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El domingo pasé la mayor parte del día en casa
sola, tratando de recordar cualquier cosa que pudiera sobre ese viernes por la
noche. Sabía de mi hermana y mi mamá que había llegado a casa en tal estado que
dormí la mayor parte del sábado. Pero, ¿Qué sucedió el viernes y cómo podría
recordar tan poco? Recordé ir a casa de Bruno con Carlos y recordaba que había
mucha gente allí. Recuerdo que Miguel y Lizette estaban allí. Me acordé de las
nalgadas de cumpleaños y el dolor que me produjeron, pero el resto de la noche
no era claro. Lo que más me asustó fue lo adolorida que me sentía por dentro.
Sentí como si alguien me hubiese dado un golpe entre las piernas y no podía
explicar por qué me sentía así. Decidí llamar a Lizette, pero ella solo cambiaba
de tema o no era clara. Ella seguía preguntándome lo que recordaba y cuando le
dije que recordaba las nalgadas, dijo que lo vio y pensó que estaban pegándome
demasiado duro y poco después de eso Miguel la llevó a su casa. Dijo que por
eso ella no sabía nada más de esa noche.
Me arriesgué, llamé a Carlos y le dije que no
podía verlo por el resto del verano. Me dijo que lamentaba haberme llevado a
ese estado y que no se había dado cuenta de que yo había bebido tanto. Sentí
que ocultaba algo, pero no podía recordar claramente así que ¿cómo podría
discutir con él? No parecía molesto por no poder verme y me dijo que lo
solucionaríamos. Así que estaba bastante decepcionada y recibí muy poca
información nueva de él. El resto del día pasó muy lentamente.
El lunes, me acerqué tímidamente a mi mamá
para ver si se me permitía salir de casa y cuando me preguntó dónde le pregunté
si podía invitar a Lizette. Ella lo dudó, pero cedió y rápidamente la llamé y
la invité a almorzar. Yo estaba muy emocionada cuando llegó y almorzamos
juntos, incluyendo a Lizette, Nicol, mamá y yo. Mi hermana también parecía con
su presencia y yo estaba feliz por eso. Me sentí aliviada cuando el almuerzo
terminó y pudimos ir a mi pieza.
Yo estaba un poco insegura de si quería traer
a colación lo que pasó el viernes por la noche, ya que no quería arruinar lo
que hasta ese momento había sido un día agradable. Pero todo había sido un
misterio y me sentía muy aislada, tanto que no podía hablar con nadie al
respecto. Obviamente no podía hablar con Nicol sobre eso o iría a contárselo a
mis padres. No podía hablar con mi madre o estaría en más problemas. Carlos no
me estaba diciendo mucho de lo que pasaba y Lizette había sido tan vaga
también. Le conté sobre lo que recordaba y como siempre escuchaba mis palabras
y me hacía algunas preguntas sobre lo que pasó. La mayoría de sus preguntas no
las podía responder y ella dijo algo que me hizo estremecer, “Creo fuiste
drogada”. Yo no quería creerlo. No podía creerlo. ¿Quién habría hecho eso?
Cuando le hice esa pregunta, ella dijo un nombre que de nuevo envió un
escalofrío por mi columna vertebral, “Carlos”. No quería creerlo así que cambié
de tema. Como siempre, parecía entenderme y dejarme cambiar el tema sin
protestar. Después de eso solo seguimos hablando de temas sin importancia y
disfrutando la tarde. Ella nos acompañó para la once y todos estaban encantados
con ella.
El viernes fuimos de compras al mall para ropa
del colegio. No tomó mucho tiempo antes de que gastásemos gran parte del dinero
de las Gift Cards que había recibido en mi cumpleaños, pero me pareció que fue
bien gastado. Hablé con Carlos por teléfono todos los días, pero siempre cambió
el tema cuando le hablaba sobre ese viernes por la noche y él sólo dijo que
sentía que me dejó beber de más. Dijo que me eventualmente mis padres cederían
en la prohibición de verlo. Me recordó cuánto me echaba de menos y lo mucho que
quería estar conmigo.
