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    2008 Capitulo 8: Entrenamiento

    “Todos los hombres son unos calientes”, dijo Lizette durante el almuerzo. Yo estaba sumida en mis pensamientos del día anterior y no había prestado atención a la mayor parte de las cosas que ella decía. Asentí levemente solo para darle en el gusto y volví a mis pensamientos. Percibí que Lizette notó mi falta de atención, pero no lo comentó. Comí rápido y me mantuve pensativa en el resto de las clases del día, teniendo en mente la decisión de si volver o no a casa del amante de mi mamá.

    Demoré el camino a casa, a ratos iba decidida a ir directamente a mi casa y a ratos dudaba queriendo repetir el placer de la tarde anterior. Me paré frente a la casa de ese hombre y dudé durante interminables minutos hasta que abrí la reja, di temblorosos pasos hasta la puerta principal y la golpeé para anunciar mi llegada. El hombre me recibió con una sonrisa en su cara y me invitó a pasar. Esta vez no ingresé motivada por la ira a diferencia del día anterior y pude fijarme en él. Era alto, delgado, ojos oscuros, de pelo oscuro y rizado y atractivo, no me extrañó que mi mamá estuviera físicamente atraída hacia él.

    Me senté en el sillón de la habitación junto a la entrada y el me llevó un vaso de bebida. Se sentó junto a mí y me contó sobre él. Se llamaba Alejandro, tenía 41 años y había vivido toda su vida en esa misma casa. Mi mamá y mi papá se casaron cuando ella tenía 20 años y mi papá 26, en este momento ambos tenían 30 años de matrimonio. Según lo que Alejandro me contó, habían mantenido esta infidelidad él y mi mamá durante los últimos 26 años. En ese momento me puse a hacer cálculos, si lo que él decía era cierto, había probabilidad de que tanto yo como mis hermano y hermanas fuéramos hijos de él, ya que la mayor de nosotros en ese momento tenía 24 años. Resultó ser una revelación impactante que me dejó perpleja, nunca había considerado a mi mamá capaz de algo así, pero eso explicaría las frecuentes desapariciones de ella durante el día.

     

    “Ayer dijiste que tienes pololo, ¿Es verdad?”, dijo rompiendo la tensión que había. Con el vaso de bebida sujetado por ambas manos me limité a asentir. “¿Has tenido sexo con él?”, continuó. No esperaba esa pregunta de él. El día anterior me había hecho sexo oral, pero ese día me decía cosas que me hacían pensar que podía ser mi padre y de manera casual me preguntó algo tan privado como eso. Lo miré molesta. “No”, mentí. “Te gustó lo que te hice ayer?, preguntó. No sabía que responder. Fue algo que no pude alejar de mi mente en todo el día y parecía ser que él leía mi mente, por la expresión de satisfacción que tenía. En un momento me tomó y me sentó en sus piernas. “¿Eres mi papá?, pregunté para evitar responder. Él se rio fuertemente y sentí un duro bulto debajo mío, entre sus piernas. “¿Por qué preguntas eso?”, dijo intrigado. “Si lo que dices es verdad, tu podrías ser mi papá o de mis hermanos”, continué.

    Mirándome a los ojos me dijo, “Yo sé que soy tu papá, pero si no me crees hagamos algo simple, pregúntale a tu mamá el tipo de sangre tuya, de ella, de tu papá y tus hermanos, dile que es para una tarea del colegio. Mañana vuelve y veremos qué pasa”. Estaba totalmente confundida por esa petición, pero necesitaba más pruebas para empezar a creer lo que me decía ese extraño. Rápidamente después de eso me despedí y salí de su casa. Al llegar a mi casa me encerré en mi habitación y para mi sorpresa, me di cuenta de que mi ropa interior estaba completamente empapada.

    Al reunirme con mi familia para tomar once le pregunté a mi mamá lo que Alejandro me había dicho, con la excusa de que era para una tarea del colegio. Mamá sin pensarlo acudió a una libreta donde tenía eso escrito y me dijo que el tipo de sangre mío y de mis hermanos era B y el de ella y mi papá era A. Lo anoté en un papel y le agradecí su ayuda.

    Al día siguiente, miércoles, volví a la casa de Alejandro y le comuniqué lo que mi mamá me había dicho, él me condujo a un computador encendido en el que minimizó varias pestañas de pornografía. Me avergonzó ver eso, pero a él no pareció afectarle. Era la primera vez que veía pornografía en mi vida. Él notó mi reacción y preguntó, “¿Nunca habías visto porno?”. Me limité a negar con la cabeza. Me miró y rio. Después de eso buscó en internet y dio con una página que mostraba la paternidad según los tipos de sangre, en ella decía que cuando la madre y el padre son de tipo de sangre A, los hijos pueden ser de tipo de sangre A o 0. Sabiendo eso entendí que al ser de tipo de sangre B, no era posible que mi papá fuera mi padre biológico. “Yo soy tipo AB”, dijo con satisfacción. Leí que para una madre tipo A y un padre tipo AB, las combinaciones para los hijos podían ser de A, B o AB.

    Él interrumpió mi reflexión metiendo su mano bajo mi falda y agarrando uno de mis glúteos. “Oye”, protesté. “Si es verdad y eres mi papá, no podí hacer eso”, dije alejando su mano de mi trasero. El reaccionó sorprendido y dijo, “Eso no cambia lo que te hice el lunes, sé que te gustó”. Me sentí avergonzada y confundida. Él cambió la página que estábamos viendo en el computador y volvió a poner pornografía. Vi a una mujer siendo penetrada, embestida vigorosamente por un hombre, ambos desnudos y disfrutándolo. Rápidamente volteé la mirada y me retiré a la habitación de al lado. Él me siguió y dijo, “Ya sabes cómo son las cosas, no soy un hombre malo, solo quise mucho a tu mamá. Tenía tu edad cuando empezamos nuestra relación y no me arrepiento de eso”. Me abrazó por la espalda apretándome fuertemente contra él. “Tu pololo va a querer a una mujer con experiencia”, continuó, “Una mujer que tenga confianza en el sexo. El problema, Dani, es que eres virgen. No tienes ningún conocimiento o experiencia sexual, como yo antes de tu mamá. Él debe desearte mucho pero no quiere tener que enseñarte todo sobre sexo o sobre complacerlo”.

    “Quiero enseñarte todo lo que aprendí con tu mamá, pero debemos tener algunas cosas claras entre nosotros. Puedo ser tu maestro y te enseñaré lo mejor que pueda. Debes ser una buena estudiante y seguir todas mis instrucciones y hacer exactamente lo que te digo que hagas. Lo más importante es que debes respetarme. Yo no te haré nada que tú no quieras, sólo quiero que seas feliz y que lo pases bien con tu pololo”, dijo.

