está bien
si te toco?”, preguntó con cautela con los ojos pegados al pecho de su hija.
“Claro
papi”, dije con voz infantil y observé a mi padre agarrar mi pecho. Gemí
tímidamente cuando mi padre me apretó la teta y comenzó a jugar con mi pezón.
Pasó su pulgar sobre él, pasó su dedo índice alrededor y lo pellizcó suavemente
antes de acercar su boca y chupar mi pezón con hambre. Gemí en voz baja
mientras mi padre chupaba mi pezón rosado. Lo chupó durante unos segundos ante
los gemidos mis antes de pasar a mi otra teta. Le dio a mi segundo pezón un
pequeño movimiento con la lengua y se aferró a él también.
“Dani,
tienes las tetas más hermosas”, dijo después de soltar las tetas de su hija, “Ahora
acuéstate y déjame cuidar de esa linda y pequeña vagina tuya”. “Está bien papá, eso haré”, dije suavemente.
“No te preocupes bebé, te haré saber antes de meterlo. Por ahora, solo quiero
probarte”, dijo y después de que me acosté, se levantó de la cama y se acercó a
mí. “Eres hermosa”, dijo mientras me miraba acostada allí desnuda. Él se paró a
mis pies y lentamente los separó para revelar mi sexo presuntamente virgen rosado.
Debió parecerle tan apretado que tuvo que tocarse brevemente antes de tomar su
lugar entre mis piernas.
Miré
a mi padre fascinada y observé cómo él colocaba sus fuertes manos sobre mis
suaves muslos y los separaba un poco más. Un escalofrío me atravesó cuando él me
agarró por los muslos y pasó las manos por ellos, moviendo sus palmas rugosas
hacia arriba y hacia abajo por mi piel, cada vez que llegaba a mis exteriores y
luego hacia abajo. Él acarició mis muslos así unas pocas veces antes de poner
su cabeza entre mis piernas. Yo podía sentir el cálido aliento de mi padre en mi
vulva y sentí otra oleada de emoción mientras él inhalaba el aroma de mi
delicada flor.
“Oooh
papi”, le susurré a papá mientras colocaba la punta de su lengua sobre su vulva
y la rozaba a lo largo de mi raja ‘virgen’. Se sintió tan bien que cerré los
ojos instintivamente mientras mi padre subía por mi hendidura hasta llegar a mi
clítoris y provocarlo suavemente con su lengua. “Sí”, dije con un gemido y
observé a mi padre mientras él comenzaba a reducir la velocidad de su lengua de
un lado a otro a lo largo de mi sexo, dándome una lamida placentera al clítoris
cada vez que lo alcanzaba.
Papá
se perdió por completo en el sexo joven de su hija. Comenzó acariciándolo
suavemente para ver mis reacciones, y después de escuchar crecer mis gemidos,
empujó su lengua más profundamente dentro de mí. Parecía encantarle lo húmedo y
apretado que estaba el sexo de su hija y, después de probarlo rápidamente,
acercó ambas manos a mi sexo y abrió lentamente los labios, lo que le permitió
meter la lengua más profundamente y saborear mis jugos sexuales.
“¡Oh,
papá, sí!”, grité cuando mi padre empujó su lengua profundamente en mi vagina. Empujé
mi pelvis contra la lengua de mi padre y dejé escapar otro largo gemido
mientras él movía su lengua dentro de mí. Papá pasó los pulgares por mis labios
vaginales con la lengua aún dentro de ella y luego movió un pulgar hacia mi
clítoris y comenzó a rodearlo. Sentí un extraño sentimiento acumulándose dentro
de mi mientras mi padre frotaba mi sensible y pequeña punta. Papá frotó mi
clítoris por unos segundos antes de que él le acercara la lengua y comenzara a
lamerlo. Sentí crecer la acumulación y mis gemidos se hicieron más fuertes con
ella. Observé a mi padre mientras él estimulaba mi clítoris con placer hasta
que, para mi sorpresa, cerró la boca y lo chupó con fuerza.
“Aaahhh”,
grité con sorpresa cuando una poderosa ola se apoderó de mi cuerpo, haciéndome
estallar en placer. “¡Oh, sí papi!”, grité cuando me golpeó esa ola, y comencé
a retorcerme en la cama, mientras mi padre seguía chupando mi clítoris. Grité, mis
piernas temblando cuando la sensación fluyó a través de mi cuerpo, tensándolo y
soltándolo con cada oleada. Después de un minuto se debilitó hasta que la
sensación desapareció por completo.
“¿Disfrutaste
tu primer orgasmo?”, preguntó papá con una sonrisa después de soltar mi
clítoris y mirarme mientras yo yacía allí brillando. Ese orgasmo no fue tan
poderoso, pero por los sonidos que estaba haciendo, mi padre asumió que era el
primero y que lo disfruté inmensamente. “Oh, fue increíble”, exageré para a mi
padre mientras respiraba pesadamente. “Nunca pensé que se sentiría así”, dije, “Me
he tocado antes y me sentí muy bien, pero nunca pensé que un orgasmo se
sentiría tan increíble”.
“Me
alegro”, dijo mirándome. “Avísame cuándo podemos continuar”, agregó y puso una
mano en mi muslo. Un momento después, Me senté en la cama y asentí con la
cabeza a mi padre. “Estoy lista”, dije y me arrodillé en la cama. Papá, que
estaba sentado al borde de la cama, me hizo un gesto para que me uniera a él.
“Una
cosa importante que debes saber es que cuando comienzas a tener sexo con un
hombre, hay otras cosas que puedes hacer sin tener relaciones sexuales”, me
dijo mientras yo escuchaba atentamente. “Hay otras maneras de darse placer
mutuamente, como lo que acabo de hacer para ti”, papá siguió diciendo y me miró
para asegurarse de que yo entendiera. Después de besarme y caer sobre mí, pareció
notar que podía hablar fácilmente sobre estas cosas sin sentirse avergonzado. “Lo
que puedes hacerle a un hombre es una paja o chupárselo”, dijo y notó que yo
estaba mirando su pene duro.
“Puedes
tocarlo”, dijo y lo miré y me sonrojé antes de alcanzarlo y agarrarlo. “Es tan
grande”, mentí mientras agarraba el corto pero gordo pene de mi padre con la
mano derecha. Apenas podía cerrar la palma a su alrededor, y después de
apretarlo, comencé a examinarlo. En realidad, estaba fascinada con el pene de
mi padre, mirando sus venas y moviendo la mano a lo largo de él. El dejó que yo
explorara su pene por un minuto y sentí como palpitaba en mi mano.
“¿Sabes
qué son las pajas y las chupadas?”, me preguntó. “Sí, más o menos”, respondí. “Está
bien”, dijo papá, “Quiero que practiques conmigo. Puedes comenzar y yo te voy a
guiar”, dijo y esperó a que yo comenzara. Comencé agarrando el pene de mi padre
con firmeza y acariciando suavemente el centro de él. Traté de aparentar que no
tenía idea de qué hacer. “¿Qué tal si comenzamos desde cero?”, dijo en un tono
tierno. “Primero, escupe un poco en tu mano para que quede resbaladiza. Se
siente mucho mejor y será más fácil para ti”, dijo y esperó a que yo escupiera
un poco en mi mano, agarrara su pene nuevamente y comenzara a acariciarlo. “¿Te gusta esto?”, pregunté y papá dejó
escapar un pequeño gemido.
