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Cuando desperté a la mañana siguiente no me tomó mucho tiempo recordar los sucesos de la noche anterior. Entonces recordé los planes que había hecho con él para esa mañana y traté de decidir qué hacer. Debía olvidarlo, nunca volver a hablarte, o ir a hablar con él y decirle lo que sentía. Ese era mi dilema.
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Finalmente, después de pensarlo en cama un
rato, tomé mi decisión y elegí ir a hablar las cosas con él. Me dirigí a su
casa poco antes de las 10 AM. Él estaba de pie fuera de su casa y yo no podía
creer como tenía el descaro de tener un micro bikini en su mano. “¿Estás loco?,
vine a decirte que eres un tonto, hijo de puta”, le grité tan fuerte como pude.
Al crecer, mis padres siempre me educaron con la idea de que una señorita ni
levanta la voz ni se expresa de esa forma. “¿Por qué me tratas así?”, me
preguntó como si no supiese de lo que yo hablaba, “Entra en la casa y ponte
esto.” No podía creer como él creía que haría lo que él me ordenaba. “Estas
loco, no me voy a poner eso. No entiendo cómo me dijiste que me amas”, dije de
forma torpe tratando de no llorar. “Te amo”, dijo mirándome a los ojos, “No sé
qué problema tienes, ven ponte esto”, habiendo dicho eso, le respondí casi
gritando, “tienes polola.” Me miro a los ojos por un momento antes de
responderme, “¿No lo sabias? tengo polola hace casi un año y medio. ¿Qué tiene
que ver con nosotros?” “Me dijiste que me amabas, ¿cómo podí amarme y tener
otra polola?”. Estaba muy molesta y casi llorando. “No estás lista para tener
sexo, con mi polola lo hacemos todo el tiempo”, dijo como si no fuese algo
importante. “Te amo y eres la mujer más hermosa que he visto. Ahora deja de
decir tonterías y ponte esto” Siguió hablando mientras me entregaba nuevamente
el bikini.
“No puedo estar con alguien que tiene una
polola ya. Quería ser tu polola”, dije poniendo algo de espacio entre nosotros.
“¿Qué quieres que haga?”, me pregunto, “¿Quieres que termine mi relación para
estar contigo?”. Lo mire sorprendida de que el pensara que era necesario
preguntarme eso.
Asentí y él se quedó mirándome por lo que pareció ser un minuto entero, aun sosteniendo en sus manos el bikini antes de continuar, “Bueno, puedo hacer eso, pero… necesito que entiendas algunas cosas si quieres ser mi polola. Tienes que estar dispuesta a hacer lo que sea por mí. Lo que sea que te pida. Sin importar que cosa. Respeto si no estás lista para el sexo, pero eso tiene que cambiar pronto, ¿bien?”.
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Me quede ahí pensando sobre lo que quiso decir, pero antes de que pudiese responder el siguió, “Me he enamorado de ti y disfruto cada minuto que paso contigo, pero si esperas que termine mi relación tienes que entender lo que me pides que sacrifique. Espero que estés lista para hacer cualquier cosa que te pida sin dudarlo”.
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Nos quedamos mirándonos algunos minutos hasta que volvió a preguntar, “¿Es esto lo que quieres?”. Asentí y con eso entramos a la casa y subimos las escaleras hasta su habitación. Tomó su teléfono y frente a mi llamó a su polola y en pocos minutos terminó su relación. Después de eso volvió a mirarme y me entregó el bikini nuevamente. Lo tomé, me desvestí y me puse ese bikini. No recordaba lo pequeño que este era. De color negro, en la parte superior apenas cubría mis pezones y la parte inferior era solo hilo atrás y por delante no alcanzaba a cubrir todo mi vello púbico. Mientras aún me acomodaba la parte superior tratando de cubrir mis pezones, él se lanzó sobre mí y terminamos sobre su cama. Me besó durante un largo tiempo mientras estaba sobre mí.
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Mientras me besaba sentí como su mano bajaba de mis pechos y mi estómago hasta entrar en la parte inferior de mi bikini. No demoró mucho antes de que sintiera sus dedos acariciar mi sexo. Lo primero que sentí fue miedo y quise que parara, pero recordé que hace poco había terminado con su polola por mí, así que lo dejé continuar. Tuve un momento de malentendida tranquilidad cuando sacó su mano, pero eso solo lo hizo para desatar mi traje de baño y volver a tocarme con su mano con más comodidad. Al volver a acariciarme no se sintió bien, era algo agresivo. Me mojé y tan pronto sentí vergüenza de sentir sus dedos encontrarme tan mojada, los introdujo dentro mío.
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Siguió acariciándome y metiendo sus dedos a tal punto que empecé a sentir dolor, pero no pude decírselo, no pude detenerlo porque pensé que se enojaría conmigo y fue en ese momento que empecé a entender por qué las mujeres fingen orgasmos. No se cuando te mis movimientos o ruidos eran por lo que realmente sentí o por mis esfuerzos por hacerlo pensar que yo iba a tener un orgasmo, pero después de un taro sentí que no podía resistirlo más y subí la intensidad de mis gemidos y fingí el orgasmo. Mi clítoris se sentía verdaderamente sensible y adolorido, lo que me obligó a hacerlo parar. Me alejé de el sobre la cama, me giré dándole la espalda y llevé mis piernas a mi pecho. Él se acurrucó a mis espaldas y me abrazó amorosamente. “Buena niña, ¿Ves lo bien que se siente?”, dijo orgulloso de haberme llevado al climax, o eso pensaba él. Pero no me importó, él había terminado con su polola y entonces eramos pololos, teníamos exclusividad.