Las últimas semanas de verano pasaron
rápidamente. Luego comenzó el periodo escolar y comencé mi primer año de
educación media. Me sentí aliviada cuando empezaron las clases porque de nuevo
pude ver a Carlos a diario. Pronto estábamos caminando los pasillos de la mano
y besándonos cuando no había adultos alrededor para quejarse de ello. Al tercer
día de clases Carlos me convenció de llegar al colegio media hora antes. Nos
encontramos esa mañana y rápidamente me llevó al espacio donde se guardaban los
útiles de aseo y en cosa de segundos ya tenía su pene fuera. “Arrodíllate”,
ordenó y yo estaba tan feliz de verlo de nuevo que no discutí y sólo me
arrodillé. “Abre”, continuó y yo lo hice. Una vez más tuve su pene en la boca y
lo sentí mover sus caderas duro y rápido. Estaba siendo tan agresivo que podía
oír mi boca haciendo sonar ecos en ese reducido espacio. Después de múltiples
golpes oí la orden usual, “Traga”, e hice lo que me dijo y tragué su espeso y
abundante semen. Pensé que la razón de que saliera tanto era que él se había
aguantado todo este tiempo por mí.
Lizette no estaba muy contenta conmigo por
quedarme con Carlos. Ella me recordó lo que pensaba, “Creo que él te drogó”.
Pero lo defendí diciéndole, “Él no haría eso. No puedo creerlo”. Estaba un poco
preocupada de que ella no estuviese feliz de que él y yo estuviéramos juntos
otra vez. Más y más personas nuevas conocían mi nombre en el colegio y me
sentía bastante popular. Mis padres parecían haberse despreocupado y de nuevo
me permitieron ver a Carlos, pero ‘todavía en grupos’ por la vieja regla.
Un día Carlos me encontró después de clase y
me llevó al gimnasio. Me tomó de las manos y me condujo por debajo de las
gradas. Mientras estábamos esperando que se fueran las últimas personas, él
puso sus manos debajo de mi falda y tiró hacia abajo la tanga que usaba.
Protesté, pero él solo puso su dedo sobre mis labios, “Shhh”. Cuando la última
persona se fue, levantó una de mis rodillas y me puso contra la pared. Entonces
lo sentí empujar hacia dentro de mí. Empezó a besarme fuertemente, me metió la
lengua en la boca y empezó a golpear sus caderas contra las mías. En ese
momento vino a mí el recuerdo de aquella noche de viernes y de pronto me sentí
excitada también. Le devolví el beso y lo abracé con fuerza. Su agresividad me
hacía daño, pero también se sentía bien. Yo también le había echado mucho de
menos y sentía bien sentirlo dentro de mí otra vez. Sentí mi culo presionado
contra la pared fría de bloques de hormigón mientras me clavaba firmemente
contra ella mientras él empujaba una y otra vez dentro de mí. Entonces sólo se
hizo más intenso cuando él levantó mi otra rodilla otra vez sosteniéndome por
su pene, sus brazos bajo mis rodillas, la pared y mis manos alrededor de su
cuello. Él me llevó allí contra la pared tan agresivamente. Cerré los ojos
tratando de enfocarme en el sueño que tuve. El recuerdo de ese hombre sobre mí,
sus manos, su lengua y el increíble estimulo que ejerció sobre mí. No pude
evitar comparar el sueño y la realidad de este momento. Como era que mi pololo
no me hacía sentir de la misma forma. Me quedé atónita cuando sentí la
intensidad dentro de mi propio cuerpo y me sentí temblar por un placer que
crecía dentro de mí, a pesar de la diferencia. Se sentía tan bien y duró varios
segundos mientras seguía tomándome fuerte contra la pared. Finalmente eyaculó
dentro de mí presionándome contra la pared tan fuerte como pudo. Estaba
cansada, sudorosa y contenta de que hubiese eyaculado pronto, ya que tenía
miedo de que nos atraparan ahí y que fuésemos expulsados. Él finalmente dejó
mis piernas abajo y entonces tiró de mí. Mis piernas todavía se sentían
débiles.