“Sí,
eso es bueno”, dijo mientras mi palma se deslizaba fácilmente hacia arriba y
hacia abajo de su pene. “Mira lo fácil que es ahora”, añadió, y yo asentí. “Ahora,
quiero que uses tu mano para acariciar todo mi pene. Sube hasta la cabeza y
baja hasta la base” dijo, y yo hice lo que me dijo. “Un poco más lento”, dijo, “Eso
es todo, así de simple. Sube y baja lentamente. Ahora, si quieres que el hombre
eyacule antes, comienza a ir más rápido, y cuando sientas que se tensa o dice
que está a punto de eyacular, ve muy rápido y no te detengas hasta que termine”.
Papá
gimió cuando comencé a acariciarlo más rápido. “Lo estás haciendo bien”, dijo y
puso su mano sobre la mía, “¿Quieres intentar chuparlo ahora?”. “Claro papi”
dije y solté el pene de mi padre. Papá luego regresó a la cama y se acostó con
su erección sobresaliendo. Estaba esperando ansiosamente sentir los labios de
su hija sobre su miembro duro. Yo lo seguí rápidamente y me subí a la cama
detrás de mi padre. Yo agarré su pene en mis manos, lentamente bajé mi boca
hacia él, luego comencé a lamer la cabeza en círculos.
“Oh, sí”, dijo
papá y gimió cuando comencé a lamer su pene vigorosamente. Comencé simplemente
lamiendo alrededor de la cabeza y poco después me puse la punta en la boca y
comencé a chuparla. “Sí, lo estás haciendo muy bien”, dijo papá y gimió de
placer cuando envolví la cabeza de su pene con mis labios. Lo chupé y luego
volví a lamerlo como si fuera un cono de helado. “Ahora, quiero que empieces a
acariciarme mientras sigues chupando”, dijo papá y sintió que con dos dedos
comenzaba a masturbarlo mientras yo chupaba la punta de su pene, haciéndolo
gemir en voz alta, “Muy bien, ahora quiero que comiences a poner todo lo que
puedas dentro de tu boca y comiences a mover la cabeza. Trata de hacerlo lo más
profundo que puedas”.
Escuché a mi padre
explicar y traté de seguir sus órdenes. El pene de mi padre era tan grueso que
no sabía si pudiera caber mucho, pero lo intentaría. Con Alejandro había
practicado el sexo oral a juguetes o un pene largo, pero uno gordo era distinto.
Comencé con solo la cabeza en la boca, tomé otro par de centímetros y luego
volví a subir. En el siguiente intento, tomé otros centímetros, luego otros más
hasta que la mayoría del pene de mi padre estuvo dentro de mi boca. Podía decir
por los gemidos de mi padre que lo estaba disfrutando, pero también sentó que me
miraba para ver cuánto podía caber.
“Dani, eso se
siente tan bien”, dijo papá con un gemido cuando moví mi boca arriba y abajo de
su pene. Aunque tomé casi el pene completo en mi boca, seguí acariciando la base
como lo hice antes, tal como él me dijo. El grueso pene de mi padre ahora
llenaba su boca y lo deslicé a lo largo de mi lengua mientras seguía chupando a
mi padre.
Yo eventualmente
me acostumbré a la sensación de ese pene gordo en mi boca y comencé a meter
más. Reduje la velocidad, empujando el pene de papá un poco más cada vez en mi
boca. Lo tomé por completo hasta que sentí que estaba a punto de vomitar y
luego lo saqué hasta la punta.
Papá observó a su
hija y gimió de placer mientras yo intentaba seguir dándole placer con su pene
profundamente en mi boca. Casi me atraganté varias veces, pero lo saqué a
tiempo y logré continuar sin problemas. “Sí Daniela, sigue haciéndolo”, dijo
papá con un gemido cuando logré tomar nuevamente todo en mi boca. Podía sentir
su pene tocando la parte posterior de mi garganta brevemente y luego comenzaron
las arcadas.
Mi rostro se puso
rojo y comencé a toser mientras trataba de tomar el aire que tanto necesitaba.
Seguí sosteniendo el pene de mi padre en la mano, pero inhalé profundamente. “Lo
hiciste muy bien”, dijo mientras aún jadeaba por aire. “Estoy realmente
impresionado por lo bien que lo haces”, dijo papá y se sentó en la cama para
asegurarse de que su hija estuviera bien. Un minuto después volví a respirar
normalmente. Papá puso un dedo debajo de mi barbilla y la levantó para darme un
beso tierno en los labios.
“¿Quieres que
sigamos?”, preguntó. “Sí”, dije y asentí. Darle sexo oral a mi padre realmente me
excitaba y quería sentir su virilidad dentro de mí. Observé a mi padre mientras
él se movía a mi lado de la cama y se sentaba en el borde. Luego abrió un cajón
en la mesita de noche y sacó un pequeño envoltorio de plástico. “¿Es eso un
condón?”, pregunté. Nunca había visto uno por mí misma, mucho menos pensé que
mi padre fuera a utilizarlo conmigo durante el sexo, eso no estaba en los
planes.
“Así es, mira cómo
me lo pongo”. dijo y esperó a que me acercara. Abrió el envoltorio plateado y
le dio unos golpes a su pene con su mano libre antes de sacar la goma y colocarla
en la parte superior de su erección. “Dani, lo más importante cuando tienes
relaciones sexuales, es asegurarte de que estás usando protección. Siempre usa
un condón cuando tengas relaciones sexuales. No dejes que ningún hombre te
convenza de no usar uno. Si comienzas tomando anticonceptivos, luego puedes
tener relaciones sexuales sin condón, pero solo con un hombre que conozcas bien
y que sea limpio. ¿Entiendes?”, preguntó y me miró seriamente.
“Sí, papá, lo
entiendo”, dije y luego miré a mi padre mientras él ponía el condón en su pene.
“¿Estás lista para tu primera vez?”, preguntó y me miró con lujuria. “Acuéstate
de espaldas e intenta relajarte”, agregó después de que di mi consentimiento.
Mi corazón se aceleró cuando ocupé mi lugar boca arriba en medio de la cama de mis
padres. Podía sentir el calor húmedo irradiar entre mis piernas y extenderlas
un poco. No dolió sentir que mi padre me penetraba por primera vez, pero no
podía negar el miedo mientras veía su pene dura rebotar mientras él lo colocaba
entre sus piernas.
El pene de papá estaba
tan duro que palpitaba mientras mi mente procesaba lo que estaba a punto de
hacer. Agarró una almohada grande que descansaba sobre la cabecera y la colocó
debajo de mi cintura con mi ayuda. Podía oler mis jugos mientras goteaban
ligeramente de mí y usaba su pulgar para frotar suavemente mi sexo mientras
colocaba su palma sobre mi pubis.
