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    2008 Capitulo 1: El comienzo

    Cuando chica tuve un diario de vida, ahí escribía el día a día de cosas que eran poco importantes, hasta el verano del año 2008. Fue ese el año en que conocí a mi primer pololo y comenzó mi despertar sexual. Era una adolescente morena, cabello largo y negro, no tan baja, con poco busto, pero no plana y algo gordita que medio año antes recién había tenido su primer periodo y no sabía nada de la vida.

     

    Vivía con mis padres en una localidad del sur de Chile, soy la menor de cuatro hermanos, somos 3 mujeres y un hombre. Nicole es 3 años mayor que yo, Juan José es 6 años mayor y Mabel es 10 años mayor. En el verano del 2008 yo me encontraba estudiando en primero medio, mi hermana Nicole estudiaba en el mismo colegio que yo, pero en cuarto medio. Juan José se encontraba estudiando en la universidad en la capital y Mabel había hecho un viaje a mochilear.

     

    Como la mayoría de las adolescentes yo no me encontraba conforme con mi cuerpo a esa edad. Mi cuerpo empezaba a desarrollarse, pero yo me sentía insegura por mis pechos pequeños y tener algo de gordura, lo que contrastaba totalmente con mi hermana Nicole quien con 18 años era alta, delgada, tenía más busto que yo y sus glúteos obscenamente desarrollados. Varias veces había visto a mi papá, hermano, tíos, primos, amigos y desconocidos detenerse a observarlo de forma descarada e insistente.

     

    Ese verano Mabel se encontraba mochileando fuera del país, Juan José estudiaba en una universidad de Santiago, estaba acostumbrado a vivir lejos de nuestra casa y nos visitaba pocas veces al año. Solo estábamos cuatro en casa, nuestros padres, Nicole y yo.

     

    La relación con Nicole no fue realmente buena a medida que ambas nos acercábamos a la adolescencia. Cuando niñas éramos unidas, pero al ver que se alejaba de mi al crecer empecé a sentir algo de celos.


     

    Uno de mis mayores celos llegó después de que mi hermana obtuviera su licencia de conducir. Ahora ella fácilmente podía dejarme y salir y estar a solas con sus amigos. Sin embargo, se desarrolló siendo una adolescente a la que le faltaba confianza en sí misma y no parecía atraer a los hombres. Tenía unos cuantos amigos, pero eran raros y por lo que yo sabía solo había llegado a besos y dejar a sus amiguitos tocar su mayor atractivo, su culo perfecto. Pero para su pesar era tímida y reservada. Ella estaba en ese entonces en el último año del colegio y no era muy popular. Se sentía frustrada con nuestra mamá porque me permitía hacer tantas cosas siendo más joven de lo que le había permitido a ella, como usar maquillaje. Mientras yo tenía una cara inocente y muy poco pecho aun por desarrollar, una vez que comencé a usar maquillaje sentí que empecé a llamar la atención de los hombres a mi alrededor. Después de ese punto sentí que había empezado a aprender a vestirme de manera más adulta, lo que desagradó a mi mamá algunas veces, más que otras cosas por lo corto que había empezado a usar la falda del uniforme del colegio. Lo mejor de todo es que no sólo compañeros de mi edad habían empezado a fijarse en mí, sino que los compañeros de mi hermana también lo habían empezado a hacer, aunque recién iba a comenzar la educación media.

     

    El verán antes de entrar a clase era cuando mi vida cambiaría drásticamente. A algunas cuadras de mi casa vivía otro adolescente llamado Carlos. El iba en el mismo curso que mi hermana y recuerdo que cuando niños jugamos juntos los tres algunas veces. Terminó creciendo para convertirse en un joven alto, atractivo y atlético. Para mí era evidente que mi hermana estaba enamorada de él desde niños, aunque ya hace mucho tiempo había visto perderse el contacto entre ellos.

     

    A diferencia de mi hermana tímida e introvertida, yo tenía una personalidad muy extrovertida y no me incomodaba darme a conocer. Debido a la edad de mi hermana incluso conseguí hacer amistad con estudiantes mayores que yo. Un día de verano fui a una piscina con algunas amigas. Una de ellas llamó la atención sobre un adolescente atractivo, que resultó ser Carlos, con quien terminamos conversando.