El viernes después de clase fuimos en su auto
a un local de comida rápida donde nos encontramos con sus amigos. Después de
haber estado allí un rato y comer algo, Carlos desapareció durante unos
minutos. Estaba contenta cuando regresó, pero luego tomó mi mano y me alejó del
grupo con él. Caminamos hasta la parte trasera de ese lugar y me llevó a una
oficina. Tan pronto como pasamos por la puerta, empezó a besarme
apasionadamente. En cuestión de segundos él estaba tirando de mi ropa y yo
estaba sintiéndome incomoda, pero no tenía el valor para decirlo y en pocos
momentos estuve allí en el despacho de alguien, totalmente desnuda. Me inclinó
sobre el escritorio y sentí que frotaba la punta de su pene contra mi ano. No
me había gustado allí las veces antes cuando Miguel había entrado, pero el
recuerdo del sueño era algo completamente distinto. Aun así, traté de
protestar, “Nooo”, pero él no escuchó y continuó empujando contra mí hasta que
empezó a empujar dentro. Dejé escapar gemidos mientras sentía que Carlos
empujaba y empujaba su pene seco, forzándolo dentro de mi trasero. Eso me hizo
darme cuenta de lo incómodo que era esto y no estaba muy contenta, pero él
siguió intentándolo y lentamente fue forzando más profundo en mi culo. Fue muy
doloroso y fue muy agresivo y me empujó con más fuerza hasta que lo forzó
completamente dentro de mí. No me gustaba en absoluto, pero sentí que
finalmente empezó a moverse dentro y fuera y sólo esperaba que acabase
rápidamente. Por desgracia, este no fue el caso y él simplemente siguió. "Eres
tan apretada aquí, debería haber hecho esto desde el principio", dijo
mientras seguía penetrando allí. Mientras seguía, él tomó mi pelo y tiró de mi
cabeza hacia atrás tan fuerte. Me quejé cuando lo sentí tirar de mi cabeza
hacia atrás completamente. Él continuó allí un poco más y luego me sorprendió
cuando de repente lo sentí sacarlo de mi trasero. Empecé a levantarme sobre el
escritorio, pero él me empujó hacia abajo y sentí la cabeza de su pene tocar mi
sexo. “Ahh”, suspiró mientras empujaba su pene en mi sexo. “Carlos no seas tan
bruto”, gemí. Pero no importaba pronto estaba en mi sexo yendo hacia dentro y
fuera. Él empujó sus caderas duramente cerca de ocho veces antes de que lo
sintiera entrar en erupción dentro de mí. Se levantó, lo vi alejarse y comencé a
vestirme de nuevo. Luego volvimos al restaurante.
Lizette me miró algo decepcionada y juré que
de alguna manera sabía lo que acabábamos de hacer y apenas podía hacer contacto
visual con ella. Todos estuvimos allí un poco más antes de regresar a casa por
la noche. Lizette me preguntó si quería pasar el rato con ella en su casa al
día siguiente y acepté.
Al día siguiente fue a mi casa para llevarme a
la suya. Me dio un tour por su casa entera y me presentó a Lucky, su Golden Retriever.
Luego bebimos un poco de jugo y hablamos un rato. Ella me preguntó qué Carlos y
yo habíamos hecho en el restaurante y vacilé, pero opté por decirle lo que
habíamos hecho. Ella reprobó totalmente lo que había hecho con Carlos mientras
aún nos rondaban las dudas de lo que pasó la noche de mi ‘celebración’ de
cumpleaños. Miré hacia abajo avergonzada mientras que pensaba que no era más
que una exageración. Empezó con el tema para el que me había invitado, “Dani,
¿tienes idea de lo que te pasó el viernes por la noche después de tu
cumpleaños?”. “Nooo”, le respondí indignada sabiendo que ya habíamos discutido
esto. Ella continuó, “Hablé con unos amigos que estaban esa noche y creo que
necesitas saber qué te pasó”. Ella dijo esto mirando hacia abajo y yo nunca la
había visto incapaz de sostener la mirada. “Tal vez ellos están equivocados o
te están mintiendo... tal vez no quiero saberlo”, le respondí.
“Necesitas saberlo”, dijo en voz baja. Ella
continuó, “Como te dije, estabas drogada. Creo que te pusieron algo en el
trago. ¿Te acuerdas de haber bebido algo raro?”, pensé en ello un poco y
recordé algo sobre una bebida con sal. Esta vez ella asintió con la cabeza y
continuó, “Creo que tuviste sexo con más de uno”.
“¿Qué?”, respondí con indignación y una
sensación de culpa. Ella no sabía que yo había tenido sexo con Carlos y Miguel
a la vez. “No sé si esa es toda la verdad”, dijo de nuevo muy suavemente. “No
lo es”, respondí a la defensiva. Sentí que yo empezaba a temblar. Ella debió de
haberlo notado porque se acercó a donde yo estaba sentada y me rodeó con los
brazos. “Sorry, pero creo que es cierto y pensé que tenías derecho a saber”,
dijo ella incapaz de mirarme a los ojos de nuevo. Las palabras me cortaron el
corazón y sentí lágrimas correr por mis mejillas. No podía creer que me estuviera
diciendo esto. “Estás mintiendo”, le dije en voz alta. Ella sacudió la cabeza
negativamente y dijo, “No habría ninguna razón para que yo invente algo como
esto”. Hizo una pausa y respiró hondo, “Sólo quería que supieras lo qué pasó,
creí que algo malo iba a pasar cuando Miguel me sacó de ahí. Sorry”. Y empecé a
llorar. Ella me abrazó y yo me senté allí a llorar un rato. No sabía qué pensar
ni cómo sentirme. Me sentía baja y sucia, ingenua y estúpida. “Lo siento mucho”,
dijo de nuevo con tanta suavidad.