"Comenzaré
despacio", le dijo papá a su hija mientras seguía frotando su vagina para
asegurarse de que se mantuviera mojada "Probablemente se sentirá un poco
incómodo al principio. Si quieres que disminuya la velocidad o deje de
decirlo", dijo papá y con eso alejó su mano y comenzó a moverse adentro.
Yo jadeé
cuando la textura gomosa del pene cubierto de mi padre tocó mi vulva. Levanté
la vista hacia los ojos de mi padre, luego bajé la mirada hacia su pene y gemí
cuando él lo agarró con la mano derecha y lo frotó varias veces a lo largo de mi
sexo. Observé hipnotizada mientras mi padre colocaba la punta de su virilidad
en la entrada mía y penetraba lentamente mi agujero ‘virgen’ adolescente.
Papá
respiró hondo mientras empujaba la punta de su pene contra mi. Él ya podría
sentir la tensión de mi vagina y dejó escapar un gemido mientras se enterraba
más profundamente en mi feminidad. Papá empujó aproximadamente un par de
centímetros de su grueso pene contra mí, sintiendo la presión sobre él crecer,
cuando sintió resistencia y se detuvo.
“Respira
hondo”, dijo papá y me miró a los ojos. Me escuchó respirar profundamente y
siguió mirándome directamente mientras lo empujaba un poco más fuerte. Notó que
su hija hacía una mueca, pero yo me quedé callada cuando él se volvió un poco
más brusco y siguió empujando lentamente toda su longitud hacia mí.
“Ooohhh”, gemí en
voz baja cuando mi padre me penetró y creyó haberme despojado de mi inocencia. Mi
vagina sintió un reducido placer cuando el pene de papá se acomodó dentro mío. Respiré
hondo mientras papá seguía su movimiento y miré su pene mientras lentamente
desaparecía dentro de mi sexo. “¿Estás bien?”, papá preguntó después de que toda
su longitud estaba dentro de mí. Tenerlo dentro fue un tanto decepcionante,
sentí que, aunque era algo gordo, no alcanzaba a medir ni la mitad de lo que
medía Alejandro, aunque aun así yo estaba excitada por este sexo prohibido.
Estaba tan cálido y húmedo que papá tuvo que calmarse.
“Ahora estoy un
poco mejor”, dije después de una larga pausa para tranquilizarlo mientras mi sexo
se ajustaba ligeramente al enano pero gordo intruso. Yo estaba sorprendida por
lo grueso que se sentía el pene de mi padre dentro de mí. Sentí que mi estiraba
tanto que parecía que mi sexo estaba en llamas. Papá se quedó quieto y dejó que
el sexo de su hija se ajustara. Esperó durante un minuto más o menos antes de
comenzar a retirarse lentamente, colocando sus manos alrededor de mi cintura de
y tirando de su pene hasta la punta antes de empujarlo lentamente hacia
adentro.
“¡Oh, papi!”, gemí
cuando mi padre volvió a meter su pene dentro de mí. Esta vez se sintió un poco
mejor, pero dolió ligeramente por su ancho. Levanté la vista hacia la cara de mi
padre y luego otra vez hacia abajo y observé cómo él comenzaba a mover
lentamente su pene hacia mí. “Oh papi, eso se siente tan bien”, exageré con un
gemido mientras mi padre seguía avanzando con largos y suaves empujones.
“¡Oh, Dani!”, dijo
con un gemido “No puedo creer lo apretada que estás”, dijo mientras empujaba su
furiosa erección en la joven y apretada vagina de su hija. Se aseguró de ir
despacio y seguir respirando mientras se sumergía en mí. Siguió yendo
lentamente a los gemidos crecientes de él y su hija. Podía sentir mi sexo
expandirse un poco, y cuando notó que su pene se deslizaba con bastante
facilidad dentro de mi sexo, comenzó a ir un poco más rápido.
“¡Sí, papá, sí!”, grité
en éxtasis cuando los empujes de mi padre se fortalecieron. “No puedo creer que
realmente estemos haciendo esto. No puedo creer que en realidad me hagas esto”,
dije con una voz quejumbrosa. Toda la incomodidad que sentía al principio se
habían ido ahora y dio paso al puro placer sexual.
Escuchó las
palabras que dije cuando pareció que una comprensión surrealista de la que
intentó alejarse lo golpeó. Estaba penetrando a su propia hija, su pequeña
niña, hundiendo su virilidad en mi dulce flor inocente. Sabía que lo que
estaban haciendo estaba mal, pero se sentía tan bien, y el hecho de que se
tratara de su hija lo estaba excitando perversamente mientras continuaba violándome
con lujuria.
“¡Si si SI SI!”, grité
cuando un orgasmo débil me golpeó. Cerró los ojos e incliné la cabeza hacia
atrás, mis piernas temblaron ligeramente cuando un pequeño orgasmo me tomó e
hizo que mi sexo se aferrara al pene de mi padre. Era pequeño y duró solo unos
segundos, pero se sintió bien. Abrí los ojos para ver a mi padre sonriendo y
yendo un poco más rápido.
Yo miré hacia abajo cuando la repentina ola de placer
terminó y observé a mi padre mientras él movía su mano hacia mi montículo
púbico después de comenzar a penetrarme con más fuerza. Lo observé pasar sus
dedos por mi vello púbico y comenzar a frotar mi clítoris con su pulgar. No
pasó mucho tiempo antes de que sintiera otro orgasmo.
“Oh, sí papi, aaahhh”, grité en voz alta y gemí cuando mi
joven cuerpo fue golpeado por otro orgasmo. Era más poderoso que el anterior, aunque
no tanto, y sentí que todo mi cuerpo temblaba con un placer tenue. Mi padre
dejó de frotar mi clítoris, pero continuó hundiendo su pene en mi sexo mientras
apretaba su pene con fuerza. Mi clímax seguía yendo hacia los hundimientos de mi
padre dentro de mí, y justo cuando sentí que estaba a punto de terminar, mi
padre comenzó a frotar mi clítoris nuevamente. Yo gemí y gemí, haciendo ruidos
guturales cuando mi padre extendió mi orgasmo, lo que me hizo arquear la
espalda cuando el insoportable placer se apoderó de mí. Él era bueno. No como
Alejandro, pero bueno.
El sacó el pene mi
cuando el segundo orgasmo consecutivo me golpeó. Él siguió frotando mi clítoris
con mis sonidos animales de placer, pero se apartó de mí, para poder calmar su pene.
Estaba preocupado de llegar al clímax también si mi apretado sexo continuaba
convulsionándose alrededor de su pene.
Dejó de tocar mi
clítoris y observó cómo mis hermosos senos subían y bajaban mientras intentaba
recuperar el aliento. Yo sentí que estaba flotando en una nube mientras mi
padre observaba cómo mi cuerpo se recuperaba de la experiencia sexual con su pene
aun completamente erecto.