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“Tengo hambre, ¿Y tú?”, me preguntó, sentándose en la cama. Le dije que sí. Tomó la falda con la que yo había llegado a su casa y dijo, “Póntela, pero sin nada abajo”. Hice lo que me dijo y bajamos las escaleras. Su mamá estaba en la cocina y nos preguntó si almorzaríamos con ella. Eso hicimos, almorzamos los tres juntos, conversamos y disfrutamos del tiempo juntos. Cuando su mamá desviaba la mirada, él metía la mano bajo mi falda y me agarraba el culo. Traté de alejarlo, pero ante mis intentos solo respondía con más insistencia.
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Poco después de almorzar sonó el timbre y fuimos juntos a la puerta. Quien había llegado era el mejor amigo de Carlos, Miguel. Este amigo vivía a pocas calles de mi casa, pero no lo conocía fuera de eso. Ambos eran compañeros de curso. “Te acuerdas de Daniela”, le preguntó mi pololo. Miguel me miró y preguntó inseguro, “¿Eres la hermana de Nicole?”. Yo asentí. “Terminé hoy con Sara, ahora Daniela es mi puta”, dijo Carlos con una sonrisa en la cara. No sabía que pensar de eso, sólo lo ignoré. Fuimos al patio trasero y ellos empezaron a patear una pelota de fútbol hasta que la arrojaron a donde yo estaba. Se sintió muy raro estar en el exterior usando falda, sin ropa interior debajo y corriendo detrás de una pelota. Después de unos diez minutos de juego fuimos al cobertizo en donde guardaban las herramientas. Sentí nervios al ver que Carlos cerraba la puerta detrás de nosotros. Después de cerrar la puerta se acercó a un cooler que había en ese lugar y sacó tres latas de cerveza. Una para cada uno de nosotros. “Tómatela”, me ordenó mientras me entregaba la cerveza. Miguel lo miró extrañado y Carlos sólo le dijo, “Mírala”. Me llevé la lata a la boca y empecé a beber. Bebí más de la mitad del contenido de la lata cuando me fijé en Carlos y lo vi mirarme fija e impacientemente. Entonces me volví a llevar la lata a la boca, pero esta vez él se acercó a mí y la sostuvo mientras decía, “Termínatela”. Hice lo que me dijo, tratando de concentrarme en hacerlo rápido. Miguel se rio mientras me miraba. Carlos tomó la lata que había bebido de mi mano y la reemplazó con la suya, que estaba casi llena. Mirándome a los ojos me dijo, “Ahora esta”. Quería negarme, pero recordé lo que habíamos hablado esa mañana. También me sentí avergonzada de que me diese ordenes en frente de su amigo. Antes de que respondiese me llevó la lata a la boca nuevamente y me hizo beber casi toda. La siguiente vez que lo hizo terminé de beberme la cerveza. Nuevamente tomó la lata de mis manos y la reemplazó con la de su amigo, que estaba medio llena. Bebí sin que me diera la orden y al acabar vi que se alegró y hasta me felicitó. Después de eso volvió al cooler y tomó otra cerveza, esta vez la bebió él y me dijo que me acercara. Al acercarme solo puse su mano sobre mi hombro y dijo, “Arrodíllate”. Lo miré sorprendida y luego miré a Miguel quien estaba casi tan sorprendido como yo. “Arrodíllate”, volvió a ordenar. Hice lo que mi pololo dijo y lentamente me puse de rodillas. De rodillas frente a Carlos, puso la lata de cerveza a la altura de su entrepierna y me dijo, “Acábatela”. Yo ya me sentía mareada, sin protestar hice lo que me dijo, aliviada de que no fuera otra cosa lo que él esperaba que yo hiciera. Cuando terminé lo miré hacia arriba y sonreí. Él estaba complacido, se inclinó y me besó. Mientras me besaba sentí su mano acariciar mi cabeza con dulzura. Al terminar el beso me miró a los ojos y me dijo, “Te amo”. Cuando dijo eso tomó otra cerveza de Miguel y la puso en mis manos. Bebí sin recibir la orden, pero tampoco sin el deseo de hacerlo, ya había bebido demasiado líquido y me sentía satisfecha.
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Me sorprendió ver a Carlos desabrocharse el pantalón y sacarse el pene, después de eso sólo dijo, “Abre”. Estaba ebria, por lo que no sentí tanta vergüenza como lo hubiera hecho normalmente. Traté de pensar en lo que estaba pasando, pero antes de que decidiera que hacer el me interrumpió golpeándome en la cara con su pene. Golpeó mis labios, mi nariz y mis mejillas. “Abre”, volvió a decir. No podía pensar claramente y volvió a repetir su orden. Obedecí y abrí mi boca para que mi pololo metiera su pene. En cosa de segundos el pene de mi pololo entraba y salía de mi boca mientras su amigo nos miraba. Las manos de mi pololo atrás de mi cabeza me sujetaron firmemente mientras sus caderas chocaban con mi cara. El lugar estaba en silencio a excepción de los sonidos que hacia mi boca y el eco de esto. Sonidos que Miguel también escuchaba.
