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La siguiente vez que fui
a casa de Alejandro una tarde después de clases el me esperaba ansioso. “Necesito
que te desnudes por completo. Volveré en unos minutos y mientras quiero que te
acuéstese boca abajo en esa camilla con tu cara en ese hoyo”, me instruyó.
Nunca antes había visto una cama para masajes, por lo que me sorprendió
enormemente ver una en medio de la sala principal. Hice lo que me dijo y esperé
pacientemente recostada en la cama.
Alejandro regresó a la
sala poniendo música suave a un nivel de volumen muy agradable. Por alguna
razón desconocida me sentía bastante relajada al escuchar la música. Muy pronto
Alejandro se acercó con una botella junto a mi cabeza y vertió un poco en sus
manos. Después de frotar sus manos juntas, comenzó a frotar mis hombros y las
zonas de los omóplatos. Instantáneamente me sentí derretirme en sus manos,
dando la bienvenida a su toque. Pasó mucho tiempo haciendo lo que le hizo a mi espalda,
hombros, brazos, manos, dedos y cuello. No creo que haya perdido un centímetro
de mi cuerpo con su técnica de masaje. Luego comenzó a frotar mis pies y dedos
de los pies. Alejandro realmente sabía lo que me estaba haciendo. No solo sabía
lo que estaba haciendo para relajar, también sentí que sabía lo que me estaba
haciendo de otras maneras. Mientras Alejandro subía por mi pierna derecha,
sentí que me ponía nerviosa cuando pronto se abrió camino por encima de las
rodillas. Sus manos fueron desde la parte superior de mi muslo derecho hasta mi
región pélvica, aunque no tocó mis labios. Luego procedió a hacer lo mismo con
mi pierna izquierda. Terminó con mis piernas y comenzó en mis brazos y hombros.
Tenía los ojos cerrados, pero podía sentir lo duro que estaban mis pezones. Mi
clítoris también se sentía bien. Tenía un poco del aceite de masaje corriendo desde
mi trasero hasta mi sexo o me estaba mojando naturalmente. Decidí no pensar en
eso.
Mi pecho fue el
siguiente. Se sintió tan bien cuando masajeó mis tetas y pezones. La humedad en
mi sexo era natural y cada vez había más. Estaba un poco decepcionada cuando
las manos dejaron mi torso y se movieron a mis pies y piernas. Podía sentir los
ojos del hombre mirando mi sexo mientras levantaba y separaba mis piernas. Me
sacudí un poco cuando el costado de su mano solo tocó mi sexo mientras
masajeaba mis muslos.
Cuando me masajeó las dos
piernas, me preguntaba si eso era todo. Me estaba preparando para levantarme
cuando sentí un poco más de aceite goteando en mi área púbica. Adiviné lo que
vendría después, abrí los ojos y miré a Alejandro. Tenía una sonrisa en su
rostro y cuando vio que lo miraba asintió. Estaba de acuerdo con lo que supuse
que iba a suceder.
Esas manos maravillosas
trabajaron alrededor de mi sexo. Estaba cerca del orgasmo incluso antes de que
me tocara el sexo. Cuando sus dedos entraron dentro de mí, comencé a sentir un
espasmo tras otro. Esos dedos continuaron. Sentí mi trasero levantarse de la
mesa mientras trataba de empujar mi sexo más cerca de él. Una y otra vez lo
sentí; un orgasmo tras otro. Estaba totalmente ajena a cualquier otra cosa excepto
esos orgasmos.
Recuerdo vagamente los
dedos que salían de mi sexo, pero todavía estaba gimiendo, temblando y
sacudiéndome. Perdí totalmente todo el control de mi cuerpo. No tengo idea de
cuánto tiempo me seguí moviendo o gritando.
Cuando comencé a pensar
que estaba empezando a recuperar el control, sentí algo en mi sexo. Miré hacia
abajo y vi al hombre sosteniendo un vibrador contra mi clítoris. Perdí
totalmente el control de nuevo cuando esa increíble pieza de tecnología me
llevó de vuelta allí. Los gemidos se mezclaron con gritos, risas y gruñidos.
Durante algún tiempo, las únicas partes de mi cuerpo que tocaban la mesa eran
mis pies y hombros.
Me quitó el vibrador,
pero seguí con los espasmos. “¡¡¡SIGUE, SIGUE SIGUE!!!”, continué gritando.
