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Tenía muchas cosas en mente después de confirmar mi embarazo
con Alejandro, por una parte, lo que él sugería era extremadamente enfermizo,
era algo prohibido y era algo que jamás hubiera cruzado por mi mente. Por otro
lado, tenía razón al pensar que, si mi padre creyera que mi hijo era suyo,
podría manipularlo a mi gusto y me ahorraría un mundo de problemas al
descubrirse el embarazo, incluso podría ayudarme. Estaba loca por el solo hecho
de considerar el pedido, pero también me sentía más excitada de lo que había
estado hasta ese momento, no sólo mi cuerpo estaba cambiando, sino que desde
que Alejandro entró en mi vida había aprendido a disfrutar del sexo sin límites
morales.
Fui a clases con normalidad, me esforcé por no pensar en
otras cosas y evité tanto a Carlos como a Lizette hasta salir de clases e ir
rápido a casa. Me encerré en mi habitación y comencé a tocarme, trataba de
recrear la forma en la que Alejandro me tocaba y doblegaba mi voluntad llevando
fuertes y entumecedores orgasmos que hasta ese punto de mi vida eran la razón
para despertarme cada mañana. Los segundos se transformaron en minutos y estos
en horas, pero no lograba ni de cerca una pequeña parte del efecto que buscaba,
el efecto que él tenía sobre mí. Después de horas de intento fallido me quedé
dormida en lo que debió ser un plácido y profundo dueño que durase hasta la
mañana siguiente, pero el hambre me despertó después de la media noche y fui a
la cocina a saciar mi apetito. Comí rápido para volver a la cama a intentar de
saciar mi hambre de sexo con mis manos, pero mientras lavaba mis dientes
escuché a mi papá entrar a casa en silencio, o eso trató, pero no lo logró. A
esa hora mi hermana dormía, mi mamá dormía y yo debí de estar haciéndolo
también. Al recibir a mi papá en la puerta principal lo vi tambalearse luchando
por caminar. Lo ayudé a caminar hasta el sillón de la sala a pocos metros de la
puerta principal y regresé a cerrar la puerta principal. Sólo había ido a la
cocina a comer, no creí que me encontraría en una situación así, sólo vestía
una polera rosada con estampado de flores y una tanga negra porque no esperaba
encontrar a nadie en mi búsqueda por comida. Regresé a ver a mi papá y pude
oler el alcohol en su aliento, lo que explicaba su llegada en ese estado. Mi
mamá odiaba que él saliera con sus amigos y que volviera en ese estado, eso fue
el motivo de muchas discusiones entre ellos dos. Lo miré por largo rato, ahí
estaba el indefenso e incapaz de resistirse a lo que fuera que yo quisiera
hacerle. Pensé que debí estar loca por solo considerar la idea de Alejandro,
pero en ese momento no era yo misma. Algo dentro de mí me gobernó. Había hecho
tantas locuras en tan poco tiempo que ya no sabía quién era o de lo que era
capaz. En ese momento desconecté mi conciencia. No fui Daniela, no fui una
adolescente con las hormonas hirviendo, no fui mujer, fui un animal hambriento.
Hambriento de sexo, hambriento de placer, de contacto, de sentir algo.
Me arrodillé entre sus piernas, puse mis manos en sus
rodillas y restregué mi cara en su entrepierna. Lo sentí ponerse duro, con mis mejillas,
con mi nariz y mis labios. No pasó mucho antes de que mi curiosidad ganara y me
atreviese a sacarlo de su prisión. Cuidadosamente desabroché su pantalón y
lentamente bajé el cierre, tratando de no despertarlo de su sueño borracho. Lo
que vi me decepcionó enormemente. El pene que saqué del pantalón resultó ser
mucho más pequeño que el de Alejandro, si fuera generosa lo compararía al de
Carlos en tamaño, pero un poco más oscuro. El olor era fuerte, pero no me
desagradó. De cierta forma me invitaba a continuar con lo que me había
propuesto. “Sólo lo voy a chupar”, me dije a mi misma.
Envolví mis dedos alrededor de su pene con una mano. Arriba
y abajo, acariciándolo mientras lo miraba. Sabiendo que seguramente le
encantaría verme haciéndolo. Lentamente deslicé su pene en mi boca, recordando
cómo se sentía cuando hacía lo mismo con Alejandro, esto era decepcionantemente
diferente. Tomo la mitad dentro de mi boca antes de sacarlo un poco, luego tomé
la totalidad de él en mi boca. Lo que no tenía en largo o ancho lo tenía en
cantidad de venas, al tenerlo dentro de mi boca sentí con el paladar y la
lengua cómo la gran variedad de venas desfiguraba su contorno dentro de mi
boca.
Lo miré mientras él gimió, lo que realmente me asustó al
pensar que había despertado. No abrió los ojos ni se siguió moviendo. Empecé a
mover la cabeza hacia arriba y hacia abajo, apenas respiraba por la nariz. Probé
lo que creí que era algún tipo de almizcle familiar dulce en mi boca. Amándolo.
Seguí meneando mi cabeza mientras mi saliva babeaba rodo su
falo, terminando en mis dedos. El mismo dedo en el que pondrás el anillo. Me
sonrojé al pensar en eso. Entonces sentí su mano sobre mi cabeza, entre mis
cabellos. Nuevamente lo miré esperando encontrar que sus ojos me veían de
regreso, pero solo lo vi con la cabeza inclinada hacia atrás en el sillón.
Me acomodé en mi lugar y continué chupando. Cada vez que me
alejaba, regresaba con fuerza a él hasta que mis labios tocaban su base. Furiosamente,
deslicé su pene y le di un fuerte apretón mientras sentí que mi saliva babeaba
por mi barbilla. Él gimió en su lugar sin moverse. Empecé a balancearme más
rápido y más fuerte. Haciendo ruidos mojados, indecentes y traviesos que
seguramente se escucharon por toda la casa, pero eso no me atemorizó ni me
detuvo en ese momento, estaba poseída por la lujuria y el hambre de más sexo. Ya
sin darme cuenta mi mano derecha había encontrado su lugar entre mis piernas y
me daba el placer mediante fuertes estímulos en mi clítoris.
Sentí su mano deslizarse hacia mi cabeza nuevamente, aunque
sin forzarla hacia él, pero yo respondí empujando su pene más profundamente en
mi boca. En el fondo yo sabía lo que se acercaba, pero solo atiné a llevarlo
tan profundo como su corto tamaño lo permitió dentro de mi boca, para que
disparara en mi garganta. Explotó en mi garganta. Mis ojos se abrieron para
verlo nuevamente, esperando ver alguna reacción en su cara, pero nada. Luego
apreté mis labios alrededor de su pene mientras tragaba tanto y tan rápido como
pude sus gruesas cargas viscosas calientes en mí, pareció que no había
eyaculado en meses porque la cantidad que salió de él fue demasiada
Él siguió eyaculando y eyaculando mientras yo seguía
tragando. Casi me atraganté un par de veces, pero logré contenerlo, pensando en
que no quería dejar rastros de mi incestuoso acto.
Después de que dejó de descargarse en mi boca, le
chupé el pene sólo para asegurarme de que no chorrearía al sacarlo. Lamí la
punta mientras él balbuceaba palabras que no entendí mientras seguía con los
ojos cerrados. Pude sentir el regusto de su semen espeso y pegajoso en mi boca
y en mi garganta. Rápidamente tomé su pene pequeño y flácido y lo puse dentro
de su pantalón, subí el cierre e intenté abrochar dos veces el botón sin éxito,
así que lo dejé así y me apresuré a volver a mi cama, dejándolo ahí.
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