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Carlos sujetaba mi cabeza
mientras le hacía sexo duro a mi boca rápidamente mientras su amigo nos miraba
en silencio. Esta vez fue más rápida que las anteriores, a los pocos minutos dijo
la palabra usual, “Traga”. Después de hacerlo las veces anteriores, después de
toda esa cerveza en mí, me pareció que tragar era el acto más normal que podía
hacer. A medida que disparaba los chorros hacia mi garganta, yo tragaba. Volvía
sentir vergüenza al recordar que nos miraba. Como otras veces, Carlos sostuvo
mi cabeza contra su cuerpo después de haber eyaculado en mi boca, para después
soltarme. Se volvió a meter el pene dentro del pantalón y fue al cooler para
sacar otra cerveza. Me la puso entre las manos y me ordenó beberla. Accedí sin
protestar, a pesar de lo frustrada y cansada que estaba. Mientras bebía Carlos
me dijo, “Mi amor, me haces sentir tan bien. Quiero que mi amigo también sepa
lo bien que se siente tu boca”. “Sabes que te amo y que terminé con mi polola
por ti. Lo haces tan bien que quisiera que mi mejor amigo, mi hermano, lo
sienta también. Si en verdad me amas lo harás feliz también”, continuó. Caminó
hasta su amigo y puso la mano en su hombro. Yo ya no podía pensar bien. Lo
siguiente que recuerdo es a Miguel parándose frente a mí, desabrochando su
pantalón y sacando su pene.
Miguel lo miró inseguro y luego me miró. “Hazlo, a ella le encanta chuparlo y se lo traga
todo”, dijo mi pololo a su amigo. Yo me mantuve ahí de rodillas, procesando lo
que estaba escuchando y pensando en que hacer. Apenas podía pensar en donde
estaba, estaba mareada y atontada por tanta cerveza.
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Sentí las manos de mi
pololo en mi nuca mientras daba la orden, “Abre”. En ese momento Miguel puso su
pene frente a mi cara y pude verlo de cerca. Era un poco más grande que el de
mi pololo, muy rosado y con una gorda cabeza morada que palpitaba. Abrí mi boca
y Miguel lo metió de inmediato. De pronto lo tenía dentro de mi boca mientras
que sentía las manos de mi pololo empujando mi cabeza hacia su amigo. Sentí el
pene en golpear el fondo de mi boca y noté lo fácil que era hacer eso, a
diferencia de antes. En cosa de segundos el pene de Miguel ya estaba entrando y
saliendo de mi boca una y otra vez. Después de un rato las manos de mi pololo
dejaron de presionar mi cabeza y las sentí bajar por mi espalda y levantar mi
falda. Su mano bajo mi falda agarró fuertemente mi culo y deslizó sus dedos
rozando mi ano y mi sexo. Mientras sus dedos frotaban mis labios, su amigo seguía
en mi boca. Traté de protestar cuando introdujo sus dedos en mí, pero cuando me
retiré del pene de Miguel, tomó mi cabeza con ambas manos y la presionó contra
sí mismo. Mi pololo metió sus dedos cada vez más profundo dentro de mí.
“Trágatelo”, escuche a mi pololo susurrar a mi oído pocos segundos antes de que
su amigo eyaculara. Pronto ya estaba tragando el semen del mejor amigo de mi
pololo, el cual me sorprendió por su cantidad, era mucho más de lo que
acostumbraba a recibir. Al momento de terminar, sacó su pene de mi boca y se
dejó caer sobre una silla cerca de nosotros. “Estuvo buena”, dijo a mi pololo,
a lo que este respondió, “Te lo dije”. Pensé que habrían hablado de mi a mis
espaldas.
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Después de eso Carlos
se movió de su lugar detrás de mí y se sentó junto a su amigo. No sabía que
pensar sobre lo que acababa de pasar, sólo me sentía mareada. Carlos volvió a
sacar cervezas del cooler y me entregó una. Me alivió que esa vez no me
ordenase beberla. Yo sólo quería algo que me quitase el sabor al semen de
Miguel de la boca, por eso abrí la lata y empecé a beber a un ritmo más
moderado que antes. Después de media lata de cerveza Carlos me miró y dijo,
“Mejor te llevo a tu casa, nos juntamos mañana y vamos al mall”.
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¡Qué día había tenido!
Pensé que mi relación había terminado y fui a casa de Carlos para confrontarlo,
pero el terminó con su polola. Entonces nos besamos y me metió sus dedos por
primera vez. Bebimos cerveza con su amigo y no sólo por primera vez metió su
pene en mi boca frente a alguien más, sino que también su amigo, quien hasta
ese día era desconocido para mí, hizo lo mismo. ¿En qué me convertía eso?, ¿Su
perra?, Nunca pensé que me cuestionaría si yo era eso, pero esa tarde había
tenido dos penes en mi boca, uno después del otro.
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Más tarde seguía
cuestionándome quien era. Carlos entraría a cuarto medio cuando comenzaran las
clases, mientras que yo apenas iba a entrar a primero medio. En serio pareció
que había terminado con su polola por teléfono. ¿En serio había terminado con
ella por mí?, ¿A que había accedido cuando dije que haría lo que sea que él me
dijese? Hasta entonces había entendido algunas cosas de lo que eso significaba.
Significaba cambiarme de ropa frente a él, quedando completamente desnuda.