    Me excitó su cercanía, la forma en que me presionaba contra él y en pocos segundos sentí como mi sexo se empapaba. No me importó que pudiera ser mi padre biológico, sólo estaba en mi mente cómo me hizo gozar hace días mientras mis ojos miraban la mesa en donde lo hizo. Tampoco pensé en mi pololo, Carlos.

    “Yo quiero”, dije en voz baja. Hizo una risita y me continuó sujetando. “Comenzaremos las clases mañana después del colegio”, me susurró al oído. “No haré nada que tú no quieras”, terminó. Rápido me liberé y fui a la puerta sin volver a mirarlo. Caminé rápido a casa y me acosté sin comer. No sabía que hacer o que pensar, pero para evitar pensar en eso comencé a masturbarme tal como lo había hecho hace unos días.


    DÍA 1, Jueves, Masturbación y tacto

    Esa mañana vestí traje de baño debajo del uniforme de colegio. Me aseguré de ver a Carlos rodeados de gente en todo momento para evitar que me hiciera darle sexo oral. Almorcé con Lizette, quien notó que me pasaba algo, pero lo negué y evité hablar del tema.

    Después de clase me apresuré en llegar a la casa de Alejandro, esta vez sin tantas dudas como los días anteriores, pero con más curiosidad por saber a qué había accedido hacer. “Estoy listo para mi primera lección, profesor”, dije nerviosa. Él me condujo a sentarme en el sillón y luego se sentó junto a mí.

    Alejandro sacó la tapa de la caja y sacó de ella algunos DVDs y varios libros. Cerró la caja de nuevo. “Te voy a enseñar sobre sexo”, explicó, “Quiero que veamos juntos algunos videos y que practiques algunas cosas”, continuó. Enderecé la espalda y saqué el pecho; “Estoy lista”, dije con voz temblorosa. Alejandro se paró del sillón frente a mí y dijo, “Lo primero que debes aprender es el placer. La esencia misma de la actividad sexual se basa en que cada persona pueda experimentar plenamente las maravillas del placer, Dani, por favor, levántate”. Obedecí “Ahora, Dani, quiero que te quites toda la ropa y la coloques en el sillón”, dijo mientras me miraba a los ojos.

    Yo estaba muy sorprendida. Comencé a moverme nerviosamente alejándome de él. Extremadamente nerviosa, grité, “¿Por qué quieres que haga eso? No puedo quitarme la ropa delante de ti. Si eres mi papá, ¿Por qué me dices que haga esto?”. Alejandro interrumpió, “¡Dani, siéntate, ahora mismo!”. Rápidamente dejé de hablar y me senté en el sillón. “Sabía que esto pasaría”, dijo Alejandro enojado, “Aquí estamos en nuestra primera clase y tú estás rompiendo todas las reglas. Entonces, ¿qué es lo primero que haces? Te doy una instrucción simple y reaccionas así. Esto simplemente no va a funcionar. No me respetas como profesor”.

    Miré hacia abajo y fruncí el ceño. Estaba siendo reprendida por ese hombre que hasta hace unos días era un desconocido y en ese momento se mostró muy dominante hacia mí. Aun así, no podía sacar de mi mente y mi cuerpo lo que me hizo sentir hace días, los orgasmos. “Sorry, pero estoy confundida. Esto es difícil para mí”, dije con lágrimas en los ojos, enojada y confundida.

    Alejandro se acercó a mí y dijo, “Entiendo tu confusión, y te lo explicaré. Quiero enseñarte, ayudarte. Casi siempre cualquier cosa que hagas sexualmente implicará tener poca o ninguna ropa puesta. Mi primera clase es sobre el placer. Quiero que aprendas sobre los placeres de tu propio cuerpo. Esta clase, por supuesto, solo se puede hacer bien sin la ropa. Ahora, podemos dejarlo hasta aquí, o podemos comenzar de nuevo. ¿Qué dices?”.

    Lo miré a los ojos y cedí, “Sigamos”. Alejandro nuevamente volvió al centro de la habitación. “Dani, ponte de pie, quítate la ropa y colócala en el sillón”, dijo con severidad.

    Me levanté lentamente del sillón con la cabeza ligeramente baja. Me giré tímidamente hacia Alejandro y comencé a quitándome la falda y la blusa del uniforme. Rápidamente mientras me quitaba el resto de la ropa me cubrí los senos y la entrepierna. Alejandro habló suavemente, “Ahora no hay razón para avergonzarte. Quiero que coloques tus brazos a los lados, te pares derecha y te gires hacia mí”. Dejé caer los brazos y lenta mente me giré hacia él.

    Alejandro se aclaró la garganta, “Ahora ves, eso no fue tan difícil. No debes avergonzarte de tu cuerpo. Tienes una figura muy hermosa. Deberías enorgullecerte de lo que la naturaleza te ha dado”.

    Una amplia sonrisa apareció en mi rostro. Comencé a sentirse mucho más cómoda en esa situación. “Gracias”, dije tímidamente. “Ahora quiero que te des la vuelta lentamente”, dijo Alejandro, “para que pueda verte completa”. En pasos muy pequeños, comencé a girar. Al terminar de darme la vuelta una vez más miré hacia adelante. Una vez más, Alejandro instruyó, a su estudiante ahora un poco más tranquila.

    “El placer se experimenta en varios niveles”, continuó, “Existe el placer que puedes darte a ti misma. También puedes experimentar el placer que le das otra persona. Sin embargo, recuerda siempre que el mayor placer proviene del que sientes mientras ves el placer que siente otra persona, mientras la haces gozar. Este es el círculo total de la experiencia de placer. Para apreciar completamente el sexo, debes estar consciente de todos los caminos de placer y éxtasis que puedes recorrer”.

    Alejandro caminó de un lado a otro frente a mí, “Ahora hay un problema que puedo ver aquí. A muchos hombres les gustan las mujeres sin vello púbico. Quiero decir sin vello. Sé que nunca te has depilado ahí así que eso lo pasaremos por alto”.

    “La clase de hoy”, Alejandro dijo, “es sobre el placer que se puede sentir con el simple toque de las manos de alguien. Quiero que cierres los ojos. Mientras te toco, quiero que me digas lo que sientes. Puedo pedirte una respuesta específica o puedes expresar tus sentimientos de forma voluntaria en cualquier momento”. Cerré los ojos y Alejandro se acercó a mí. Colocó sus manos a ambos lados de mi cara y mejillas y las presionó suavemente. Dije, “Tienes manos muy Suaves”.