“¿Estás lista para
continuar?”, papá preguntó después de que mi respiración se volvió regular. “Eso
fue increíble”, exageré aun sin aliento, “y sí, podemos continuar”. “Está bien,
quiero que intentemos otra posición”, explicó, “Quiero que te pongas a cuatro y
mires hacia la cabecera”. Observó a su hija mientras yo rodaba sobre mi
estómago y me ponía a cuatro patas en la cama. Él miró mi pálido culo apretado
y mi sexo asomándose debajo de él, la vista lo excitó y mantuvo su pene duro.
Le dio un apretón a mi trasero, lo que me hizo saltar y soltó una risita antes
de tomar su posición.
Agarró mis muslos
y separó un poco mis piernas, lo suficiente como para que él se interpusiera
entre ellas y avanzara hasta que su pene cubierto por un condón me tocara el
trasero. Papá lamió los dedos de su mano derecha y me frotó el sexo y el
clítoris poco antes de agarrar su pene con la mano. Con una mano alrededor de mi
cintura, y la otra agarrando su pene, lo guio hacia mi abertura y colocó la
punta.
Yo gemí cuando sentí
la punta del pene de mi padre penetrarme nuevamente. Ansiaba sentirlo dentro de
mi otra vez y no me decepcioné cuando papá lo empujó. Mi sexo estaba tan
resbaladizo con sus jugos que, gracias a que el no era realmente grande, se
deslizó de manera notablemente fácil.
“Oh sí, papá, se
siente tan bien”, dije mientras mi padre empujaba su pene hasta mi sexo por
detrás. Se sintió mucho mejor que antes y gemí cuando mi padre me agarró por
las caderas con ambas manos y comenzó a bombear en mi apretado sexo, mientras
ambos gemíamos.
Yo me sorprendí
por lo bien que se sentía a pesar del pequeño tamaño de mi padre dentro de mi
cuando me tomó por detrás, y me encantó todo. “Puedes ir más rápido, papá”, dije
y cerré los ojos con placer mientras mi padre aceleraba sus embestidas hacia mí.
Podía sentir sus bolas golpear contra mi sexo y disfrutar de los sonidos de nuestros
cuerpos desnudos chocando en la dicha sexual.
Escuchó los
tentadores gemidos de su hija y se concentró en mi respiración mientras
intentaba prolongar su acto sexual. Él ya estaba haciéndomelo a un ritmo rápido
y comenzó a hacerlo aún más rápido, empujando su pene contra mí con fuerza.
“Oh, SI, SI, SI
...”, gemí de placer cuando papá golpeó su pene en mi apretado sexo. “Sí papá,
sí, no pares”, rogué mientras él ahora estaba golpeando su pene contra mí.
“Sí, mi amor, hazlo
para papá”, animó a su hija mientras me lo hacía tan fuerte como podía. Empujó
su pene tan profundo como pudo y con fuerza en el apretado sexo de su hija
hasta que explotó en un intenso orgasmo.
“Aaaahhhh”, grité con
voz temblorosa cuando mi cuerpo comenzó a temblar. Ondas abrasadoras de intenso
placer sexual se apresuraron a través de mi cuerpo cuando comencé a gemir. Mis
piernas comenzaron a temblar y mis manos se volvieron temblorosas mientras mi
padre seguía hundiendo su pene en mi convulsivo sexo.
“Oh Daniela, voy
a, voy a ... aaahhhh”, papá gimió con perverso placer incestuoso mientras comenzaba
a eyacular dentro del apretado sexo de su hija adolescente. Mi convulsivo sexo
era demasiado para él y ambos gemimos cuando padre e hija llegamos al clímax
juntos, papá disparó su carga en el condón, profundamente dentro del convulsivo
sexo mío mientras yo gritaba en un éxtasis de placer que hizo que mi cuerpo se
estremeciera.
Siguió estremeciéndose
durante su intenso orgasmo hasta que sintió que se calmaba. Luego se apartó de
su hija y me soltó. Tan pronto como papá soltó mis caderas, me desplomé en la
cama exhausta, acostada sobre mi estómago con la cara enterrada en una
almohada, mis piernas todavía temblaban con las últimas olas del orgasmo
femenino.
Sacó el condón
completo de su pene que retrocedía y lo colocó en la mesita de noche antes de
tomar lugar a mi lado. Puso una mano sobre mi espalda y comenzó a deslizarla
mientras asimilábamos lo que acabábamos de hacer.
Permanecimos así
en silencio durante unos minutos antes de que me volviera a su lado y mirara a
sus ojos mientras él estudiaba los míos. Con la lujuria sexual primaria
satisfecha, papá ahora parecía sentirse disgustado por el acto tabú que acabábamos
de cometer. Parecía estar avergonzado de lo fácil que era hacer el amor con su
hija, tomando su virginidad sin pensarlo dos veces. Parecía muy avergonzado por
lo mucho que lo disfrutaba, lo bien que se sentía ser el primer hombre en
penetrar el dulce sexo de su hija adolescente.
“Papá, ¿estás
bien?”, pregunté al notar la expresión de la cara de mi padre. Mi sexo todavía
hormigueaba un poco, pero mi cuerpo se había recuperado del intenso acto. “¿Yo?
¿Y tú? ¿Estás bien?” papá me preguntó con ternura. “Uh hu”, dije, “Estoy bien.
Esto fue lo más increíble que jamás haya experimentado”. Le dije a mi padre que
me sorprendió un poco, “Me hiciste sentir tan bien. Me di cuenta de que hiciste
todo para asegurarte de que fuera perfecto para mí y lo fue. Fue increíble.
Muchas gracias papi”, dije y le di a mi padre un besito en los labios antes de
sentarme en la cama.
Mis palabras lo
tomaron un poco desprevenido y parecieron hacerlo sentir mucho mejor. Quise
darle a entender que vi lo que acabábamos de hacer bajo una luz muy diferente a
la suya y él me lo agradeció. “Me alegra oírte decir eso”, dijo y me dio un
fuerte abrazo después de sentarse también. Él sostuvo su cuerpo desnudo contra
el mío por un tiempo, atesorando la sensación de mi cuerpo antes de soltarme.
Ambos nos pusimos
de pie lentamente y nos miramos mientras nos vestíamos en silencio. El observó
a su hija mientras yo cubría mi cuerpo desnudo. Yo también observó a mi padre
contento mientras cubría su pene flácido. Sonreí al pensar que ya no era una
niña a sus ojos. Según el, mi padre me había convertido en mujer.
Papá abrió la
puerta cuando terminamos de vestirnos y me abrazó cuando salimos de la
habitación.
DÍA 3
La mañana siguiente
desperté sola en la cama, desnuda. Papá se había levantado mucho antes y había
desaparecido la casa. Volvió cerca de la 11 de la mañana, había comprado más
condones en la farmacia. Cuando regreso me preguntó por qué no había ido al
colegio, a lo que respondí que tenía muchas cosas en mente después de lo que
había pasado entre nosotros. La verdad es que yo había olvidado que ya era
lunes. Desayunamos juntos y después fuimos a la habitación.
