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    2008 Capitulo 7: El amante de mamá

    El fin de semana no salí de casa. Usé ese tiempo para ponerme al día en cosas del colegio y sorprendentemente Carlos tampoco me llamó ni fue a buscarme a casa. Tampoco lo vi el lunes, pero si a Lizette con quien almorcé y no tocamos el tema de Carlos. Después del colegio, fui a casa caminando para tener tiempo para pensar. Casi al llegar a casa, volví a ver a mi mamá salir de la casa del mismo vecino con quien ya antes la había visto. Me quedé a una distancia que me asegurara que no me vieran y me puse a ver la escena. Mi mamá habló con él junto a la reja de su casa por un breve momento, después lo besó apasionadamente en la boca y mientras aún se besaban, con una mano completamente extendida le agarró la entrepierna por sobre la ropa y lo sacudió lo suficiente para verlo erecto por sobre la ropa, en ese momento ella se alejó en dirección a mi casa. Después de eso ese hombre se entró a su casa.

    Después de salir de mi sorpresa, me apresuré a esa casa y golpeé la puerta nerviosa pero decidida a enfrentar este asunto sin siquiera pensarlo con detenimiento. A los pocos segundos abrió la puerta el hombre, de mediana edad, alto, delgado y atractivo. “Soy hija de Rosa, quiero hablar”, le dije apenas lo vi. Él se mostró sorprendido y respondió, “Pasa, pasa”, conduciéndome hacia el interior de su casa. En un acto de estupidez, ingrese a su hogar con una expresión seria y de molestia que seguramente le dio a saber lo que iba a hablar con él en ese momento.

    Ingresé a la habitación principal y lo primero que hizo fue ofrecerme a sentarme, a lo que me negué y le contesté, “Se lo que haces con mi mamá”. Soltó una risita y me preguntó, “¿Entonces de que quieres hablar?”. No me tomaba en serio. “Está mal lo que hacen, mi papá...”, le dije, pero no pude terminar de la rabia y confusión que sentí.