    Alejandro continuó acariciando mi rostro y movió sus manos hacia mi cuello y hombros. Él continuó tocando mis hombros con sus manos moviéndose hacia mi espalda y luego hacia el frente. Alcanzó debajo de mis brazos, justo debajo de mis hombros, mientras yo retrocedía. Cuando sus brazos fueron hacia adelante, sus manos entraron en contacto con la parte inferior de mis brazos, mientras acaricia mis brazos hacia mis codos muy delicadamente.

    “Eso hace cosquillas”, reí. Alejandro continuó subiendo con las yemas de sus dedos a lo largo de mis brazos moviéndose hacia mis manos. Sostuvo ligeramente mis pequeñas manos y sintió mis dedos y palmas. Moviendo sus manos hacia atrás por sus brazos, él se acercó a mí y sostuvo mis brazos en un ángulo alejado de los costados de mi cuerpo. Alejandro movió sus manos alrededor de mi cintura y hacia mi espalda. Él acarició los omóplatos con las yemas de los dedos, terminando frotando mi columna vertebral. Ya no sentí cosquillas cuando comencé a respirar a un ritmo regulado. “¿Cómo se siente esto?”, preguntó Alejandro.

    “Esto se siente bien”, dije, “Mis músculos comienzan a derretirse”. Alejandro continuó avivando mi espalda y recorriéndola totalidad del espacio entre mis hombros y mi trasero. En mis caderas, él movió sus manos a mis costados y me tocó hacia abajo a lo largo de mis piernas. Sin quererlo o planearlo yo empezaba a ronronear. Cuando sus manos comenzaron a subir sobre mis caderas, las movió hacia mi vientre. Con sus dedos ahora más separados, Alejandro sintió mi estómago, frotándolo con cada movimiento. Sus acciones ahora estaban claramente haciendo que mi cuerpo se relajara completamente al tacto.

    Alejandro levantó las palmas de las manos y acunó ligeramente la parte inferior de mis senos. Me estremecí ligeramente y gemí, “Ohhh”. Él siguió tocando mis senos desde abajo y comenzó a masajearlos. Mi respiración se volvió más pronunciada. Alejandro permitió que sus dedos se deslizaran junto a mis pezones. Mientras movía sus dedos hacia arriba y hacia abajo, mis pezones se frotaban contra los costados de sus dedos. En poco tiempo, mis pezones se pusieron duros y erectos.

    Dije cerrando los ojos, “Mi cuerpo se siente tan caliente. Nunca antes había sentido algo así”. Alejandro continuó acariciando mis senos y mis pezones rígidos, mientras que mi respiración se estaba volviendo irregular. Caminó detrás de mí y siguió acariciando mi cuerpo desde mis senos hasta mi estómago. Movió su mano izquierda hacia mi seno y siguió masajeándolo y girando en mi pezón erecto entre su pulgar e índice. Su mano derecha se movió más abajo e hizo contacto con mi sexo. Moviendo suavemente su mano hacia adelante y hacia atrás a través de mi sexo, yo estaba parada sobre los dedos de los pies y mi cuerpo se movió hacia atrás, mientras me frotaba contra el cuerpo de Alejandro.

    “Estoy empezando a temblar”, dije con los ojos cerrados y respiración pesada, “Mi cabeza está empezando a girar. Nunca supe que podría sentirme así. Por favor, no pares”. Los dedos de Alejandro ahora estaban haciendo mucho más contacto directo con mi clítoris. Cuanto más me frotaba el clítoris, más comenzaba a tambalear de puntillas. Siguió frotando mi sexo cada vez más rápido. Yo resoplaba como una locomotora de vapor, manteniendo el ritmo de su furioso roce. Después de unos segundos de esto, mi cuerpo comenzó a convulsionarse.

    Grité, “¿Qué me está pasando? Yo, yo, yo ... ¡Oh, sí, sí, sí!”. Llegué al clímax cuando mi cuerpo quedó totalmente flácido en los brazos de Alejandro. Me habría derrumbado en el suelo si él no me hubiera sostenido. Yo jadeaba mientras recuperaba el aliento, “¿Qué pasó? Nunca había sentido eso. Me siento tan débil”.

    “Acabas de tener un orgasmo”, explicó Alejandro, “¿Te gustó?”. Yo ya había tenido orgasmos, pero ninguno como ese, de pie, desnuda y sólo por las manos de un hombre. “Lo disfruté mucho”, respondí.

    Alejandro volvió a moverse al frente mío. “Bien”, dijo, “lo hiciste muy bien en tu primera clase. Ahora para la tarea, quiero que pases un tiempo en tu casa, sola, y que uses tus propias manos para tocar tu cuerpo. Tu tarea es ver si puedes llegar a tener un orgasmo, como lo he hecho por ti. Veámonos mañana, a la misma hora, para tu segunda clase. No olvides completar tu tarea, Dani”, ahora con una sonrisa radiante, Alejandro se dirigió a la puerta y esperó a que me vistiera nuevamente para abrirla y despedirme.


    DÍA 2, Viernes, Orgasmos múltiples

    Evité a Carlos y Lizette ese día, almorcé sola en un lugar apartado. Nuevamente al salir de clase me dirigí a casa de Alejandro, vestida igual que el día anterior. Alejandro me recibió igual que el día anterior y me hizo sentar en su sillón. “Estoy preparado y listo para mi próxima clase, profesor”, dije en tono alegre. “Estoy impresionado con tu actitud”, respondió Alejandro, “Es bueno para el profesor ver a una estudiante ansiosa por aprender. Ahora, ¿completaste tu tarea anoche?”

     

    “Sí”, dije, “Hice lo que me dijiste y tuve un orgasmo al tocarme. Me gustó mucho”. Alejandro intervino, “Así que realmente te gusta tocarte, ¿verdad?”. No esperó a escuchar mi respuesta y se volvió a una mesa sobre la que había papeles. “Dani, aquí tengo una lista de palabras que deberías estudiar. Durante un momento sexual hay diferentes palabras para usar que ayudan a darle vida a la experiencia. Por ejemplo, sus senos se conocen como tetas. Tu trasero es tu culo, y así”, dijo.

     

    Reí un poco. “Tu vagina es tu choro. El pene de un hombre se llama pico o tula y sus testículos se llama bolas o cocos. Hay otras palabras que aprenderá a medida que avanzamos. ¿Entiendes lo que te he explicado? ¿Puedes recordar estas palabras?”, preguntó como si recordarlas fuera una gran proeza. Asentí con la cabeza. “Bien entonces, ¿cuántas veces acabaste anoche?”

     

    Me mostré confundida. “Hice mi tarea como me dijiste, ¿Debí hacerlo más de una vez?”. Alejandro me miró, “Bueno, pensé que tal vez lo harías varias veces o que tendrías orgasmos múltiples”. En ese momento yo estaba más confundida más confundida. “No sé qué son los orgasmos múltiples”.