Significaba tener un pene en mi boca. Significaba estar desnuda al tener su
pene en mi boca. Y ese día, significó tener el pene de otro hombre en mi boca.
Así que, ¿en qué me convertía eso? Pensé que él podía tener a la mujer que
quisiera, pero ¿harían ellas lo que sea que él quisiera? Él dijo que con Sara
tenían sexo todo el tiempo. ¿Habría hecho ella las mismas cosas que yo hice esa
tarde?, ¿Me había convertido en su perra?, ¿tenía que soportar serlo para ser
su polola? Decidí dejar de pensar para poder dormir esa noche.
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La mañana siguiente
desperté pensando que ya debía decirla a mi mamá que tenía pololo. No creí que
ella lo aprobaría, sabía que no había dejado a mi hermana tener pololo hasta
que fue mayor de lo que yo era en ese momento. Pol lo que pronto le pedí
permiso para ir al mall y que me llevara, en vez de Carlos. Después de que mi
mamá aceptara llevarme, fui a mi pieza a llamar a Carlos para decirle que nos
veríamos en el mall y no en su casa. Me alegró que no hiciera problemas por
eso.
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Mi corazón latía muy
rápido al llegar al mall. Temí que él no apareciera o que no quisiera salir
conmigo, pero en menos de cinco minutos de espera llegó. Al encontrarnos me
besó apasionadamente. Fue algo que me gustó mucho en ese momento. Después
iríamos a caminar. Me sentí curiosa sobre que tenía planeado al invitarme a
salir a ese lugar. Mientras caminábamos nos encontramos con algunos amigos de
él y me presentó ante ellos como su nueva polola. Eso pasó un par de veces y me
hizo sentir muy feliz. Podía verse la sonrisa de felicidad que eso me hizo
sentir. El terminó de su relación con Sara tenía que ser real si él me
presentaba como su polola. Estaba tan feliz que, al ir al patio de comidas a
almorzar, olvidé las cosas que pasaron la tarde anterior. Después de almorzar
seguimos paseando y nos seguimos besando. Algunas veces me susurraba al oído
diciéndome que me amaba. Durante el paseo, al acercarnos a los baños me dijo,
“Tengo que ir al baño, ven conmigo”. Me agarró de la mano y me llevó junto a él
al baño de hombres. Al entrar me sentí nerviosa y tensa. Agradecí a Dios que no
hubiera otro hombre dentro del baño cuando entramos. Me llevó con él a una de
las casetas y cerró la puerta. Abrió su pantalón mientras estábamos de pie
frente al inodoro y sacó su pene, entonces me miró sonriendo y dijo,
“Sujétalo”. Yo estaba sorprendida, pero hice lo que me ordenó. Comenzó a reír
mientras comenzó a orinar y yo hacía el esfuerzo de no derramar nada fuera del
inodoro. Ambos reímos. Cuando terminó de orinar me dijo que agitase su pene y
yo lo hice hasta que cayeron las últimas gotas. Se volteó hacia mí y empezó a
quitarme la ropa. “Qué estás haciendo?”, pregunté sorprendida. “Sacándote la
ropa”, respondió con confianza. No sabía que pensar o hacer así que me quedé
quieta mientras levantaba la polera que yo llevaba puesta y me la sacaba para
colgarlo en la manilla de la puerta. Entonces me sacó el sostén y lo colgó
sobre la polera. Bajó el cierre de mi falda, la bajó hasta mis tobillos y yo
levanté un pie y después el otro fuera de la falda. “No lo hagamos aquí”, dije.
Pero el sólo continuó bajando el calzón que tenía puesto. Este no lo colgó en
la puerta, se lo guardó en el bolsillo. “Si vas a usar falda, no uses nada abajo”,
dijo. Estaba totalmente desnuda excepto por mis sandalias, pero antes de que
pudiera pensar en algo más él se arrodilló frente a mí, levantó uno de mis
tobillos y me quitó la sandalia, para después hacer lo mismo con la otra. En
ese momento pasé a estar completamente desnuda en la caseta del baño de hombres
de un mall. Me presionó contra la pared mientras me besaba y me dijo, “Te amo
mucho”. Mientras nos movíamos dentro de la caseta me di cuenta y odié que
dejara mis pies desnudos porque sentí el frio del piso y lo sucio que estaba,
pero traté de no pensar en eso. Nos besamos nuevamente, quedando el inodoro a
espaldas de mí y la puerta detrás de él. Entonces para mi horror él dio la
orden, “Arrodíllate”. “El piso está sucio”, protesté, pero ignoró lo que dije y
puso sus manos sobre mis hombros, empujando hacia abajo con fuerza,
“Arrodíllate”, volvió a ordenar. En contra de mi mejor juicio, lo dejé
arrodillarme lentamente. Mis rodillas se apoyaron en el suelo, un pie a cada
lado del inodoro y el frio toque del inodoro contra mi culo. Sentí sus dedos
recorrer por mi pelo y me agarró de la cabeza, yo respondí abriendo la boca aún
antes de recibir su orden, “Abre”. Mientras lo decía ya tenía su pene dentro de
mi boca. Este estaba muy duro y comenzó a ser muy agresivo. Era como si hacerlo
en un baño público lo excitara aún más. Ambos escuchamos la puerta del baño
abrirse y volverá a cerrarse, escuché los pasos de alguien entrar y dirigirse