     

    Al día siguiente decidí salir a encontrarme con Carlos en el mismo lugar que el día anterior. Antes de llegar ahí lo encontré en el camino, con solo verlo sentí acelerarse mi pulso. Lo saludé tímidamente, a lo que él me respondió después de un momento en el que pareció tratar de recordar mi nombre. “¿Andrea?”, preguntó. Negué con la cabeza y me limité a decirle mi nombre, “Daniela”. Sentí retorcerse mi estómago cuando se acercó a saludarme con un beso en la mejilla. “¿A dónde vas?”, le pregunté a lo que respondió, “A mi casa, estoy arreglando mi auto”. Pasé por alto el detalle del auto y me decepcioné al saber que no iría a la piscina a donde yo iba solo para encontrarme con él, entonces tragué saliva, junté valor y le pregunté, “¿Puedo acompañarte?”. El momento que demoró en responder pareció interminable y veía como sus ojos recorrían mi cuerpo mientras yo caminaba junto a él, con el traje de baño visible bajo mi ropa. “Dale”, me respondió y caminamos juntos hacia su casa.

     

    Hablamos un poco mientas caminábamos. Me pregunto en que curso estaba, a lo que le respondí con la verdad. Me pregunto si practicaba algún deporte, yo respondí voleibol pensando en las pocas veces que lo había jugado en el colegio. Él me dijo que jugaba futbol, lo que yo ya sabía. Llegamos a su casa y fuimos directo al patio trasero, donde se encontraba el auto que había mencionado antes. Él se acercó al auto, tomo algunas herramientas y comenzó a trabajar en el auto. Me sentí un poco incomoda porque incluso aunque tenía algo de confianza en mí misma, no acostumbraba a estar en casas ajenas usando bikini, el que había tomado de mi hermana. Me dijo que prendiese una radio y que le entregase algunas herramientas, de las cuales la mayoría tuvo que describirlas ya que yo no conocía sus nombres. Él estaba bastante serio y concentrado en todo momento que estuvo trabajando en el auto. Finalmente me miro y sonrió al mismo tiempo que tocaba mi estómago con sus dedos manchados con grasa, manchando mi piel con ella. Retrocedí y reí fuerte a lo que él respondió acercándose y manchándome más. El usaba zapatillas y yo solo unas sandalias, por lo que no le resulto muy difícil alcanzarme. De un momento a otro me sujetó firmemente y me besó. Ya había tenido un par de besos inocentes con los labios cerrados con niños de mi edad, pero este era mi primer beso real. Rápidamente metió su lengua en mi boca. Él era alto y fuerte, lo suficiente agresivo como para ponerme contra el auto mientras me besaba.

     

    Era Carlos, el amor de mi hermana quien me estaba dando mi primer beso. No hice el menor esfuerzo por resistirme e incluso sentí su mano agarrar y acariciar mi trasero. Cuando nos detuvimos, me sonrió tímidamente y toco mi nariz con sus dedos aun manchados con grasa. El tomo una herramienta, volvió al auto y sentí dolor en mi espalda, donde toqué con mis dedos para encontrarme con que sangraba. “¡Carlos!”, le dije asustada. Me miro molesto al principio ya que lo estaba distrayendo del auto, pero entonces vio la sangre y me llevó dentro de casa. Me había hecho un corte en la espalda con el auto, pero su mamá limpió la herida y me puso una gaza. Entonces ella le grito por toda la grasa con que él me había manchado y me ayudo a deshacerme de ella.

     

    Pasamos el resto de la tarde dentro de casa, viendo televisión y cuando su madre iba a otra habitación, nos besamos. Cuando empezó a hacerse tarde yo sabía que tenía que regresar a casa. El me invito a regresar al día siguiente Para continuar ayudándolo con su auto y yo rápidamente acepte. Después de eso fui a mi casa.

     

    Aún me encontraba sorprendida por lo que habísucedido esa tarde. Seguramente mi hermana me odiaría si supiese sobre la tarde que compartí con el hombre de quien ella estaba enamorada.