     

    Alejandro se acercó a una caja sobre una mesa. Abrió la tapa, sacó algo y lo colocó en el bolsillo de su chaqueta y dijo, “Parece que necesitamos un poco más de espacio. Vayamos a la pieza”. Mientras entrabamos a la habitación, Alejandro nuevamente dio instrucciones, “Daniela, quiero que te quites la ropa de nuevo y te acuestes en la cama”.

     

    No perdí el tiempo quitándome la ropa y claramente no me avergonzaba de estar desnuda frente a mi profesor. Me arrodillé sobre la cama, subí al centro y me di vuelta para acostarme boca arriba. Alejandro continuó, “Ahora Dani, quiero que te masturbes”. Confundida de nuevo, dije, “¿Masturbarme hora?”. “La masturbación”, dijo Alejandro, “es cuando llevas tu cuerpo al orgasmo al tocarte. Anoche te masturbaste como tu tarea. Así que quiero que te masturbes ahora, como lo hiciste anoche”.

     

    Comencé a tocar mi cuerpo. Mis ojos estaban cerrados mientras sentí mis senos, mi estómago, mis caderas, muslos y piernas. Separé las piernas mientras mis manos tocan mi sexo. Mientras me frotaba el sexo, estaba empezando a excitarme mucho. Después de varios minutos de estas acciones, definitivamente está lista para lograr el orgasmo. A medida que se acercaba el momento del clímax, liberaba gemidos de alegría mientras mi orgasmo alcanzaba su punto máximo. Totalmente gastada físicamente, mi cuerpo se estremeció por la maravillosa sensación y el calor de mi cuerpo.

     

    Alejandro metió la mano en su chaqueta y sacó un pedazo de goma. Este era un pequeño vibrador con suaves protuberancias de goma en un extremo. Lo encendió y procedió a frotarlo alrededor de mi sexo. Mis ojos se abrieron de par en par de asombro. “Profe, ¿qué es eso? Se siente tan bien”. Alejandro explicó, “Esto es un vibrador, Dani, solo recuéstate y disfrútalo”. Mientras frotaba mi sexo, prestaba mucha más atención a mi clítoris. ya hinchado, ahora estaba completamente expuesto fuera de los labios de mi sexo. Las continuas vibraciones me tenían retorciéndome en la cama.

     

    “Por favor no pares, profe. Se siente muuuy bien”, dije. En poco tiempo, me acercaba a mi segundo orgasmo en pocos minutos. Mi cuerpo se contrajo de alegría, una vez más. Mi respiración era muy pesada, se hizo difícil recuperar el aliento. Alejandro, mientras tanto, no detuvo su implacable ataque contra mi clítoris. Mantuvo el vibrador firmemente colocado donde sabía que está haciéndolo mejor. Pasó menos de un minuto cuando de repente mi espalda comenzó a arquearse. Llegué al punto donde solo la parte superior de su cabeza y la punta de los dedos de los pies tocan la cama. Gritando con extremo placer, alcancé mi tercer orgasmo. Alejandro retiró su mano de mi sexo y guardó el vibrador.

     

    “Eso es un orgasmo múltiple. ¿Qué te parece?”, preguntó Alejandro. “Te diré cuándo pueda volver a respirar”, jadee. “Nunca supe que esto podría suceder”, dije. “Fue increíble. ¿Cuántas veces puede hacer eso con mi cuerpo? ¿Cuántos orgasmos múltiples has tenido, profe?”. Alejandro respondió, “Ese es un lujo sexual especial que solo tienen las mujeres. Cuando un hombre llega al clímax, su pene se ablanda rápidamente y se tarda unos minutos antes de que esté realmente listo para llegar al clímax nuevamente. Supongo que una mujer podría llegar al orgasmo hasta que se desmaye. Ahora puedes vestirte de nuevo. Continuaremos la clase en el sillón”.

     

    Me vestí y seguí a Alejandro a la habitación contigua. “Ahora comenzaremos a estudiar los diversos tipos de actividad sexual entre un hombre y una mujer. Como mujer, una de las primeras cosas que debes aprender es cómo realizar correctamente el sexo oral a un hombre. Tengo algunas revistas aquí con fotos de mujeres haciendo sexo oral. También tengo videos en el computador o DVD’s. Tu tarea esta noche es mirar estas fotos y los DVD’s que te estoy dando. Quiero que te familiarices con los aspectos del sexo oral. Vuelve mañana y discutiremos lo que has revisado, como es sábado puedes llegar más temprano”.

     

    Me puse de pie, “Sí, profe. Voy a estudiar mucho, gracias por enseñarme hoy”. Alejandro me entregó algunas revistas y DVD’s y luego salí de su casa.


    DÍA 3, Sábado, Sexo oral y garganta profunda

    Llegué más temprano que otros días y Alejandro me hizo esperarlo sentada en el sillón mientras continué revisando las revistas. Él volvió a la sala y me encontró sentada en el sillón con sus revistas abiertas sobre la mesa, mirando atentamente las fotos.

     

    “Daniela”, dijo Alejandro, “¿qué crees que puedes decirme sobre el sexo oral hasta ahora”. Levanté la vista de la mesa y dije, “Sé que el sexo oral es cuando una mujer pone el pene de un hombre en su boca”. Alejandro interrumpió, “Ahora Daniela, te dije que estudiaras esas palabras s picantes”. Repite lo que dijiste recién con esas palabras”. Repetí, “Sé que el sexo oral es cuando una mujer pone el pico de un hombre en su boca”.  “Muy bien, pero ahora dilo como si tú lo fueras a hacer”, corrigió. “Sexo oral es cuando me meto la pichula en la boca”, dije sonriéndole. Sentí como eso lo emocionó.

     

    “Pero tengo algunas preguntas”, continué como una ignorante, “¿Qué es eso blanco que sale del pene? ¿Por qué en los DVD’s lo tiran a la cara de la mujer?”. Alejandro intervino, emocionado de ver mi aparente falta de conocimiento, “Esas son buenas preguntas, Daniela. Revisaste muy bien tu tarea. Cuando un hombre alcanza un clímax, eyacula semen. Eso es el líquido blanco. También se llama esperma. El disparo de esperma en la cara de la mujer es un detalle visual para la película. Lo llaman facial. Deberías haber notado que las mujeres se vuelven a poner el pene en la boca para chupar y tragar el semen restante”.

     

    Respondí rápidamente tratando de parecer inocente, “También quería preguntarte sobre eso. ¿Se supone que debo tragar el semen? ¿A qué sabe?”. Alejandro respondió, “Toda la mujer que conozco me ha dicho que el semen sabe bien. Les gusta. También me han dicho que está lleno de proteínas, por lo que es saludable; y que tragarlo también ayuda a mantener el cutis suave y terso. Tu mami siempre se lo traga”. Alejandro intentó mantener la cara seria.