Cuando comencé a calmarme un poco, el vibrador volvió a mi sexo y pronto volví
a subir. No tengo idea de cuánto tiempo duró, pero cuando finalmente volví a la
tierra estaba totalmente destrozada. Miré a mi alrededor y vi a Alejandro de
pie junto a mí, desnudo, con una sonrisa en su rostro y una erección entre sus piernas.
Jugueteó con los labios
de mi sexo arriba y abajo con la punta de su pene duro y goteante mientras reía.
Miré al espejo de la habitación, imaginando a mi madre completamente desnuda
justo detrás de él. Fue agradable poder ver a Alejandro en el espejo mientras
se jugaba conmigo. Estaba segura de que, si mi madre nos hubiera estado
mirando, era probable que se nos hubiera unido en la diversión.
“Te voy a dar el mejor
sexo de tu vida”, dijo. Agarró uno de mis tobillos con fuerza, y con su otra
mano deslizó su pene en mi sexo mojado. Luego, con su pene dentro de mí, agarró
mis caderas y comenzamos a tener sexo rápido. “Oh si, métemelo así, por favor, no
pares”, gemí. “Buena niña. ¡Toma mi leche!”, gimió. “Sí, quiero ser una buena niña
para ti. Necesito que me lo metas rico”, respondí.
Alejandro forzó mis
tobillos hasta mis muslos y trasero, luego me hizo abrir los muslos. “Por favor
métemelo, méteme el pico”, gemí. Comencé a jugar con mis pezones tan pronto pude.
Agarró mi pecho y me obligó a adentrarse más en la cama. Con su otra mano,
forzó mi pierna más cercana al espejo hacia la cama y me penetró con fuerza por
un momento. Rápidamente se detuvo y alcanzó el cabello detrás de mi cabeza.
Agarró un puñado y forzó un beso. “Saca tu lengua”, exigió. Le obedecí. “Buena
chica”, respondió.
Lamió mi lengua y
procedió a escupirla y lamerla. “Te gusta el sexo duro, ¿verdad? ¿Quieres que castigue
tu vagina?”, preguntó. En voz más alta respondí, “¡Oh, sí, haré lo que quieras!”.
Mientras yo respondía el comenzó a agarrar su pene y frotar insistentemente la
punta de su pene contra mis labios vaginales. Luego retrocedió y ordenó que yo
me lo ‘clavara’. Me levanté y me puse a lo perrito. “¡Sí, sigue así! Mueve tus
caderas hacia mí como una buena niña. Muéstrame tu ano”, exclamó.
Separé mis glúteos para
que pudiera tocar mi culo. Me imaginaba a cómo sería que mi madre nos viera en
ese momento. Yo estaba completamente desnuda. Estaba tan caliente que mi sexo
goteaba. Empecé a lanzarme contra su pene cuando se quedó quieto. “¡Oh, sí papi!,
¿te gusta cómo te lo hace tu niña?”, pregunté. Me penetré muy rápido por un
buen minuto mientras su dedo rodeaba mi culo. ¡Se sintió tan bien!
Luego, cuando comenzamos
a reducir la velocidad debido a una cantidad abrumadora de placer, le exigí a Alejandro
que se acostara en la cama para poder subirme a él y montar su pene. Me imaginé
dando ese espectáculo para más personas, si ellas estuvieran mirando, me
aseguraba de que tuvieran una gran vista de mi mientras montaba el pene de mi
padre biológico. Puse el gran pene de Alejandro en mi sexo y comencé a montarlo.
Estábamos completamente desnudos.
“¿Harás todo lo que
diga?”, preguntó Alejandro mientras puso sus manos en mis caderas y me detuvo.
“Si, lo que quieras, yo lo haré, pero no paremos”, respondí desesperada y
extasiada, deseosa de continuar el sexo. Con un movimiento nos giró a ambos en
la cama, dejándonos en la posición del misionero y dijo, “Voy a embarazarte”.