     

    A1 día siguiente fui a su casa Otra vez y lo ayudé con el auto, él se veía algo decepcionado por razones que yo no entendería hasta después. Nos besamos mucho nuevamente y yo aprendía el nombre de las herramientas. Pasamos un rato agradable y él logró arrancar el auto lo que lo hizo bastante feliz. Le pregunte si podíamos dar una vuelta y esa idea lo emociono bastante. Su madre al ver que íbamos saliendo le dijo que pasáramos al supermercado a comprar algunas cosas. Fuimos a ese lugar y ahí nos encontramos a mi madre y mi hermana. Nos miramos la una a la otra y no estoy segura de cuál de las dos estaba más molesta. “¿Cómo llegaste aquí?”, me preguntó mi mamá. “Con Carlos” le respondí al momento en que ella se percató de mi acompañante y se saludaron. “Llega temprano a casa”, me dijo a lo que respondí moviendo afirmativamente la cabeza. Carlos y yo compramos rápido y nos apresuramos al auto, en donde él se disculpó por meterme en problemas, pero le dije que no se preocupase por eso.

     

    Él me ofreció dejarme en mi casa, acepté y detuvo el auto frente a mi casa, me beso y nos despedimos, antes de que dijese “Ven mañana a mi casa a la 1, pero esta vez tienes que usar bikini”. Le dije que sí y me baje del auto. Caminando entre el auto y mi casa pensé en que la decepción que noté en él más temprano esa tarde era porque no había usado bikini.

     

    Cuando mi mamá llego a casa me reprendió por salir en auto con un tipo que no conocía, yo le respondí que solamente nos habíamos encontrado y lo ayudé con su auto, a lo que mi madre puso en duda mis habilidades mecánicas para ayudarlo. Mi hermana me miró fijamente durante todo ese momento y escuchó como mi madre me retaba. En cierto punto de la reprimenda mi madre me pregunto qué tan mayor que yo era ese chico a lo que le respondí recordándole que lo conocíamos desde que éramos niñas. Creo que ninguna de ellas considero en algún momento que él estuviese interesado en mí, debido a lo mayor que era. A1 día siguiente me puse un bikini y le dije a mi mamá que iba a la piscina. Camine rápido a casa de Carlos en donde él se encontraba lavando el auto. Me invito a entrar a su casa y me ofreció un vaso de bebida. Para mi sorpresa el tomó una lata de cerveza y bebió más de la mitad en pocos segundos frente a mí. Me ofreció, tomé la lata y bebí un sorbo. No me gusto el sabor. Él dijo que bebiese el resto de la lata y le obedecí. Fue a la cocina y regreso con otras latas las cual abrió y me dijo, “Inténtalo otra vez, sólo traga tanto como puedas de una vez”. Esta vez lo dudé un poco, pero terminé bebiéndola toda rápidamente de una vez. El me felicito mientras hacía a un lado las latas vacías y me besaba. Sus manos recorrieron mi espalda y se detuvieron en la parte inferior de mi bikini el cual el trato de desatar hasta que lo detuve diciéndole que no estaba lista, a lo cual él se mostró muy decepcionado. “Por favor, mi mamá no está en casa así que creí que podríamos pasarla bien”, me dijo y le respondí, “No estoy lista, soy virgen”. En ese momento creí que se molestaría y me diría que me fuese de su casa, pero en vez de eso me volvió a besar durante un largo rato. Nos seguimos besando hasta que él se detuvo, me miró fijamente a los ojos y me dijo, “Entonces vas a chuparme el pene”. Podía sentir mi corazón latir en mi pecho mientras pensaba que nunca había hecho algo así antes, después de todo él había sido mi primer beso. Lo pensé detenidamente mientras él me miraba muy serio, finalmente respondí. “Ok, pero no sé cómo. Nunca lo he hecho antes”, admití, pensando que era más inteligente decirle la verdad en ese momento. “Yo te enseño”, me dijo mientras tomaba mi mano para llevarme a su habitación.

     

    Era la primera vez que veía la habitación de un hombre y me pareció masculina, con algunos trofeos de futbol y algunos posters de mujeres con grandes tetas desnudas. No pasó mucho tiempo antes de que me dijera, “Arrodíllate”, mientras que él se sentaba en el borde de su cama. En ese momento el me besó al mismo tiempo que me quitaba la parte superior del bikini.