Él se rio entre dientes
antes de entregarme un condón con sabor a plátano. Sabía lo que él quería que
hiciera, y de alguna manera estaba bastante sorprendida. En cuanto mi padre me
dio el condón, sus pantalones estaban alrededor de sus tobillos y un pene pequeño,
flácido pero grueso había salido. Sonreí. Extendiendo un brazo y acariciando su
pene suavemente, usé la mano libre para levantar el envoltorio del condón a mis
labios. Y con un movimiento rápido, el condón salió de su paquete y se metió en
mi boca. Si fuera a hacerle sexo oral a mi padre, también podría usar mi boca
para ponerle el condón. Volví a mirar al pene de mi papá. Estaba tan duro como
la madera y era el pene más gordo que había visto en mi vida. Sin mencionar que
apestaba. Él sonrió suavemente mientras lo miraba, y con una caricia en mi
mejilla se echó hacia atrás empujando su pene hacia afuera y más hacía mi cara.
Le di una última mirada de desaprobación antes de inclinarme hacia adelante.
Mis labios se deslizaron hacia abajo hasta la base del pene de papá.
“Ahh
sí, oh eso se siente bien ... ah sí ...”, gimió papá. Su pene solo había estado
en mi boca por unos segundos y ya estaba gimiendo, respirando pesadamente y
diciéndome lo buena que era. A medida que transcurrieron los segundos, pude
sentir que perdía el control, al igual que la sensación que tuve con Alejandro,
no era porque este pene fuera tan bueno como ese, pero yo sabía que extrañaba a
Alejandro en mi boca. Debido a esto, esta fue una pasión más profunda; mi sexo
estaba empapado, anhelando ser sometido, y la única forma de dominar el anhelo
era un pene. Respirando con dificultad pude sentir una mano rozar mi espalda
superior, mi cuello y la parte posterior de mi cabeza que cambió de un
movimiento suave de cepillado a una presión fuerte, no pude hacer nada más que
seguirlo. Papá me empujó hacia abajo, una y otra vez. Mi cabeza meneaba
innumerables veces. Mi mente se enfoca en dar la mejor chupada que pudiera.
Eso y el sabor a plátano.
“Oh, Dios, si así es como se chupa... eso se siente tan bien. Un poco más
profundo, ya casi, Dios, tu mamá nunca me ha hecho esto...”, gimió. Fue
extraño, nunca lo había escuchado mencionar a Dios ni a mi madre durante el
sexo. Mis orejas se erizaron después de que me dijera que mamá nunca le había
hecho esto, ya que la había visto hacérselo a otros hombres. Tan pronto como el
pensamiento corrió por mi cerebro, sentí una fuerte fuerza en la parte
posterior de mi cabeza, entonces tomé la carga de papá. Aunque un condón nos
separó del intercambio de jugos que estaba tan ansiosa por recibir, apreté los
labios con fuerza y tomé el pene duro lo más profundo que su tamaño permitió.
El grito de placer que resonó en él no se parecía a nada que hubiera escuchado
antes, primero los gemidos, luego el grito. Luego el pulso, mientras descargaba
todo lo que podía. Su pene se agitó dentro de mi boca mientras expandía la
enorme carga de esperma que llenaba el extremo del condón, luego de superar la
punta del envoltorio, la sensación fue increíble, ya que un calor profundo se
elevó lentamente de mi garganta a mi boca. Cerré los ojos e intenté pensar en
Alejandro, él nunca había usado un condón conmigo, si lo hiciera probable mente
tendría que ser uno muy grande. Podía escuchar a papá suspirar suavemente. Se
había ido para sentar derecho a una posición ahora descansada, acostado sobre
mi cama.
“Ok, Dani, puedes dejarme
ahora ... puedes, déjame...”, dijo. Me tomó unos segundos finalmente sacar su
circunferencia de mi garganta. La mayoría de los cuales se redujo a su ya
pequeño pene, encogiéndose después de la emoción. Nunca había visto esta
expresión en la cara de papá así. Mirando hacia arriba, parecía excitado y algo
cansado. “Ah Dani, eso fue magnífico ... de lo mejor que he sentido en la
vida”, dijo. “De nada, papá. Pero quiero seguir”, respondí impaciente. “Oh,
¿quieres ahora?”, dijo sorprendido.
Había un brillo juvenil
feliz en mi padre que se extendió rápidamente por todo su cuerpo, solo podía
suponer que era la interacción reciente. Fue una sensación extraña después de
la chupada. No hubo ningún cambio incómodo o silencio, sino un flujo constante
de charla, aunque me habíamos tenido sexo antes, solía haber entre nosotros el
final plagado de silencio. Vacío de emoción, lleno de conmoción. Fue un alivio
poder simplemente, hablar. La charla no era sobre mucho, los acontecimientos
diarios, el clima, el colegio. Pero pronto cambió a la tarea en cuestión. Los
temas de la ropa sexy pronto surgieron, así como qué tipo de sexo me gustaba.
Era extraño hablar de sexo con mi padre, pero no me molestó tanto como pensé
que podría. Me había acostumbrado demasiado a hablar de sexo con Alejandro,
pero solo con él. Esto era algo que no tenía con ningún otro miembro de mi familia.
Papá parecía estar completamente ajeno al hecho de que su hija estaba sentada
en la alfombra del piso de la habitación, con un mojado entre las piernas y
jugando con el mismo condón de plátano lleno de esperma que se había quitado
momentos antes. No sé por qué estaba jugando con el condón en ese momento; era
solo algo que quise hacer. Lo estaba deslizando dentro y fuera de mis dedos en
rápida sucesión, apretando la punta, mientras se abultaba lentamente con
esperma.
“¿Cualquier
cosa? No sé si me gusta hacer cualquier cosa...”, interrumpí la conversación
con papá. “Ya, ¿Qué no te gusta hacer? ¿O qué no te imaginas haciendo?”,
preguntó intrigado. “No lo sé. No es una pregunta en la que haya tenido que
pensar antes”, dije algo confundida. “Bueno, ¿qué cosas te gustan?”, continuó
preguntando. “Eh, yo ... no sé realmente”, respondí comenzando a sentir
vergüenza. “Digamos que harías cualquier cosa por ahora. Quiero decir, si no
quieres hacer algo mientras estás con un hombre, no hay nada que él pueda
hacer, depende totalmente de ti”, dijo relajadamente mientras me miraba a los
ojos.
No
me habían preguntado qué me gustaba en el sexo antes. Me senté y vi a mi padre
acostado de lado, estirado sobre mi cama. Comentando sobre la bonita ropa
interior y desechando instantáneamente el condón con el que había estado
jugando antes, con un rápido lanzamiento hacia la papelera de mi habitación. Su
pene estaba quieto, algo duro; todavía tenía rastros de semen en el extremo que
de vez en cuando se frotaban sobre mis sábanas. Sin embargo, no me importaba,
seguía queriendo simplemente limpiarlo, pero no quería parecer más una puta de
lo que ya era, tenía que guardar apariencias frente a mi padre.