al lado de nuestra caseta donde estaban los urinarios en la pared. Miré hacia
el suelo y vi los zapatos de un hombre, a la vez que lo escuché comenzar a
orinar. Mi pololo no se detuvo, sino que comenzó a usar mi boca más rápido y
más fuerte. Eso me llenó de temor por ser descubiertos, pero me alivió escuchar
cómo se alejaba y salía por la puerta, aunque sin lavarse las manos. Unos
segundos más tarde, la puerta se abrió nuevamente. Escuché a este hombre
caminar dentro de la caseta junto a la nuestra, lo escuché bajarse el cierre
del pantalón y comenzar a orinar. Mi pololo seguía, esto no parecía afectarlo
más que antes. “Wena”, escuché una voz desconocida junto a nosotros. Al igual
que yo pude ver los zapatos de este hombre junto a nosotros, él pudo ver mi pierna
desnuda mientras yo estaba arrodillada ahí. No pasaron dos segundos desde ese
comentario hasta que mi pololo eyaculara dentro de mi boca. Tenía la esperanza
de que no diera la orden usual, para que no nos escuchara ese desconocido, así
que me apresuré en chupar y tragar rápidamente. Para mi alivio sólo gimió
mientras su semen bajaba por mi garganta. Carlos, como las veces anteriores,
sujetó mi cara contra su entrepierna una vez terminado. Me sentí tan sucia y
avergonzada, que poco me importó al escuchar la palanca del inodoro junto a
nosotros y a ese extraño decir “Chao”. Dicho esto, los pies se alejaron hacia
el lavamanos y después salieron por la puerta del baño. “Eres increíble, te amo
tanto”, dijo mi pololo, aun sosteniéndome contra su ingle mientras su pene
disminuía su tamaño dentro de mi boca. Finalmente lo sacó de mi boca, luego
puso sus manos bajo mis brazos para levantarme para sentarme en el inodoro. “El
asiento no está abajo”, protesté al notarlo. “Está bien”, respondió antes de
empezar a abrirme las piernas. En cuestión de segundos tenía mis rodillas
completamente separadas con mi sexo expuesto. “Quiero verte hacerlo”, dijo
mirándome allí abajo. Lo siguiente fue que su mano bajó entre mis piernas
tocando mi sexo. “No puedo”, protesté. “Si puedes, sólo hazlo”, respondió el.
Me senté allí mirándolo fijamente no estando segura de poder hacerlo. “Hazlo o
nos quedaremos aquí hasta que lo hagas”, amenazó. Entonces me sorprendió de
nuevo cuando se puso de pie frente a mí, tomó su pene y comenzó a orinar. El
chorro empezó a ir directamente al agua, pero cuidadosamente lo levantó hasta que
su corriente me golpeo justó entre las piernas. Lo mire con enojo mientras me
orinaba allí. Tenia que orinar y después de lo que hizo, unos segundos después
funciono y me dieron ganas de orinar. Me sonrió mientras dejaba que yo orinara.
“Hermoso”, me dijo mirándome hacerlo. Me alegre cuando terminó, ya que hizo
demasiado sobre mí. Agarré el papel higiénico y me limpié. Entonces tomó mi
mano y me ayudó a ponerme de pie. Después de eso me ayudó a vestirme. Estaba
ansiosa por salir del baño. Me sentí mucho mejor cuando estuvimos completamente
fuera del mall. Mientras caminamos alejándonos de ese lugar me sentí muy
avergonzada. Luche para no llorar. Después de llegar a casa hable por teléfono
con Carlos un poco. Quería que mi mamá supiera que tenía un pololo, aunque sabía
que era un riesgo. Él estuvo de acuerdo en almorzar al día siguiente en mi casa
y nos dimos las buenas noches. La mañana siguiente me ofrecí a ayudar a mi mamá
en las tareas de casa para que fuera más fácil pedirle que nos acompañara
Carlos a comer, pero al consultarlo con ella no opuso problema más que el
preguntar de forma desaprobadora, “¿No es un poco mayor para ti?”. Evité
responder mientras que veía la incredulidad en cara de mi hermana quien estaba
con nosotras durante la conversación.
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El almuerzo y su
visita resultaron todo un agrado, a todos en casa les pareció simpático y
tuvimos un almuerzo muy agradable. Pensé que en poco tiempo él tenía a mi mamá
comiendo de su mano, figurativamente, por supuesto. Ella se rio de sus bromas y
sonrió durante la mayor parte del almuerzo. Después de eso jugamos con cartas
Uno y tanto Nicol como mi mamá decidieron jugar también. Nos divertimos, reímos
y yo estaba tan emocionada cuando mi mamá dejo la habitación por unos minutos y
me dio la oportunidad de besar a mi pololo justo ahí en frente de Nicole. Su
rostro se puso rojo de ira o vergüenza. La visita fue tan larga que luego para
mi sorpresa, mi mamá invitó a Carlos a unirse a para la once también. Carlos y
yo incluso ayudamos a mi mamá a hacer la once y el la mantuvo riendo la mayor
parte de la noche. Me costó mucho no querer tocarlo y besarlo, pero hice mi
mejor esfuerzo para contenerme. Fue perfecto y después de eso decidí que era
hora de que mi mamá supiera que éramos una pareja. Justo allí con ella en la
cocina le dije a Carlos gracias mientras le daba un pequeño beso en los labios.