“¿¡Qué!?”, exclamé incrédula, en ese momento con un dedo empezó a estimular mi
clítoris y descendió sobre mí y agarró mi cara con la mano que no me estaba
complaciendo y sin retirar su pene de mí. “Ya te llené mucho con mi semen,
seguramente ya estás embarazada pero ahora mismo me aseguraré”, dijo mirándome
a los ojos, acto seguido retiró casi la totalidad de su pene de mí, dejando
sólo la parte más mínima de su punta dentro mío. Yo no podía responder, me
costó respirar con normalidad. Cuando exhalé profundamente, me penetró con
fuerza y rapidez tan profundo como pudo. Sentí como me llenó con su enorme falo
como nunca antes lo sentí, arrebatándome el poco aire que aún conservaba. Abrí
los ojos y la boca tanto como pude, en ese momento mis ojos se centraron tanto
que me dolió en la comisura de los ojos, fue la expresión más estúpida que pude
tener en ese o en cualquier otro momento. Fue un inesperado orgasmo que Alejandro
manejó cortándome la respiración pegando su boca a mi boca mientras metía su
lengua para chocarla contra la mía y chocar su pelvis contra la mía. Yo estaba
extasiada e indefensa ante su arremetida. Mis ojos comenzaron a llorar, estaba
extasiada y perdía el control sobre mi cuerpo, sentí como los dedos de mis pies
se empezaban a acalambrar. De pronto Alejandro dejó el beso que me asfixiaba y
dijo, “Te gusta, ¿cierto? Te encanta esto, quieres que te embarace, dímelo”.
Ambos estábamos
descontrolados, hubiera dicho lo que fuera con tal de que siguiera entrando y
saliendo de mi con tanto frenesí. “Si, embarázame. Sigue. Dame, DAME, DAME. POR
FAVOR NO PARES”, grité entre gemidos y sollozos. Mis súplicas tuvieron efecto y
aumentó la fuerza y rapidez de sus embestidas. “¿Eres mi puta?”, preguntó.
Extasiada respondí mientras me embestía, “SÍ...SOY... SOY TU... TU PUTA... TU
PUTA; TU PUTA, TU PUTA, HARÉ LO QUE... LO QUE QUIERAS... EMBARÁZAME... LLENAME
DE LECHE... ÉCHAMELO ADENTRO”.
“SI MARACA, TÓMALO,
TÓMALO, TÓMALO”, gritó en respuesta. Mantuvo las embestidas rápidas y brutales
casi un minuto cuando por fin se detuvo y sentí caliente dentro de mi sexo. “COMCHETUMARE
TE ESTOY LLENANDO”, gritó mientras se retiraba de encima mío y me sujetaba de
ambas piernas por los tobillos, separando mis piernas tanto como era posible.
Las piernas me temblaban y mi expresión era tan patética que me llevé las manos
a la cara mientras un orgasmo desbordaba con mucha fuerza. Los espasmos fuertes
casi me levantaron de la cama, pero Alejandro me sujetó hacia abajo para evitar
que nuestros sexos se separaran. Gemí
mientras continuamos hasta el orgasmo mutuo que creció y creció. El orgasmo que
compartimos fue asombroso. Lo sentimos tan juntos que Alejandro forzó su esperma
contra mí. Me desplomé en la cama y casi inmediatamente me desmayé de a poco
mientras sentía dificultad para respirar y mis ojos se cerraban.
Desperté casi una hora
más tarde tapada con una toalla. Al levantarme de la cama mis piernas me fallaron,
pero apareció Alejandro para salvarme de una caída segura. Me cargó en brazos
hasta el sillón de la sala, ahí me sentó sobre sus piernas, hablamos y reímos
sobre lo que pasó. Le pregunté si hablaba en serio sobre embarazarme y me
respondió que sí, que no me preocupara porque el sabría que hacer mara manejar
el tema del embarazo. Nos besamos y sentí su pene ponerse duro bajo mío, mis
piernas aún estaban débiles, pero me las arregle para bajar al sueño,
arrodillarme frente a él y chupar su pene hasta que disparó su delicioso y
espeso semen en mi boca. Tragué y poco después de eso me percaté de que ya se
estaba haciendo tarde, así que pronto me vestí y fui a casa. Esa noche al estar
en mi cama no me acosaron apesadumbrados pensamientos negativos, todo era
bueno, todo era agradable.
Una semana después con
Alejandro confirmamos lo que él había querido, yo estaba embarazada. Yo me
sentía confundida pero no atemorizada. El sexo fue igualmente frenético el día
que nos enteramos del embarazo. Al terminar de hacerlo le pregunté a Alejandro
qué haríamos con el embarazo, a lo que él respondió, “Debes tener sexo con tu
papá”.
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