“No
tienes un lugar especial, ¿verdad? ¿Un lugar secreto donde escondes tus cosas
privadas?”, preguntó. “¿Qué quieres decir papi?'”, dije sin entender a qué se
refería. “Quiero decir, hay unas pocas tangas que te he visto usar, pero ...
nada demasiado erótico, ¿no tienes nada... más atrevido?”, preguntó sin
avergonzarse, como si fuera normal que su hijita tuviera ese tipo de ropa
interior. “No realmente, supongo que tendrás que comprármela tú”, dije
juguetonamente y le saqué la lengua. “Hmm, espera aquí. Iré a buscar algo,
quédate aquí ahora”, dijo antes de levantarse de la cama.
Y
ahí estaba. 'Atrevida' Yo era una realmente atrevida, pero no quería que lo
supiera. Yo sabía que lo era. Esperé pacientemente, me senté en la alfombra;
había sido mi lugar de descanso durante la última hora al menos. Todavía no
tenía sentido dejar su calor.
Podía
escuchar el crujido y el movimiento de la caja desde la habitación de mis
padres por el pasillo, papá estaba haciendo algo, pero no tenía idea. Pasaron
unos minutos y pronto me aburrí. Finalmente me levanté. Quería ponerme ropa
interior nueva, en ayuda de deshacerme del enorme humedal en mi entrepierna que
permanecía tercamente, no tenía sentido cerrar la puerta. Había chupado a mi
papá no hace mucho tiempo. No tenía nada que ocultar ahora. Recogiendo un par
de calzones del piso cerca de la papelera de mi habitación, comencé a quitarme
el par húmedo. Deslizándolos sobre mis muslos y mis piernas, pude escuchar a mi
padre regresar al pasillo cuando la ropa interior sucia golpeó el piso. Era
natural que esperara mi cambio y evaluara mi reacción.
“Ah
bueno, estás cambiando, cierto, ponte esto. Estos deberían quedarte bien”,
dijo. “¿Qué? ¿De quién son estos?”, pregunté. “De tu madre; ella los usó para
mí algunas veces, cuando tenía tu figura. Creo que te quedarían perfectos”,
respondió con una sonrisa. Me había entregado, lo que a primera vista parecía
una bola de hilo rosa. Pero desentrañarlo reveló un par de medias de encaje
negras, con volantes rosados. Junto con calzón y un sostén, ambos negros y
ambos con ribete rosa. También había traído consigo una caja de zapatos, que se
sacudió suavemente mientras entraba, pesadamente bajo su brazo. No quería
preguntar qué había en la caja; También podría probar esta lencería primero. Y
ver a dónde iba a conducirnos. Esperaba que comentara sobre mi sexo o al menos
tratara de verlo mejor, pero no. Se quedó quieto, observando en silencio. Tardé
unos minutos en ponerme la lencería; estaba algo ajustado. Al fijarme, estaba
claro que era lencería sexy, no algo con lo que saldría a la calle. Había un
agujero prefabricado en la entrepierna y uno en la parte trasera con pequeñas
aletas de amarre para permitir y no permitir el acceso. También había un olor
extraño, así como algunas salpicaduras de lo que parecía semen seco, quizás de
muchos años atrás.
“Ahí
... es todo un espectáculo...”, dijo mirándome. Me di vuelta, olvidando que mi
padre había estado observando todo el tiempo, el tiempo había pasado, y estaba
inmersa en explorar mi nueva ropa, tanto la lencería en sí como las manchas.
Sin embargo, mi padre estaba junto a mí en ese momento. Estaba con el pene en
mano. Acariciando su endurecido miembro. Su expresión, llena de placer y
anhelo, rápidamente se convirtió en una lujuria profunda, miró de arriba hacia
abajo de mi cuerpo varias veces, no pude hacer nada más que posar mientras lo
hacía. Sacando mi trasero y meneando mis caderas ocasionalmente frotando mis
senos.
“Tu
madre solía usar eso para mí. No los hemos lavado en catorce años. Me pone caliente
solo con verte ponértelos”, dijo mientras se masturbaba. “¿Tú ... no has lavado
esto en cuánto tiempo? ¡Eew papá!”, me quejé. “A veces tu mamá lo usaba durante
días sin parar, a veces masturbándose a cada minuto durante una hora completa,
una y otra vez. A veces pasaba todo el día en cuatro”, dijo excitado. “Yo uh
... ya veo ... umm así. No se dará cuenta de que l sacaste y lo usé”, pregunté
indecisa. “No debería pensar tanto. Ella no los ha usado por muchos años; Dudo
que ella incluso los recuerde. Aunque quizás sí”, respondió.
“Entonces, ¿qué hay en la
caja, papá?”, pregunté. “Ah, bueno, eso es para lo que sigue”, respondió. “¿Qué
es lo que sigue?, pregunté con mayor interés. “Ahora lo verás, hija. Ven aquí...
y acuéstate. Voy a disfrutar esto”, dijo. Extendió una mano, al principio dudé,
pero luego lo seguí, me llevó desde el centro de la habitación hasta la cama, y
antes de pensar, estaba boca abajo. Mi sexo goteaba, la idea de que la ropa
interior manchada de esperma me excitara, sabía que eso era retorcido,
finalmente conseguiría a mi padre dentro de mí, y era la razón de que me
acercara a él los últimos días. Me tumbé de frente esperando la entrada
inminente. Esperando a que mi padre se deslizara detrás de mí, esperé a que él
me montara, sin embargo, esto no sucedió, tuve que mirar hacia atrás, tal vez
se había puesto flácido, afortunadamente no, estaba en mi espalda retumbando
por otro condón.
“Lo siento, mi amor,
parece que te has quedado sin condones. ¡Oh no! Espera, ja, ja, aquí estamos,
tengo uno”, dijo, se alegró de haber encontrado el último. “Papá ... no necesitamos
uno ...”, traté de convencerlo. “Soy tu padre, Dani; Podría irme preso si
quedaras embarazada ...”, balbuceó.
Me di la vuelta sobre mi
espalda y lo miré, mientras me frotaba el sexo lentamente. Estaba tan caliente
como yo, y los dos lo sabíamos. Mirándome, tenía una cara inmóvil; estaba
tratando desesperadamente de abrir el envoltorio del condón, sin suerte hasta
el momento. Pasaron unos segundos hasta que finalmente abrió el envoltorio y
sacó el condón. Esto era. Él estaba listo, yo estaba lista. Bueno, lo hubiera
estado pero el condón me estaba desviando un poco de mi propósito. No me
importó el condón para la primera interacción. Pero ciertamente no lo iba a
permitir otra vez. Papá sonrió descaradamente mientras se ponía el condón con
un movimiento rápido, en menos de un segundo el condón estaba en la base de su
pene y se arrastraba hasta el nivel de mis ojos. Deslizándome lentamente, en
silencio y sin tocar, no pude soportarlo. Tan pronto como llegó a la altura de
mis ojos, me estiré, deslizando mi dedo índice por su estómago, deteniéndome
por un segundo en la punta de su pene ahora completamente erecto antes de sacar
rápidamente el condón con un sonido de bofetada húmeda. Me miró sorprendido, no
hice nada más que acercarme la goma a la boca, asegurándome de rasgarla
bruscamente con los dientes.