Nos quedamos así algún tiempo. Lloraba de vez
en cuando y no quería pensar en ello, pero no podía dejar de pensar en ello.
“Tal vez fue Bruno”, dije. “Él me dio el trago”. “No lo creo”, contestó ella.
De nuevo nos sentamos en silencio. Quería creer que fue alguien más que mi
Carlos, pero él ya me había hecho muchas cosas deshonestas. Miré la pulsera de
él me había regalado y la giré alrededor de mi muñeca. ¿Cómo podría un alguien
tan agradable haberme hecho eso? Toqué la cadena que tenía alrededor de mi
cuello, que llevaba puesta cada día. “Creo que estás equivocada”, le dije, pero
en mi cabeza pensé que tenía razón. “Ojalá estuviera equivocada”, me dijo ella
de nuevo. Nos quedamos sentadas allí juntas durante mucho tiempo en silencio y
no estaba segura de saber que significaba esto de todos modos. ¿Qué se supone
que debía hacer?, ¿Terminar mi relación?
Volví a casa e intenté no pensar en las cosas
que ella me había dicho, aunque difícilmente podía bloquearlas de mi mente.
También sentí algunas cosas de esa noche volviendo a mí. Seguí procesando las
imágenes en mi mente de diferentes tipos mirándome a los ojos. Y me acordé de
estar tan adolorida los próximos días. Pero ¿podría haber sido verdad lo que
ella dijo? ¿Lo habría permitido Carlos? Sabía que sólo había un lugar en el que
pudiera obtener la verdad y eso era con Carlos. Lo llamé y decidí reunirme esa
tarde.
Llegué allí para verlo y él me encontró
afuera, su mamá tenía visitas dentro de casa, así que me llevó al espacio de
las herramientas. Inmediatamente empezó a desvestirme y traté de resistir, “Carlos
necesito hablar contigo, tengo que preguntarte algo”. “En unos minutos, amor,
necesitamos aliviar esto primero”, dijo apuntando al bulto en su pantalón. Por
primera vez me di cuenta de que siempre hacíamos lo que él quería. Pero mi
fuerza de voluntad era débil con él, así que me quedé allí y dejé que me
desnudara. Él me quitó mi blusa y sostén primero, luego mi falda, tanga e
incluso me quitó mis zapatos. Se tomó un momento y me miró, “No hay una vista
más hermosa en el mundo”, dijo mirándome de arriba a abajo. Luego me acompañó
hasta su auto y me inclinó sobre el capó. El auto se sentía un poco caliente y
me di cuenta de que debió haber estado conduciendo hace poco. Me pareció
surrealista que estaba pensando en todas estas cosas que había hablado con
Lizette mientras hacía el amor con mi pololo. ¿Pero era eso realmente lo que
estaba haciendo? O simplemente lo dejaba hacer lo que él quería. No quería que
se sintiera tan superficial, así que me apreté contra él y eso lo hizo gemir
mientras me penetraba. Él continuó moviéndose dentro de mí, tomándome mientras
yo estaba doblada sobre su auto. Lo escuché hacerlo, oír sus gemidos y respirar
con dificultad. Lo sentí poner sus manos en mis hombros para estabilizarme y
luego comenzó a moverse más y más rápido y escuché mi propia voz gimiendo y
respirando con dificultad. Se sentía tan extrañamente normal y natural como la
sensación de los chorros que eyaculó dentro de mí y me preguntaba si realmente
quería decir algo sobre las cosas que había hablado con Lizette. El sexo que él
me daba no era bueno ni me hacía sentir tan bien como yo creía que debía, para
mí era tan simple como un trámite del que quería salir rápido. Cuando terminó
me empujó hacia abajo con fuerza sobre el automóvil y me mantuvo ahí. “Me
encanta estar contigo”, dijo, haciéndome sentir tan culpable por lo que quería
preguntar.