Carlos tuvo suficiente sentido como para darse cuenta de que estaba haciendo
esto a propósito, así que devolvió suavemente el beso. Entonces le dije a mi mamá
que iba a caminar con el fuera de casa y ella dijo bien a eso. Hablamos un poco
en frente de la casa dándole las gracias por venir y luego me dio un verdadero
beso. Un beso largo y profundo. Luego se despidió de mi familia y se fue a su
casa. Tan pronto mi mamá me llamó, me dirigí a la cocina. Aquí vino el sermón: “Dani,
sé que estas creciendo y sé que Carlos parece muy simpático, pero ¿no crees que
es un poco mayor para ti?”. Le conteste, “Mamá, él es un bueno y me gusta.
Vamos a estar juntos en el colegio cuando comiencen las clases y es un buen
estudiante y todo”. Ella respondió, “Lo sé, Daniela, pero no estoy segura de
que estés lista para tener un pololo. No estás en edad para eso y ni a tu
hermana la dejamos pololear a tu edad”. Hablamos un poco más y ninguna cedió en
su posición, hasta que lo dejamos por la paz y dejamos el tema. Esperé un poco
y luego llamé a Carlos y le conté lo que había dicho, aunque no le di
demasiados detalles. Hablamos un rato más antes de tener que despedirnos. Yo quería
ir a su casa, pero no podía. Después de colgar el teléfono abrí mi puerta y escuché
a mi hermana y madre hablando. Me dirigí hacia la puerta de la pieza de mi mamá
donde estaban hablando y mi hermana estaba diciendo a mi mamá que era demasiado
joven para Carlos y que no era justo que yo pudiera tener un pololo a mi edad
cuando no se le permitió ella hasta ser mayor. Entre en la pieza furiosa y le
dije que estaba celosa de que a él le gustaba yo y no a ella y que no tenía
nada que ver con mi edad. Discutimos un rato antes de que mi mamá nos detuviera,
me mirara directamente a los ojos y me dijera, “No te ayudara portarte como una
cabra chica, así que para”. Me alegré de que ella estuviera aun considerando lo
de mi pololeo. Así que le dije rápidamente a mi mamá, “Si señora”. Me di la
vuelta y salí de la pieza. Mi hermana se fue rápido fuera de la pieza de mi mamá
hacia la suya. Estaba molesta porque hablara a mis espaldas de esa forma, pero
yo había hecho alarde del beso justo delante de ella.
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En la mañana siguiente
estaba muy curiosa de si mi mamá había llegado a una decisión, pero sabía que
era mejor no preguntar porque no quería molestarla. Comí mi desayuno en
silencio. Cuando terminamos de desayunar, mi mamá le dijo a mi hermana, “Nicol,
necesito que vayas al negocio y me compres lo de esta lista”. Mi hermana me
miro y ambas sabíamos que estaba a punto de tener una conversación privada con
mi mamá. Mi hermana no tuvo más remedio que contestar que sí. Dentro de unos
minutos tomó sus llaves y estaba saliendo de la cocina para irse.
·
Entonces mi mamá empezó
a decirme, “Tu papá y yo hablamos de ese asunto en la noche. Ambos pensamos que
eres demasiado joven para tener un pololo”. Me sentí molesta y debí parecer que
estaba a punto de discutir, pero antes de dame tiempo de decir una palabra, mamá
continuó, “Pero no vamos a prohibirte tener pololo”. El alivio vino a mi corazón
y pude respirar de nuevo, pero justo cuando creo que estaba empezando a sonreír,
continuo, “Pero no vas a estar sola con él. Eres demasiado joven para eso.
Mientras sigas esa regla, no te pediremos nada más. Pero también esperamos que
te comportes como una señorita y mantengas las cosas físicas al mínimo”. Todavía
no estaba segura de como Carlos se iba a sentir sobre la regla que me habían
impuesto mis padres, pero todavía estaba emocionada de que a mi edad me dejaran
tener pololo. “No me decepciones”, me advirtió mirándome a los ojos. Mi corazón
latía con fuerza y yo quería celebrar mi victoria, pero en vez de eso le respondí,
“No te voy a decepcionar”. Y me fui a mi pieza. Después de calmarme llamé a
Carlos y le di las buenas noticias con miedo de que pudiera estar decepcionado
o incluso quieren terminar conmigo, pero él sonaba como si no le importara en
absoluto la nueva regla y dijo, “No hay problema por eso”. Luego me invito a ir
a su casa, Le dije que tendrá que avisar y todavía necesitaba darme una ducha.
Después de la ducha me puse en la tarea de conseguir que mi madre me dejara ir
a la casa de Carlos, pero no fue difícil en absoluto. La mamá de Carlos llamó a
mi mamá para que yo fuese a su casa a almorzar. Me sorprendió y encantó y me
fui a la casa de Carlos. Cuando llegue, él estaba lavando el auto. Me había
puesto la ropa encima de mi bikini para que mi mamá no hiciera comentarios por
eso, pero sin decir una palabra entre al patio trasero y me desnude hasta mi
bikini. Entonces lavamos ese auto y cuando terminamos con ese lavar el auto de
su mamá. Me hizo hacer la mayor parte del lavado y el solo ‘manejó’ la
manguera, rociándome en cada oportunidad que tenía. Dijo que era mi castigo por
la regla de mi mamá y por el hecho de que su mamá quisiera que su auto fuera lavado
por invitarme. Poco después de que terminamos ese auto, se estaba acercando la
hora del almuerzo y fuimos al lugar donde guardaban las herramientas, para
devolver lo que ocupamos durante el lavado. Cuando entramos a ese lugar le dije
a Carlos que lo amaba y nos besamos. Luego me hizo una pregunta que me sorprendió.