     

    Asentí y agradecí a mi profesor por las explicaciones a mis muchas preguntas. Alejandro se movió hacia la mesa donde tenía una caja. Quitó la tapa y la colocó hacia abajo. Volviendo hacia mí, en el sillón, Alejandro dijo, “Hay algunas cosas muy importantes que debes saber acerca de hacer un buen sexo oral. Si realmente quieres complacer a un hombre, hay tres reglas simples a seguir. La primera es que siempre debes tragar el semen de un hombre. El segundo es que debes aprender a tomar el pene de un hombre completamente en tu boca. Esto requiere que el pene del hombre descienda por tu garganta si es muy largo. Esto se llama 'garganta profunda'. Cubriremos esto más tarde hoy. El último es el más importante de todos. A medida que experimentes chupando, te darás cuenta de cuándo un hombre está a punto de alcanzar el clímax. Cuando sabes que un hombre va a eyacular, inmediatamente debes comenzar a darle garganta profunda para que dispare su semen en tu garganta. ¿Entiendes todo lo que te he explicado?”.

     

    Tímidamente lo miré, “Creo que sí. ¿Podrías explicarme más?”. “Bueno, Daniela, lo que vamos a hacer ahora es practicar cómo chupas. Para ayudarte tengo algunos juguetes sexuales. Tengo vibradores y consoladores, que son herramientas de aprendizaje para ti. La mayoría de ellos son largos, pero otros son más anchos”, dijo. Me deslicé hasta el borde del sillón. Estaba muy ansiosa por ver lo que salía de la caja. Alejandro sacó algunos de los consoladores de la caja. Dejó los vibradores adentro. Me entregó los consoladores y me dijo, “Ahora quiero que practiques chupando estos. Te acostumbrarán a la sensación de un pene en tu boca. Tu mamá también los usa, pero no te preocupes, los lavé”.

     

    Puse la cabeza de uno en mi boca. Lamí la punta y luego comencé a succionarla dentro y fuera de mi boca como una paleta. Sonreí y se reí, “¿Estoy haciendo esto bien, profe?”. Alejandro estaba a punto de desmayarse. Ver mi boca con un pene dentro le debió resultar insoportable; incluso si el pene era falso. Continué chupando el consolador. Recordando las fotos, DVD y lecciones de mi profesor; intenté meterme el consolador más en la boca. Cuando la cabeza llegó al fondo de mi boca, se abrió la garganta. Intenté empujarlo más y me atraganté, “No esperaba eso. No creo que pueda ponerlo más lejos”.

     

    Alejandro explicó, “Ese es tu reflejo, Daniela. Debes aprender a relajar los músculos de la garganta. Tomate tu tiempo. Respira por la nariz. No intentes forzarlo. Sé que lo lograrás pronto. Tengo otro tipo de ayuda para ti. Te ayudará a aprender garganta profunda”. Metió la mano en la caja y sacó un dong de gelatina suave de 40 cm de largo, 4 cm de ancho. Desde la punta de la cabeza, había marcas que indicaba lo largo del dong. Mis ojos se ensanchan como platillos.

    “¡Profe, nunca podré meterme todo eso en la garganta!”, exclamé. Alejandro se rio, “No Daniela, nunca tuve la intención de que lo intentaras. Ves las marcas en el costado. Quiero que practiques hasta que puedas meterlo en tu boca donde muestre 10 pulgadas. Esto asegurará que puedas garganta profunda a tu pololo”.

     

    Con alivio dije, “Gracias a Dios. Practicaré, como dices profe. Me gusta cómo se siente esto. No es tan difícil, como esos consoladores. Creo que puedo aprender a hacer garganta profunda con esto”. Coloqué el dong en mi boca y comencé a chupar nuevamente. Después de un tiempo, mi garganta comenzó a relajarse y abrirse. Después de presionar hasta las 5 pulgadas en mi boca por unos minutos, otra pulgada de repente entró. Durante los siguientes minutos, continué llevándome el dong más y más por la garganta. Alejandro lanzó algunas palabras de aliento mientras yo consumía ansiosamente el dong.

     

    Entonces Alejandro me dijo, “Daniela, es importante que cuando chupes trates de mirar al hombre”. Es muy sensual tener a la mujer haciendo contacto visual contigo en este momento. Ya que estás sentada frente a mí, mírame como si fue mi pene el que estabas chupando”.

     

    Hice lo que me dijo. Alejandro ahora me tenía empujando un dong por mi garganta mientras lo mira a los ojos. Claramente, vi una mancha formarse en su entrepierna, en su pantalón. Retrocediendo en sus propios deseos, Alejandro me dijo lo bien que lo estaba haciendo. Sugirió que yo siguiera intentando llevarlo más profundo. No pasó mucho tiempo antes de que pudiera tragar fácilmente las 10 pulgadas, como se me indicó. No tuve problemas con las arcadas. Incluso logré respirar y estaba usando mi lengua para lamer la parte inferior del dong mientras estaba en mi garganta, ya que se movía dentro y fuera de ella. Dijo que estaba bien detenerse. Retiré lentamente las 10 pulgadas de mi garganta y boca.

    “Bien hecho, Daniela. Hemos tenido un día muy productivo. Esta noche quiero que continúes practicando chupar pico y garganta profunda. Quiero que también intentes usar los consoladores para ver si puedes aprender a introducirlos más en tu garganta. Te voy a pasar una nueva película que quiero que veas. Es una película sólo de la garganta. Creo que te será de gran ayuda. Creo que hoy has entendido muy bien cómo chupar, estoy seguro que harás muy feliz a tu pololo. Mañana repasaremos lo próximo que quiero que aprendas. Nos vemos mañana”.

     

    Escuché cada palabra atentamente y me sentí orgullosa de mi logro, sólo atiné a responder, “Muchas gracias por lo que me has enseñado hoy. Eres un profesor maravilloso”. Dicho esto me fui de su casa.


    DÍA 4, Domingo, Vaginal

    Nuevamente al entrar en su casa me hizo esperarlo en el sillón, para aprovechar el tiempo empecé a practicar con el dong subiendo y bajando por mi garganta. Lo quita rápidamente cuando vi que él se acercó. “Es un poco tarde para terminar tu tarea”, dijo. “Sólo estaba practicando, profe”, respondí.

     

    “Eso está bien”, respondió, “¿Practicaste anoche con los consoladores?”. Agarré uno de los consoladores, “Oh sí, profe. Mira esto”. Había aprendido mucho viendo la película la noche anterior. Había aprendido a inclinar la cabeza hacia atrás y abrir la garganta. Con total facilidad, pasé las 9 pulgadas del consolador duro arriba y abajo de mi garganta, mis dedos simplemente agarrando el extremo. Saqué el consolador de mi boca.