“¡Cariño no!”, gritó. “No
te preocupes papi ... nada malo va a pasar, solo ... solo déjame sentirte
dentro por esta noche, además, creo que necesitamos agregar un toque de
diversión a este atuendo como padre e hija”, dije coquetamente. “Bebé, no
tenemos otro condón, ¿estás segura de que quieres hacer esto?”, preguntó.
“Shhh ...”, lo silencié.
Fue un asunto silencioso
al principio. Mi papá se levantó con una mano mientras usaba la otra para
desatar la abertura de la entrepierna de mi calzón; Parecía una eternidad antes
de que él estuviera listo para entrar en mí. Me quedé quieta, esperando el
inevitable deslizamiento hacia arriba y hacia adentro. Mi papá respiraba con
dificultad, pero nunca antes lo había escuchado soltar un suspiro tan profundo.
No había nada como esto de todos modos. Era como si hubiera estado caminando
por el desierto durante años y este era su primer trago de agua. Cuando se
deslizó dentro de mí, los dos vaciamos nuestros pulmones, dejando escapar
gruñidos suaves cada pocos segundos.
“Ohh, si, Dani. Ohh sí,
ha pasado tanto tiempo ...”, gimió. “Te amo papi, trátame como tu puta ...”,
supliqué. “Urgh, ah ... oh sí, Dios ... no tienes idea de cómo hace tiempo que
he querido hacerlo así”, siguió
Estaba en éxtasis,
acostada allí mientras mi propio padre gruñía y se forzaba en mí, su propia
hija. Me recosté en las sábanas tratando de no comenzar a gemir en voz alta y
no arruinar el momento, podía sentir cada empuje a través de cada nervio de mi incestuoso
cuerpo. Fue electrizante. Mi cuello se estaba calentando mientras mi propio
padre respiraba con dificultad y gruñía detrás de mi cabeza. No le llevó mucho
tiempo descargar cada gota de esperma en mí. Ni siquiera llegué al orgasmo,
aunque en verdad, pensé que íbamos a tener mucho más sexo en las próximas
horas, así que no estaba tan decepcionada. Sentía que mi padre eyaculaba
demasiado, sentía cada tensión que su pene hacía dentro de mí, cada empuje. Mi
padre se retiró de mí con un sonido húmedo y resbaladizo, el sonido y el largo
movimiento de deslizamiento solo casi me empujan hacia ese orgasmo que no pude
tener. Se puso de pie y fue a limpiarse el pene mojado con la ropa interior que
había usado antes, no me sorprendió.
“Oh, bebé ... bebé ... oh
sí ... no puedo recordar la última vez que me sentí así”, dijo entre gemidos. “Um,
gracias papá ...”, me limité a responder. Lo miré, ahora acostado de espaldas
sobre las sábanas, tratando de poner mi sonrisa más descarada. Parecía agotado,
como un atleta que no se había ejercitado por un largo tiempo y estaba
volviendo a hacerlo. Deslicé mi mano por la parte delantera de mi cuerpo y
hacia abajo, donde el semen goteaba libremente del apareamiento desenfrenado
que acabábamos de tener. Se puso de pie y sonrió mirando cada movimiento que
hice, no pude evitar devolverle la sonrisa mientras insertaba un dedo y lo
levantaba para chupar. Incluso el semen sabía mejor por alguna razón.
“Voy a ducharme, nos
vemos en un rato bebé”, dijo. Con eso se fue, arrojando mi ropa interior sucia
en mi recipiente de lavado y caminando tranquilamente hacia la ducha. Mientras
me recostaba, cubierta de esperma y temblando ligeramente mientras trataba de
llegar al orgasmo por mí misma. No esperaba que hubiera terminado tan abruptamente
y me sentí molesta por mi falta de orgasmo, así que comencé a masturbarme, el
semen de mi padre se mezcló con mis jugos y me frotaré el clítoris, volví a
estar en éxtasis y cuando llegué al orgasmo, fue tal la euforia. Uno de los
pocos que esa semana me dejó sin palabras y gimiendo durante varios minutos.
Cuando convoqué la energía para levantarme, me acerqué a mi espejo de pie en la
esquina de mi habitación y me miré. Mi cabello estaba hecho un desastre, estaba
cubierto con el semen de mi propio padre y me vestía con la ropa interior sucia
de mi madre. Todavía estaba temblando cuando mis nervios se recuperaron del orgasmo.
De pie, mirándome a mí misma, traté de sentirme mal por lo que había hecho y lo
que podría suceder en el futuro cercano, pero no pude. Sabía que estaba mal,
pero no podía dejar de sonreír, esto es lo que era y sigo siendo y estaba
decidida a aprovecharlo al máximo las oportunidades que tenía. Quién sabía lo
bueno que sería el sexo en el futuro, con suerte incluso mejor que ahora. Pero eso
fue un pensamiento para más tarde, en este momento tenía que encontrar ropa
interior en limpia y, finalmente, buscar algo de comer, no me había dado cuenta
de lo hambrienta que estaba. También quería intentar pensar mejor en este plan
que mi papá biológico, mi verdadero padre, había inventado, pero eso vendría
después de mucho más sexo sin protección.
DÍA 4
Desperté
nuevamente sola en la cama, mi papá había desaparecido para ir a trabajar y me
había dejado durmiendo. No sentí hambre así que me masturbé. Aproximadamente
una hora después, me llamó la atención el timbre de la puerta. Sin siquiera
pensarlo corrí escaleras abajo y abrí la puerta. Solo cuando el cartero me miró
de arriba abajo y luego sonrió, recordé que estaba desnuda. Me quedé
boquiabierta y dije, “Disculpa, olvidé ponerme algo”. “Está bien, ¿está tu mamá
o tu papá en casa?”, preguntó. “No, estoy sola”, respondí un poco avergonzada.
“No deberías decirle eso a los extraños, es muy peligroso”, contestó. “Puedo
cuidar de mí misma”, insinué. “Me alegra escuchar eso, pero aun así ...”, dijo
sonriendo. “Sí, tienes razón, gracias. ¿Qué tienes para mí entonces?”, pregunté
impaciente por volver a la cama.
El cartero me dio dos
cartas y un paquete, luego se fue. Mientras lo veía alejarse, recordé que ni
siquiera había tratado de esconder mis tetas o mi sexo. Me sentí orgullosa de
mí misma y me habría tocado el sexo, pero mis manos estaban ocupadas con la
correspondencia.
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Papá volvió al mediodía de ir a ver un
posible nuevo trabajo que le habría conseguido un amigo. Volvió tan formal como
pudo salir apresurado esa mañana, pantalón y camisa. Yo me había vestido con
una bata que usaba en las mañanas al salir de la ducha. A continuación de su
llegada le desabroché la corbata. Luego su camisa, revelando su pecho desnudo.
Se lanzó hacia adelante y me abrazó. Besé su pecho. Estaba calentito. Yo estaba
caliente. “Mmm, eso se siente bien”, dijo. “¡Gracias papi!”, respondí.