“Tendrías un trio conmigo y Miguel?”, Preguntó. No sabía que pensar de esta
pregunta. Antes de contestar, continuo, “Seria una experiencia única tan
especial. No mucha gente pierde dos virginidades a la vez. Sé que nunca has
hecho anal y creo que sería increíble. Y sabes que tú, mi mamá y Miguel son de
las personas más importantes para mí. También sería muy especial para mí. Eres
especial. Como ninguna polola que he tenido. Saber que to ayude a tener tu
primera vez significaría mucho para mí. Quiero que lo pienses bien”. Y con eso
Carlos cerró la puerta de ese lugar y vino a mi tirando de los lazos del bikini
dejándome desnuda en pocos segundos. Luego me puso la ropa con la que había
llegado a su casa, polera y falda sin ropa abajo, así que estaba nerviosa, pero
el insistió. Esperaba que su mamá no pensara mal de mí por ir sin sostén e hice
mi mejor esfuerzo para esconderlo. Hasta ese momento había pensado que estaba
lista para hacer el amor con él y en lugar de eso me pide que no sea solo con él,
sino con Miguel. Estaba tan atónita. Después del almuerzo le dijo a su mamá que
íbamos la casa de su amigo Bruno, donde se supone que estarían Miguel y otros
dos amigos que yo no conocía e incluso algunas de sus amigas.
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No lo sabía en ese
momento, pero Bruno tenía 18 años y sus papas habían salido de vacaciones
durante unas semanas. Durante el verano trabajaba tiempo completo, pero durante
el periodo escolar trabajaba a tiempo parcial. Cuando llegamos allí estaban
solo Bruno y Miguel. Carlos hizo una pausa para preguntarme si estaba bien con
eso y si estaba dentro de lo que permitía la regla de mi mamá. Técnicamente no estábamos
solos y había otras personas allí, así que le dije que estaba bien. Hablamos un
rato y luego comenzaron a jugar en un computador. Después de un tiempo Bruno
entro en la cocina y sacó una botella de una estantería y sirvió su contenido
en cuatro pequeros vasos. Entregó uno a cada uno de nosotros y le pregunté a
Carlos que era. Era tequila. Bruno gritó, “brindis”, y todos levantaron sus
vasos, después de un segundo retraso lo hice también. Carlos me miró a los ojos
y dijo una palabra, “Tómatelo”. El y los demás bebieron sus vasos de tequila.
Hice lo mismo, pero casi me ahogué y escupí. Todos se rieron de mí, pero no de
un modo mezquino. Bruno tomó la botella y llenó los vasos. Miré a Carlos
insegura y luego le dije, “No sé”. Todos levantaron sus vasos y Carlos me miró
y dijo con firmeza, “Tómatelo”. Y bebieron de sus vasos. Tan fuerte era ese
alcohol. Luego Bruno sacó latas de cerveza del refrigerador y pasó una a cada
uno de nosotros. “No creo que sea...”, intenté decir, pero antes de que pudiera
terminar lo que estaba diciendo me interrumpió diciendo, “Mira Dani, vamos a
pasar un buen rato, puedes quedarte con nosotros, o puedes irte a tu casa, pero
si tú me oyes decirte que tomes, tu toma”. Luego tomó mi cerveza, abrió la lata
y me la devolvió diciendo una palabra, “Tómatela”. Todos inclinaron sus cervezas
para beber, así que hice lo mismo. Carlos me entregó su cerveza y dijo, “Tómatela”.
Bebí sintiendo un poco de vergüenza. Apenas termine, note que Bruno habla
pasado a Carlos lo que quedaba de su cerveza, la cual Carlos me entregó
nuevamente dándome la orden, “Tómatela”. Hice caso sintiéndome bastante mareada
ya. Luego me recosté en el sillón y los tres rieron. Cerré los ojos por un
momento y sentí la habitación girar. Entonces sentí que Carlos se levantaba en
el sillón junto a mí. A continuación, tiro de mi brazo guiándome al suelo y
dijo, “Arrodíllate”. Me encontré allí arrodillada en la alfombra delante de él,
que estaba sentado en el sillón. No me di cuenta de lo que había hecho hasta
que me dijo, “Abre”. Cuando escuche esto me miró y el tenía su pene fuera del pantalón.
No era consciente de lo que hacía, por lo que había bebido, por lo que me
resultó fácil hacer lo que me dijo. Mi cabeza estaba girando y, como de
costumbre, Carlos tenía mi cabeza agarrada haciendo la mayor parte del trabajo,
moviéndome. No sabía qué pensar de mí, por hacer eso frente a sus amigos. Pero seguí
y sentí que lo único que hacía era tener la boca abierta mientras el movía sus
caderas y al poco tiempo disparo dentro de mi boca.