     

    “Eso es muy bueno, Daniela. Has estudiado extremadamente bien. Diría que tienes un don para esto, quizás es algo de familia”, dijo. Ambos se reímos. “Muy bien entonces, Daniela. Hoy vas a aprender sobre el sexo vaginal. Tu nueva palabra de hoy es "tirar". Cada vez que el pene de un hombre penetra el cuerpo de una mujer, se llama penetración. La lección de hoy será sobre penetrar tu vagina”. Reí cuando pensé lo que dijo.

     

    Alejandro reunió todos los juguetes sexuales y los volvió a colocar en la caja. “Para la lección de hoy volveremos a ir a la pieza”. Cuando Alejandro recogió su caja, me miró corriendo hacia el dormitorio. Caminó hacia el dormitorio para verme desnudarme, saltar sobre la cama desnuda y rodar sobre mi espalda. “Estás muy ansiosa hoy”, dijo Alejandro alegremente. “Lo hice bien, ¿verdad, profe?”, pregunté tímidamente. Alejandro solo sonrió y asintió con la cabeza. “Simplemente perfecto”, dijo, “ahora lo haré lentamente y haré todo el todo para comenzar. Sólo quiero que te relajes y disfrutes la sensación”.

     

    Alejandro dejó su caja en la mesita de noche. Caminó hacia el borde de la cama. Yo estaba acostada justo en el centro de la cama. Él agarró ligeramente mis tobillos y me dijo que me acercara al borde. Mientras yo me movía, sus manos subieron por mis piernas y las separó suavemente. Alejandro cayó al suelo de rodillas, con mi sexo a unos pocos centímetros delante de él. Él acarició suavemente mis muslos internos y me sintió relajarme. Sus manos se acercaron a mi sexo y comenzó a frotar su pulgar a lo largo de mi clítoris.

     

    “Oh profe”, ronroneé, “eso se siente muy bien”. Mientras él continuó frotando, mi clítoris se volvió mucho más pronunciado. mi respiración también se estaba acelerando. Alejandro luego permitió que sus pulgares frotaran la parte interna de los labios de mi sexo. Mi trasero estaba retorciéndose en la cama, eso le dijo que me está poniendo más caliente. Cambió su pulgar a su dedo índice y lentamente lo insertó en mi sexo.

    “Profe, ¿ese es tu dedo?”, pregunté. “Sí lo es. ¿Quieres que pare?”, preguntó Alejandro. Hice una pausa breve y gemí, “No. Por favor, no pares”. Alejandro continuó con su dedo índice. Él pudo sentir el apretón de los músculos de mi sexo. Su único dedo se convirtió en dos. Movió sus dedos dentro y fuera de mi sexo, llevándome cerca del clímax. Alejandro pasó a tres dedos y también volvió a frotar mi clítoris, con el pulgar de su otra mano. Mi cuerpo se movió hacia arriba y hacia abajo sobre los dedos de Alejandro. Apenas tuvo que proporcionar ningún movimiento en absoluto. Con gemidos saliendo de mi boca, sucumbí a otro orgasmo masivo. Alejandro no me dio tiempo para recuperarme.

     

    Metió la mano en la caja y sacó lo que llamó un 'Tsunami Wonder'. Este era vibrador de aproximadamente 7" de largo, pero solo 1" de espesor. Tenía un diseño de remolino muy único a lo largo de la longitud. Alejandro comenzó lentamente a insertar el vibrador. Con el vibrador todavía apagado, él empujó el eje más adentro de mi sexo con cada golpe. Yo estaba volviendo a respirar a un ritmo rápido. Justo cuando había insertado alrededor de 6"en mi sexo, activó el interruptor de encendido.

     

    “Oh, Profe. ¿Qué me estás haciendo? Quiero más y más y más. Por favor más”, supliqué. Alejandro tenía la mayor cantidad de vibrador en mí que podía sin dejar de sostenerlo. Yo continué llorando por más. Metió la mano en la caja para sacar uno de los vibradores de 9”. Él encendió el vibrador más grande mientras retiraba el más pequeño de mi sexo. Con la misma rapidez, reinsertó el vibrador de 9 pulgadas y lo enterró en mi sexo y siguió empujando. La sensación fue electrizante. No pasó mucho tiempo antes de que yo me acercara a mi segundo orgasmo. Mis rodillas en el aire y mi trasero levantado de la cama culminaron en otra serie de alegres gemidos y gritos.

     

    “Oh Profe”, jadeé, “por favor hazme eso otra vez. Ese fue el mejor hasta ahora. Realmente me gustan estas cosas”, exclamé. Alejandro interrumpió, “Creo que es hora de que te lo hagas a ti misma. Date la vuelta y ponte de rodillas”. Cumplí rápidamente dándole la espalda y arrodillándome frente a él e inclinándome.

     

    “Aquí hay varios vibradores y consoladores. Quiero que te penetres con ellos. Esta es otra forma de masturbación”, dijo. Agarré ansiosamente el vibrador de 9" y lo encendí. Alcancé entre mis piernas y comencé a frotar el vibrador arriba y abajo en mi sexo. Seguí así por un tiempo y luego me pasé la punta por los labios de mi sexo. Lenta pero segura, lo empujé más y más profundo. Mi ritmo y las vibraciones me volvieron a llevar a la cima del placer. Con la cara enterrada en la cama, grité de alegría mientras experimenta mi tercer orgasmo consecutivo. Luego, retiré el vibrador y tomé uno de los consoladores de 9”. Ella fácilmente lo inserté en mi sexo goteando y comencé a acelerar mi ritmo. El consolador y mi mano se estaban volviendo borrosos a la vista cuando alcancé la "velocidad de embestida". Estaba claro que yo tenía más control ahora. Mi respiración era difícil pero más regular. La falta de vibración me permitió extender el tiempo entre orgasmos.

     

    Alejandro volvió a meter la mano en su caja. Mientras me ocupaba de mi propio placer, él lo llevó un paso más allá. Sacó un vibrador con un eje flexible de 5” de cuentas anales espaciadas aproximadamente a 1” de distancia. Comenzaban pequeños en un extremo y crecen un poco más cada vez. También sacó una botella de lubricante y quitó la tapa. Alejandro se puso entre mis piernas. Yo todavía estaba perdida en mi propio mundo mientras él vertió una pequeña cantidad de lubricante por la grieta de mi trasero. Luego, lentamente, insertó su dedo en mi culo para empujar el lubricante. Respondí casi de inmediato.