Me arrodillé y lentamente le desabroché
el cinturón. Luego le desabroché los pantalones y los bajé al suelo. Su pene ya
estaba duro y marcándose en su ropa interior. “¡Muéstrale a papá cuánto lo
amas!”, dijo juguetonamente. Yo hice. Tomé su pene en mi boca y lo saboreé. Tenía
los pantalones alrededor de los tobillos, el pene que sobresalía de la abertura
en sus boxers, sus pesados zapatos de vestir todavía puestos y su reloj
envuelto alrededor de su muñeca. Incluso su aroma era diferente. ¿Nuevo perfume?
Son los detalles los que recuerdo, y él
se había esforzado en su apariencia. A primera vista, me sorprendió verlo
vestido así. Mientras lo había desnudado obedientemente, lo llevé a mi boca
profunda y ruidosamente y traté de meterlo en mi garganta. Pronto me sacó de su
pene, su cabeza púrpura palpitando, gritándonos a los dos que continuáramos. “Desnúdate
para de mí, y luego papá te llevará a la cama y te hará feliz”, dijo. “¡Sí,
papi!”, asentí emocionada.
Yo era su pequeña niña, para ser
apreciada, mimada, amada, castigada y penetrada. No había asco ni vergüenza
ahora. Todo lo que quería en ese momento era el amor de papá, para así
convencerlo que era el padre del bebé que yo ya esperaba.
Levanté
mis piernas por encima de sus hombros cuando él tocó y lamió mi sexo, “Más
papá, usa más los dedos, sí, eso es, ¡Oh, sí, eso se siente bien, oh, oh, oh,
oh, sí, más profundo, más duro!”, exclamé. Podía sentir su lengua sondear el
agujero de mi trasero, luego, mientras acariciaba mi sexo, sentí que deslizaba
un dedo dentro de mi culo, sentía como si su mano entera estuviera enterrada en
mi sexo y la sensación de que me estaba metiendo el dedo en mi agujero me deleitó
con mi primer orgasmo del día, grité con el placer que me estaba dando, todo mi
cuerpo se sacudió y se convulsionó cuando el placer me inundó. “¡Ahora papá,
por favor házmelo ahora, quiero sentirte dentro de mí!”, supliqué. Se colocó
entre mis piernas abiertas, frotó su pene duro alrededor de los labios de mi sexo.
“¡Ahora papá, ahora!”, rogué.
Sentí
su pene deslizarse en mi sexo mojado, “¡Métemelo duro papá, métemelo fuerte,
tan profundo y tan fuerte como puedas!”, le dije sin pensar en mantener la
imagen de hija virginal que tenía hasta hace día ante él. Hizo lo que le pedí y
me tomó tan profundamente como su tamaño se lo hizo posible, cerré mis piernas
alrededor de él, tratando de meter la mayor parte de él dentro de mí como pude,
mirar hacia arriba y ver a mi papá sobre mí me hizo sentir sucia. “¿Te gusta
esto papá? ¿Te gusta hacérselo a tu hija? ¿Vas a llenarme con tu leche
caliente?”, gemí mientras me penetraba, apretó mis tetas con fuerza, chupó
profundamente mis pezones hasta que dijo, “¡Ya no aguanto más, mi amor!”. Traté
de agarrar su pene con cada músculo que tenía en mi sexo cuando sentí que su pene
palpitaba y su esperma caliente fluía hacia mí, se abalanzó tres o cuatro veces
y luego se derrumbó sobre mí, su pene aún dentro de mí, retorciéndose,
palpitante. Este era el momento que Alejandro y yo planeamos, después de esto mi
padre no podría dudar de mi embarazo. Al salir otra vez, se acurrucó contra mí
y me abrazó con fuerza, “¡Oh, eso fue tan bueno, Dani, tan bueno!”, susurró en
mi oído. Nos quedamos dormidos todavía abrazados el uno al otro.
Me
desperté a eso de las 5 de la tarde, estaba sola, me puse una bata, bajé las
escaleras y encontré a papá en la cocina sentado a la mesa, había una botella
de pisco a medio terminar, “Papá, ¿qué pasa? ¿No pudiste seguir durmiendo?”, pregunté.
Sin
mirarme, respondió, “Lo que hicimos Dani... estuvo mal, no debería haber dejado
que pasara, soy tu padre, no debería haberme aprovechado de ti, me he sentado
aquí, pensando que probablemente me odiarás ahora, ¡oh, lo siento mucho Dani,
lo siento mucho!”.
Me
acerqué a él, acerqué una silla y me senté a su lado, tomé su mano, “Mira papá,
deberíamos hablar de esto de una vez por todas, lo que hicimos papá ... Lo
disfruté muchísimo, me alegro de que haya pasado. No creo que haya muchas
mujeres que tengan sexo con sus padres, pero realmente no puedo ver el
problema, los dos sabíamos lo que estábamos haciendo. No me obligaste, ambos quisimos
... ¿puedes decirme que no lo disfrutaste papá? ¿Puedes decirme sinceramente
que realmente lamentas que haya sucedido? No te odio, te amo papá, te amo, quizás
esto no vuelva a pasar, pero siempre será nuestro secreto”.
“Quieres
decir que Dani, todavía me amas ... estaba tan preocupado”, apretó mi mano con
fuerza, “Estos días han sido lo mejor que me ha pasado en la vida”, dijo. Me
puse de pie. “Vamos papá, comamos algo y volvamos a la cama”, dije antes de
cocinar algo rápido para aplacar nuestra hambre. Subimos las escaleras y en el
camino dije, “¿Quieres que me acueste contigo papá?”.
“Sí,
por favor Dani, me gustaría mucho”, respondió. Nos fuimos a dormir con papá
abrazado fuertemente en mi espalda, su brazo sobre mí gentilmente masajeando mis
tetas. Dormimos unas horas y durante la noche me despertó para volver a tener
sexo. Tuvimos sexo sin preocupaciones ya que sabíamos que aun teníamos algunos días
solos en casa.
DÍA 5
Desperté desnuda sobre mi padre muy temprano.
Ambos despertamos por el sonido del teléfono. Era mi madre que avisaba que
llegaría esa misma tarde y quería que mi papá la recogiera en el terminal de
buses. Rápidamente le insistí a mi padre para que me hiciera una comunicación
para el colegio justificando que me había ausentado cuatro días. No fue difícil
pensar en una fiebre y vómitos como la primera opción para cubrir mi falta.
Rápidamente me metí a la ducha para limpiarme
del sudor y la peste de una noche de sexo y pasión incestuosa. Durante la ducha
pude sentir todavía el sabor del pene de mi padre y el olor a su semen en mi
aliento, me lavé los dientes dos veces antes de desayunar.
En
el colegio tuve que ponerme al día con todo lo que me había perdido, hablé con
Lizette después de lo que pareció una eternidad y al ver a Carlos recordé que
no había terminado mi relación con él, ni siquiera lo había encarado por la
infidelidad que descubrí. Decidí pedirle a Lizette que nos juntáramos para
hablar en su casa, ya era tiempo de compartir un poquito de la felicidad que
estaba sintiendo.
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