·
En un abrir y cerrar
de ojos frente a mí se encontraba Bruno. Su mano estaba en su pene, subiendo y
bajando. “Abre”, la orden de Carlos vino desde el otro lado de la habitación. Y
sin pensar demasiado, sintiéndome mareada, baje la cabeza. Incluso con lo
mareada que estaba me di cuenta de un olor y sabor diferente y que me hizo
sentir muy sucia. No estoy muy segura, pero parecía que él no lo había hecho
tanto como Carlos y Miguel porque no parecía saber qué hacer. Odie eso y lo
empeoraba todo, porque se demoraba. Finalmente, volvió a disparar, pero escuché
una nueva voz, la de Bruno, dándome la orden, “Trágatelo, putita”. Levante mi
cabeza de su regazo y Carlos me entregó otra vez un vaso. Me alegre de que esta
vez estuviera menos lleno y los escuche decir, “Salud”. Entonces me quede atónita
y me sorprendí cuando baje la cabeza después de tomar del vaso y allí estaba
otro hombre sentado. Este tipo era pálido, muy alto y delgado y tenía un pene
muy gordo, aún más grande que el de todos los que estaban ahí. Sin dudarlo,
escuche a Carlos dar la orden directamente detrás de mí, “Abre”. “Pero...”,
trate de hablar. “Entonces vete a tu casa con tu mamá curá po”, dijo poniendo
una mano en mi hombro. “Ahora abre”, ordenó otra vez. Estaba tan mareada y tan
cansada y sintiéndome tan... rara. No sabía qué hacer, pero lentamente abrí la
boca y lentamente bajé la cabeza hacia en el pene del desconocido. Para
empeorar las cosas escuche a Carlos hablando con él diciendo, “A ella le gusta
por la garganta, ve si puedes metérselo todo”. Mientras decía esto sentí manos
en mi cabeza forzándome. Era más grueso que el de Carlos y en poco tiempo lo sentí
forzar por mi garganta. Para empeorar las cosas, sentí la mano de Carlos
deslizarse por mi culo debajo de mi falda y que al no tener puesto el calzón,
era capaz de frotar mi sexo con facilidad. Pronto me estaba tocando mientras
ese desconocido tenía su pene en mi boca. Me sentí tan avergonzada sin saber quién
era ese tipo. Y sentir a mi pololo tocándome sabiendo que sus amigos Miguel y
Bruno estaban viendo. A diferencia de Bruno, este tipo sabía lo que estaba
haciendo, pero eso no lo hizo ir mas rápido. El sabía como controlar el ritmo y
se tomó su tiempo en mi boca y garganta. Me sentí como una puta. Su pene seguía
forzándome una y otra vez hasta mi garganta y yo estaba aturdida hasta que oí
una voz muy profunda que me dio la orden, “Trágatelo, maraca”. La palabra añadida
cavo un agujero en mi corazón, pero en realidad no sabía que otra cosa hacer al
respecto, mientras disparaba su semen. Tan pronto como pude respirar, sentí que
un escalofrió que me atravesaba y sabía que estaba a punto de vomitar. “Voy a
vomitar”, gemí en voz alta y alguien me dio un basurero. Entonces vomité
cerveza, tequila y semen en la basura. Fue uno de esos vómitos repugnantes,
donde no solo viene de la boca, pero también viene a través de la nariz. Sentí
a Carlos sosteniendo mi pelo mientras vomitaba en la basura. Escuché a algunos
de ellos riéndose. Me sentí como una mierda.
·
“Está bien, amor. Lo
hiciste muy bien”, me animó Carlos. Me quede allí de rodillas agotada y todavía
vomitando. Carlos me ayudó a ponerme de pie y se sentó en el sillón tirándome
hacia abajo sobre su regazo. Se inclinó hacia un lado dejándome medio tendida
en sus brazos y me sentí tan agotada, enferma y asquerosa. “Lo hiciste muy
bien, amor. Te amo”, me susurro. No podía creer lo que acababa de suceder, sin
embargo, lo que acababa de suceder iba más lejos de lo que pudiese imaginar.
Tuve dentro de mi boca los penes de cuatro hombres. Dos hombres a los que no conocí
hasta ese día, uno cuyo nombre ni siquiera conocía. Me sentí usada.
No estoy segura del resto de lo que sucedió porque me quedé dormida allí
después de eso. Cuando me desperté estábamos sólo Bruno, Carlos, Miguel y yo. “Te
sientes mejor?”, preguntó Carlos. Estaba tan enojada con el que no dije nada. “A
mis amigos les caíste muy Bien”, dijo mirándome con una sonrisa estúpida. “¿Puedo
irme a mi casa?”, pregunté. Y él respondió, “Claro que sí”, besándome en la mejilla
y luego diciéndome, “Te amo”. No dije nada de vuelta, así que él me ayudo a
ponerme de pie. Me acompaño a casa y fui directamente a mi pieza. Me dejé caer
en la cama sintiéndome como una mierda y encendí la música solo para escapar de
todo por un tiempo. Más tarde esa noche Carlos me llamó y hablamos por teléfono
durante un tiempo. Hablo un montón sobre cosas lindas y me dijo que no me
preocupara demasiado por lo que había sucedido. Me dijo que los hombres allí
eran todos como hermanos para él. Me dijo que ninguno de ellos iba a hablar y
que yo no oírla rumores de lo que habíamos hecho, que era sólo algo especial
que yo había compartido con ellos y que significaba tanto para él que le demostré
cuanto lo amaba. Me dijo que me vería en unos días y haríamos algo especial que
él sabía que me gustaría.
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