     

    “¿Qué estás haciendo, profe? Ese no es mi sexo”, dije agitada. Con voz tranquila, Alejandro respondió, “Ya lo sé, Daniela. Te concentras en lo que estás haciendo. Quiero que me digas lo que sientes. Empujó su dedo hacia el nudillo. Lo empujó hacia adentro y hacia afuera varias veces antes de intentar con dos dedos. Con dos dedos trabajando dentro y fuera de mi trasero, dije, “Eso se siente muy diferente. Muy agradable, pero muy diferente”.

     

    Alejandro luego quitó sus dedos y colocó la primera cuenta anal más allá de mi esfínter. Uno por uno los mueve más profundamente en mi culo. Cuando la última cuenta penetra su culo, Alejandro encendió el vibrador. Sacó las cuentas lentamente y las empuja hacia atrás igual de lento. Mi reacción había cambiado. Ya no me quejaba, ahora está conduciendo mi trasero hacia atrás para encontrar el empuje de su mano. Su golpe con el consolador dentro y fuera de mi sexo y la nueva sensación en mi trasero pronto se volvió más de lo que pude soportar. Todo mi cuerpo se movió hacia arriba y hacia abajo como si estuviera montando un toro mecánico. Cuando llegué al clímax, por cuarta vez, todo mi cuerpo se derrumbó sobre la cama.

     

    “No sé qué decir, profe. Todos estos son sentimientos nuevos para mí. Eran dos sentimientos completamente diferentes, pero ambos maravillosos y muy placenteros”, dije al recobrar el aliento. Alejandro aclaró, “Daniela, podrías llamar a eso un dos por uno especial. El revestimiento interno de su cavidad anal tiene terminaciones nerviosas totalmente separadas que tu vagina. Poder estimularlos a ambos te permite sentir esa doble sensación”.

     

    Me di vuelta y miré a mi maestro, “Me gustaron los dos, profe. Los dos me gustan mucho de verdad”. Alejandro me dijo que la clase ha terminado por el día. Él me dijo que podría continuar practicando todas las lecciones que había aprendido. Alejandro además me restringió de usar cualquier cosa para penetrar mi trasero, “La lección de mañana es sobre el sexo anal. Descansa bien por la noche. Definitivamente lo vas a necesitar”.

     

    Alejandro empacó el 'Tsunami Wonder', las bolas anales y las devolvió a la caja. Luego salí de su casa.


    DÍA 5, Lunes, Anal

    Yo me había convertido en una pequeña máquina de sexo. Alejandro me recibió nuevamente al día siguiente por la puerta principal, y me volvió a dejar esperando en la sala. Suficiente tiempo para retomar la práctica vaginal del día anterior. Al verlo volver a la habitación, me levanté lentamente. Me volví a sentar y miré fijamente a mi profesor y luego me desplomé en el sillón. Alejandro corre hacia el sillón y dijo, “Daniela, ¿estás bien?”.

     

    Levanté la vista y dije, “No, Profe. Estoy bien. Estoy totalmente cansada. Anoche estuve estudiando mucho. Tuve tantos orgasmos seguidos que no pude contarlos todos. Dormí muy bien, pero estuve tan cansada esta mañana en el colegio que casi me duermo en todas las clases”. Alejandro interrumpió, “Bueno, aprecio tus esfuerzos, pero hoy es una clase muy importante. Necesitas estar despierta. Tal vez podrías tomarte un café fuerte. Podemos compartir algunas tazas mientras discutimos la lección de hoy”.

    Me senté en el sillón y mientras Alejandro traía una bandeja con café caliente. Nos sirvió a ambos una taza. Después de tomar unos sorbos, miré a mi maestro, “Profe, quería hablar contigo sobre mi lección de hoy. Lo he estado pensando y no creo que pueda meter esos consoladores grandes en mi poto”. Alejandro respondió, “Puedo entender tu preocupación, pero no debería haber ningún problema. Ya sabes Daniela, muchas mujeres dicen que un buen anal es lo mejor de todo. De hecho, el sexo anal es el favorito de tu mamá”.

     

    Me animó un poco, “Oh, entonces haré lo mejor que pueda. No quiero ser menos que ella”. No pensé esas palabras hasta que salieron de mí. Su significado era retorcido y traté de no pensar en ellas nuevamente. Alejandro continuó hablando, “Me alegra oírte decir eso. Daniela, debes entender que, en ciertos aspectos, el sexo anal no es muy diferente al sexo oral. Debes aprender a relajar los músculos anales tal como aprendiste a relajar los músculos de la garganta. Y, básicamente, sólo hay dos reglas importantes que debe recordar acerca de sexo anal”.

     

    Lo miré inquisitivamente, “¿Cuáles son esas, profe?”. Alejandro respondió, “Tienes que tener mucha paciencia y un montón de lubricación”. Reí un poco, casi derramando mi café. “No es broma”, dijo Alejandro, “Esto no es cosa de risa. El sexo anal puede ser extremadamente doloroso si no se toma el tiempo necesario para permitir que suceda”.

     

    Puse una mirada muy seria en mi rostro. “Sin embargo, no hay que preocuparse, Daniela. Como te dije, paciencia y lubricación ... paciencia y lubricación”, repitió. Las palabras reconfortantes de Alejandro eliminaron la mirada preocupada de mi rostro y mi comportamiento se relajó. “Entonces, ¿estás lista para comenzar tu lección?”, preguntó Alejandro.

     

    “Sí Profe. Estoy lista”, respondí. Alejandro comenzó, “Bien. Creo que volveremos a usar la pieza para la lección de hoy”. Me levanté del sillón. “¿Tengo quitarme la ropa, profe?”, pregunté dulcemente. “Sí”, dijo Alejandro, “creo que sería lo correcto”. Salté a la habitación, mientras Alejandro me siguió. “Ahora”, dijo Alejandro, “quiero que te quites la ropa muy lentamente, comenzando por la parte superior”.

     

    Le di sonrisa muy sexy a mi maestro, mientras me quité la chaleca. Luego comencé a levantarme lentamente la parte inferior de mi blusa. Cuando mis manos se levantaron para cubrir mi cabeza, el sostén se atrapó con la blusa y también subió, mostrando mis pechos. “¿Te gusta profe?”, pregunté. Alejandro respondió con entusiasmo, “Sí, Daniela, me gusta mucho”.

     

    Puse mis pulgares en la cintura de mi falda y comencé a tirar de ella hacia abajo. “No, no”, interrumpió Alejandro, “quiero que te des la vuelta y me muestres tu trasero, mientras la quitas”. Me di vuelta y comencé a quitarme la falda. Cuando esta llegó a la parte superior de mi trasero, me incliné para que mis glúteos quedaran expuestos. Todavía completamente inclinada, me quité la falda y la arrojé sobre una silla. Con una erección cada vez mayor, Alejandro era momentáneamente incapaz de moverse. “¿Daniela?”, preguntó, “¿podrías por favor ir a la sala y traer mi caja aquí?”. Rápidamente entré en la sala y regresé con la caja. “¿Me acuesto en la cama?”, pregunté juguetonamente.