    Me aleje molesta, traté de abrir la puerta para salir de la casa, pero antes de que pudiera hacerlo el amante de mi mamá estaba parado detrás de mí, sujetando la puerta para evitar que yo la abriera. En ese momento estaba asustada, no esperaba que él tuviera esa reacción. “Déjame salir”, le dije fuertemente sin voltearme a mirarlo, pero él no respondió, usó la mano que no presionaba la puerta para rodear mi cintura y acercarme a su cuerpo. Sentí su respiración junto a mi oído y solté la perilla de la puerta para quitarme su mano de encima, él respondió sacando la mano de la puerta y poniéndola en mi sexo. “¡Para!”, grité mientras forcejeaba para deshacer el agarre que tenía en mi cintura. Continuó sin hablar, se limitó a mover sus dedos sobre mi ropa, estimulando mi sexo mientras me presionaba contra la puerta. Continué forcejeando hasta que sentí que el estímulo comenzó a ser insoportable y mi respiración se hacía pesada. En ese momento dejé de forcejear y apoyé mis manos en la puerta. Su lengua recorrió mi cuello hasta la oreja y sus manos tomaron turnos para acariciar mis pezones ya endurecidos y mi sexo. Yo no podía pensar en ese momento, era el hombre con el que mi mamá seguramente tenía sexo a espaldas de mi papá, pero por otro lado él estaba haciendo lo que ningún otro hombre había intentado hasta ese momento o por lo menos hubiera logrado, dedicarse completamente a satisfacerme. Me dejé complacer mientras cerraba los ojos, apretaba los dientes y su estímulo se hacía más agresivo y prolongado. Sin darme cuenta me encontré empapada en mi sexo, deseando que él dejara de usar sus manos e hiciera uso de mi cuerpo como otros hombres lo habían hecho hasta entonces. Cuando mi respiración ya era muy pesada y mi corazón se sintió acelerado, bajó la intensidad de su estimulación y me dijo al oído, “Te gusta igual que a tu mami”. Sólo tuvo que decir eso para recordarme en la situación en la que estaba. “Suéltame”, volví a exigir mientras retomaba la ofensiva contra su abuso. Al sentirme pelear nuevamente debió de aburrirse, ya que me levantó sujetándome de la ingle y me dejó apoyada sobre mi estómago en una mesa junto a la entrada. “Tu mami me pide esto todos los días y yo solo le doy lo que le gusta. Para de webiar y te voy a hacer sentir mujer”, dijo mientras me sujetaba las caderas y embestía, con la ropa puesta, mi poto con lo que sentí era su pene duro dentro de su pantalón. Me embistió al igual que lo hubiese hecho para penetrarme de haber estado desnudos. Mientras me embestía de arriba a abajo y hacia los lados, yo lo sentí duro y eso me tenía mojada. Mientras más se restregaba, más yo sentía mi ropa interior inundarse con mis propios fluidos por la excitación. “Para, tengo pololo”, le supliqué aterrada tanto de lo que él me hacía como del deseo casi bestial y desconocido que me embargaba en ese momento. Al escuchar mis palabras cesó su animalesco intento de copulación y se inclinó sobre mí para decirme al oído casi como un susurro, “No te voy a meter el pico, pero te voy a hacer mi mujer”. Acto seguido me volteó sobre la mesa, dejándome sobre mi espalda, metió su cabeza bajo mi falda y lo sentí hacer a un lado mi calzón. Lo siguiente que sentí fue un placer indescriptible. Nunca me habían hecho sexo oral, pero tuve la suerte de que mi primera vez fue en manos (o lengua) de un experto que no solo se dedicó a darme placer con su boca sino con ambas manos también. Seguí insistiendo en que parara, mientras que su lengua danzaba de manera sublime acariciando mi clítoris. Sus dedos acariciaban el contorno de mi sexo y cuidadosamente introdujo de manera tímida un dedo el que al no encontrar resistencia fue acompañado de un segundo. Metía y sacaba sus dedos con un ritmo que me hacía temblar, para dar paso a la estimulación de mi ano con sus dedos. En él tuvo especial cuidado y no aceleró la penetración de sus dedos en él, sino que se bastó de un solo dedo para dilatarme mientras que no perdía el ritmo en mi sexo y mi clítoris. Era un placer desconocido y fuerte. Demasiada estimulación de la cual no sabía una mujer era capaz de sentir. Dejé de protestar y comencé a gemir. Mis gemidos le dieron confianza, porque el ritmo que llevaba cambió por uno más placentero aún. No sé cuánto tiempo lo hizo, pero llegó a un momento en que sentí que mi cuerpo iba a explotar. Me costaba respirar, sentí hinchados los pezones que rozaban el interior de mi sostén y mi sexo sentía un cosquilleo como ningún otro que tuviese antes. Apreté los glúteos, sentí como mi interior se contraía, las paredes de mi interior se apretaban. Di un grito fuerte y desesperado mientras sentía que mis caderas se levantaban involuntariamente y comenzaban los espasmos. Mis manos se aferraron a los bordes de la mesa mientras que mi boca se abría tanto como podía y las pupilas de mis ojos estuvieron tan cerca la una de la otra como nunca habían estado en la vida. Fueron espasmos fuertes que levantaron mi espalda de la mesa en un salto, me deje caer fuertemente sobre ella y se repetía el espasmo. Sentí liquido salir de mi como si de un chorro de orina se tratase, pero no pude controlarlo y no me interesaba detenerlo. Ese fue mi primer orgasmo, no fue uno rápido ni pequeño, sino que fue largo y me hizo vibrar como una poseída. Al terminar de mover frenéticamente mi cuerpo traté de recobrar el aliento con los ojos cerrados. Me tomó una eternidad, pero cuando me recompuse, abrí los ojos y lo encontré mirándome mientras sonreía. “¿Te gustó?”, preguntó. No le respondí, sino que cubrí mi cara con mis manos por la vergüenza que sentía. “Voy a seguir, si quieres que pare me avisas”, dijo con confianza y volvió a meter su cabeza bajo mi falda. Yo volví a sujetarme de la mesa y disfruté lo que él me hacía. Estaba abusando de mi pero ya no quería que parara, en ese momento no pensé en Carlos, en Lizette, ni en mi papá engañado por mi mamá. Solo podía pensar en todo el placer que me estaba dando sin descanso. Después de varios minutos (y algunos orgasmos) se levantó y pegó su ingle a mi sexo. “Me dejaste durito... pero no se preocupe mi niña, mañana su mamá feliz me lo va a bajar”, dijo mientras se reía. “¿Le vas a contar?”, pregunté con una mezcla de miedo e impaciencia. En mi mente pensaba que yo había hecho mal al haber ido a enfrentar a ese hombre y tenía la idea de que mi mamá estaría más preocupada de que yo hubiese tenido intimidad con su amante, de que me hubiese enterado de su infidelidad a mi papá. “¿Quieres que ella sepa?”, preguntó. Me limité a negar con la cabeza. “Vuelve mañana en la tarde si quieres que te enseñe más cosas ricas”, terminó por decir y se apartó dejándome bajar de la mesa. Me puse de pie como pude, caminé rápido a la puerta y salí de la casa. Me sorprendí al encontrarme sola en mi casa, esperaba que al menos mi mamá estuviera en ella. Aprovechando eso, fui directamente al baño con la intención de bañarme para limpiar el sudor y los fluidos que quedaron de esa tarde. Me vi en el espejo y me sorprendió lo despeinada que había quedado después de toda estimulación. Llené media tina con agua caliente y me metí en ella un buen tiempo, tenía mucho en mente. El amante de mi mamá me había abusado, pero me había dado la experiencia sexual más placentera que había tenido hasta entonces. No era un hombre desagradable e incluso me encontré queriendo repetir lo que me había hecho. Cuando deje de sentir vergüenza o culpa, recordé lo bien que sentí y antes de que me diese cuenta mi mano se dirigió a mi sexo para tratar de reproducir lo mismo que él me había hecho hace unas horas. Era la primera vez que me masturbaba, se sintió bien, pero estaba lejos de ser como ese hombre lo hacía y terminé cansándome al fallar. Saqué los pies de la tina y los apoyé en el borde mientras mis dedos buscaban la combinación perfecta entre penetración y frote de clítoris, pero terminé por rendirme al no lograr lo que ese hombre. Cuando salí de la tina y me sequé, fui a mi pieza a vestirme y escuché voces en la casa, lo que significaba que ya no estaba sola. Ya vestida fui a la cocina y ahí encontré a mamá y Nicole que se preparaban a tomar once. No me costó disimular el hecho de que tenía pleno conocimiento que mi mamá tenía un amante, lo único que tenía en mente era cómo me había sentido esa tarde y si quería repetirlo, ni siquiera Carlos o las cosas que había hecho con él fueron siquiera un pensamiento. El resto del día transcurrió normal y fui a dormir impaciente por que llegara el día siguiente, cuando debía decidir si volver o no a la casa de ese hombre. Al día siguiente hice lo posible por evitar a Carlos o Lizette o cualquiera que pudiera darme problemas en la mañana. De alguna forma todo lo que me complicaba anteriormente me parecía pequeño en comparación con lo que había descubierto y sentido el día anterior.

     
      Posted on : Jun 13, 2020
     

     
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