Luego se levantó sobre mí, lo oí sacar su pene
y me levanté. Cuando lo hice, sentí que él me envolvió entre sus brazos. gruñó
juguetonamente y me llevó a un taburete donde él se sentó y me tiró sobre su
regazo. “Ahora, ¿de qué me quería hablar mi polola?”, preguntó. Lo miré, lo
miré a los ojos, la mirada de ojos anchos y la suave y dulce sonrisa. No podía
hacerlo, no podía acusarlo de algo tan feo. “Yo... quería saber si saldríamos
este fin de semana”, mentí. “Creo que sí”, respondió. Apenas nos sentamos allí
comenzó a tocar alrededor de mi cuerpo en mis pechos, mi estómago y piernas y
me sentí extrañamente como su auto, como una posesión. “Ahora, ¿qué le gustaría
hacer a mi princesa hoy?”, me preguntó con una sonrisa enorme en su rostro. Me
encogí de hombros y antes de que pudiera pensar en algo, rápidamente respondió
a su propia pregunta, “Ya sé, vamos a dar un paseo”. Y con eso me llevó al auto,
abrió la puerta y me puso dentro, desnuda. “Mi ropa”, le grité rápidamente a lo
que él se rio y simplemente me ignoró. Se acercó a la puerta del conductor y
entró. “Carlos necesito mi ropa”, protesté de nuevo. Él sólo sonrió, abrió la puerta
de ese lugar y de repente estábamos saliendo de ahí. Podía ver mi ropa en el
piso allí donde él la había lanzado al quitármela. Me deslicé en el asiento. Él
condujo por unos minutos hasta que llegamos a una colina con vistas al rio
Mataquito. Estacionó, salió del auto, se acercó a mi lado, abrió mi puerta y
luché para no dejar que me sacara, pero él era más fuerte y me obligó a salir
del auto. Luego me llevó al frente del auto y me apoyó en él, me puso en mis
pies y me giró para que contemplase la vista. Era estupenda pero todavía me
sentía tan vulnerable allí desnuda. Él envolvió sus brazos alrededor de mí y
ambos miramos sobre el lago. “Dani eres la mejor polola que he tenido y te amo
mucho”, dijo sosteniéndome fuerte. No pude evitar poner la conversación con
Lizette fuera de mi cabeza y miré hacia la hermosa vista. Se sentía raro estar
pie ahí afuera desnuda, pero en sus brazos me sentía segura y protegida. Me
sorprendí cuando sentí su pene empujar entre mis piernas y me di cuenta de que
el sonido del viento soplando sobre la colina y del rio habían cubierto el
sonido de él abriendo sus pantalones. Abrí mis piernas un poco para dejar que
entrase dentro de mí y lenta y suavemente introdujo su pene dentro de mí. Me
asusté al sentir que nos giraba, esta vez dejándome sobre él, ya lejos del
suelo. La gravedad me sostuvo sobre él y mis pies bajaron hasta que encontraron
el parachoques del auto. Después de que mis pies encontraran el parachoques fui
capaz de moverme hacia arriba y hacia abajo sobre él y por primera vez caí en
cuenta de que era la responsable de llevar el ritmo. Me moví hacia arriba y
hacia abajo y me sorprendió cuando sus dedos encontraron mi clítoris y comenzó
a frotarme allí mientras me movía sobre su pene. Me moví arriba y abajo una y otra
vez frente al rio. Se sentía tan extraño estar allí desnuda, haciendo eso sobre
el capó de su auto, montada en su pene. Sus manos fueron a mis caderas y me
guiaron más rápido. Entonces lo sentí liberar sus líquidos dentro de mí y
parecía que estábamos compartiendo algo especial. Subí y bajé más hasta que lo
sentí apretarme para poder quedarse dentro de mí un poco más. Él me sostuvo
allí así un buen rato antes de susurrar en mi oído, “Te amo”. Quería que ese
momento durara para siempre. Pero como todas las cosas buenas deben llegar a su
fin, él finalmente me tomó, me llevó al asiento del pasajero y me puso ahí.
Volvimos a su casa en silencio y volvió a estacionarse donde estaba antes. Me
sentí aliviada que nadie parecía habernos visto. Rápidamente me vestí y le di
un largo abrazo y un beso de despedida. Sabía que necesitaba ir a casa poniendo
los pensamientos de antes fuera de mi mente.
Carlos se ofreció a llevarme a casa. Cuando
nos encontrábamos cerca pude ver a mi mamá salir de una casa en la misma calle
de la nuestra. Detrás de ella la seguía un hombre más joven y los vi en actitud
muy cariñosa. Solo los vi un instante, pero me pareció muy extraño, pero todo
esto pasó desapercibido para Carlos.
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