     

    “No”, dijo Alejandro, “puedes subirte a la cama, pero te quiero de rodillas”. Hice lo que me dijo. Mientras me subía a la cama, miré a mi alrededor y le di otra pequeña sonrisa sexy. Meneando el trasero, dije, “¿Así, profe?” Alejandro abrió su caja y sacó algunos de sus juguetes. También sacó la botella de lubricación, “Eso es perfecto, Daniela. Ahora quiero que te relajes por completo. Voy a comenzar con un poco de lubricante en tu trasero”.

    Alejandro abrió la botella y lanzó un chorro de lubricante por mi culo. Él usó su dedo índice para empujarlo en mi culo. “¡Ohhh, profe, eso se siente muy bien!”, chillé. Lentamente, Alejandro siguió metiendo su dedo dentro y fuera de mi culo. Agregando más lubricante, ahora forzó un segundo dedo y siguió empujando hacia adelante y hacia atrás con toda la longitud de sus dedos. Comencé a gemir suavemente.

     

    Alejandro me dijo, “Quiero que te frotes la vagina”. Mi mano se deslizó entre mis piernas y comencé a masajear mi sexo, según las instrucciones. “Mira”, dijo Alejandro, “la paciencia y la lubricación funcionan. Solo sigue relajándote y disfruta de esto”.

     

    Alejandro recogió el vibrador de bolas anales de la cama. Quitó los dedos de mi trasero. Dejé escapar un suspiro silencioso pero decepcionante. Colocó un poco más de lubricante en las cuentas y lentamente las introdujo en mi recto. Una vez más, comencé a gemir de alegría. Alejandro lo metió todo y encendió el vibrador. Mi culo se movió hacia arriba ante la sensación.

     

    “Por favor no pares. Métemelo más en mi poto”, supliqué. Bueno, Alejandro se ha quedado sin cuentas y tiene todo el de 5" adentro. “Quizás esto ayude”, dijo. Alejandro dejó el eje flexible colgando de mi trasero mientras alcanza la "Maravilla del Tsunami". Él corrió lubricante por los 7 "del eje del vibrador. Tan pronto como quitó las bolas anales, Alejandro encendió el vibrador y sumergió las 7 pulgadas en mi ano.

     

    “Oh, más rápido, profe, más rápido”, lloré. Mientras Alejandro movió todo el vibrador dentro y fuera de mi culo, yo me froté furiosamente el sexo. Después de unos minutos de esto, mi cuerpo ya no pudo contenerse. Olas de éxtasis rodaron sobre mí. Mis caderas y mi culo se movieron hacia adelante y hacia atrás al encontrarse con los movimientos de Alejandro. Con un grito atronador, alcancé el más alto nivel de placer hasta el momento. Exploté con otro orgasmo masivo.

     

    “Oh, Profe”, jadeé, “nunca me di cuenta de lo bien que se podía sentir algo. Nunca ... nunca ... lo supe”. Con el vibrador retirado de mi trasero, rodé de lado y me acurruqué en posición fetal. “Sabía que te gustaría si nos tomábamos el tiempo”, dijo Alejandro. “Solo lleva un poco de tiempo. Ahora, ¿crees que podrías probar el consolador de 9 pulgadas?”, preguntó.

     

    “Lo intentaré profe, pero ¿podemos ir lentamente de nuevo?”, respondí. “Puedes tomarte todo el tiempo que quieras porque quiero que te metas esto”, dijo sujetando el consolador en una mano. Alejandro me entregó uno de los consoladores de 9 pulgadas. Volví a levantarme sobre mis manos y rodillas y traté de colocar la cabeza cerca de mi ano, pero fue difícil. Alejandro me ordenó que me diera vuelta en la cama para que mi trasero mirara hacia las puertas espejadas del closet.

     

    “Esto te dará una mejor visión de las cosas”, dijo. Alejandro ayudó colocando un poco más de lubricante en mi culo y también extendió un poco a lo largo del consolador. Miré a mi lado mientras intentaba volver a entrar eso a mí culo. Sin mucho esfuerzo, deslicé la cabeza del consolador en mi culo. Lentamente, lo empujé hacia adentro y hacia afuera, ganando más longitud a medida que avanzaba. Ahora tenía bastante del consolador en mi culo y mis gemidos comienzan a aumentar.

     

    “Profe, esto es mucho más grande. No sé si puede caber más dentro de mí”, lloré. “Solo tómate tu tiempo, Daniela”, dijo Alejandro, “Lo estás haciendo bien. Solo relaja tus músculos. No trates de luchar contra eso”.

     

    Estaba claro que el ancho extra era un desafío para mí. Sin embargo, yo estaba motivada; quería poder complacer a Alejandro y eso hacía que estuviera ansiosa por intentar aún más. Seguí acariciando el consolador adentro y afuera, adentro y afuera. Pronto otra pulgada se había hundido en mis profundidades. Tomándome mi tiempo y haciendo lo mejor que pude, había logrado obtener 7"del consolador en mi trasero. Intenté usar mi otra mano para frotar mi sexo, pero tuve dificultades para mantener el equilibrio. Renunciando a eso, me concentré más en mi tarea inicial. Alejandro ahora veía que mis caderas comenzaban a moverse nuevamente. Cada vez más traté de ir más profundo. En poco tiempo, tuve todas las 9"entrando y saliendo de mi trasero. La cama tembló debajo mio y mi cuerpo también.

    “Ah, ah, ah”, lloré, “MIERDA”, grité mientras me deshacía de placer. “Daniela, eso fue simplemente fantástico”, dijo Alejandro, “tienes un don natural. Nunca he visto a alguien como tú. Estoy muy orgulloso de ti”.

    Me di la vuelta y miré a mi maestro. Tenía gotas de sudor en la frente, “Gracias, profe. Nunca podría haberlo hecho sin ti. Tú me enseñaste mucho” Ambos nos echamos a reír. “Daniela, eres un tesoro”, dijo Alejandro. “Ahora descansa mucho esta noche; y me refiero a que duermas bien. Mañana quiero que sorprendas a tu pololo con lo que aprendiste conmigo”.

     

    Me vestí rápidamente y mientras caminaba hacia la puerta principal, muy contenta, respondí “Lo haré, profe, pero también estudiaré un poco más. Quiero seguir sintiéndome así”.

     
      Posted on : Jun 13, 2020
     

     
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