     

    “Ten cuidado con los dientes, abre la boca y relájate. Lo más importante, cuando eyacule tienes que tragar igual que la cerveza”, me ordenó mirándome directamente a los ojos. Puso ambas manos en mi cabeza y dijo una palabra más, “Abre”. Hice lo que me dijo, abriendo mi boca lentamente mientras me concentraba en lo que había dicho sobre los dientes, a la vez que el desabrochaba su pantalón y sacaba su pene.

     

    Era más largo de lo que esperaba. La verdad es que nunca había visto un pene antes, sólo en libros de ciencia en el colegio y tener en ese momento la gran cabeza morada palpitando frente a mí me resultó intimidante. Antes de que pudiese pensarlo mucho, comenzó a acercarlo a mi boca. Sentí un olor agradable antes de sentir el roce con mis labios. Inmediatamente después golpeó mi lengua.

     

    No había vuelta atrás, había comenzado a chupar un pene por primera vez. Lo empujó cada vez más profundo dentro de mi boca, rozando con mi lengua. Probé ese raro sabor por primera vez, bastante salado. Se mantuvo empujándolo y de repente empecé a sentir arcadas y me separé de él con brusquedad. “Relájate”, me ordenó y sentí sus manos agarrar mi cabeza con firmeza. Entonces empezó a meterlo y sacarlo. Yo estaba tan tensa que cuando lograba relajarme un poco, él empujaba su pene más profundo y más arcadas me provocaba. Continuó moviéndose así hasta que le escuché decir, “Abre la garganta”, y antes de que pudiese entender lo que me decía o recobrar la compostura, empujó mi cabeza con fuerza contra él. Su pene empujaba duró contra el fondo e instintivamente lo único que quería era arquear y quitármelo de la boca, pero él seguía empujando. Otra reacción instintiva a raíz de no poder arquear fue la de tragar. Lo único que podía escuchar en ese momento eran sus gemidos a medida que sus caderas se movían con mayor rapidez.

     

    Pareció leer mi mente ya que en ese momento dijo, “Respira por la nariz”. Sólo en el momento en que lo dijo pude reaccionar y empezar a respirar, ya que su pene me hizo imposible respirar por la boca. No estoy muy segura de lo bien que se sintió en ese momento para él y sé que en realidad no chupé, pero pienso que lo hice bien para ser la primera vez, bajo algo de presión. No sentí que hubiese hecho mucho ya que era el quien hizo todo el esfuerzo. Sus gemidos se intensificaron y yo por fin sentí que me acostumbraba a esa situación hasta que se levantó de la cama aun con su pene dentro de mi boca y presionó mi cabeza contra sí mismo. Sentí un chorro golpear contra el fondo de mi garganta al mismo tiempo que él me dijo, “Trágatelo”. Por un momento alejó sus caderas, pero rápidamente volvió a empujarlas contra mí a la vez que volvía a repetir la orden. Una mezcla de su semen y mi saliva se acumulaba en mi boca y no quedó otra opción que hacer lo que él me dijo. Era incómodo y cometí el error de tragar aire mientras tragaba, así que algo de eso fue a mi nariz. No volví a cometer ese error y tragué el resto de una vez mientras él aún se movía de forma más lenta pero firme mientras aún salía semen de su pene. Después de tragar, él se recostó en la cama, aun sujetando mi cabeza contra su ingle.

     

    Era rara la forma en la que me sostuvo ahí. Al poco tiempo de relajarse sentí como su pene perdía tamaño y se ponía flácido mientras mis labios aún estaban pegados a su vello púbico. “Lo hiciste muy bien para ser la primera vez” dijo mientras acariciaba mi cabello a pesar de aun mantenerme en esa posición. Finalmente sentí como dejaba de ejercer presión sobre mí, lo que me permitió separarme de él y sacar su pene de mi boca. Cuando lo hice y aun de rodillas frente a él se rio al ver mi cara, después sabría que su risa era debido a que tenía lápiz labial embarrado alrededor de mi boca, lacara muy roja y bastante de su semen colgando de mi nariz. Entonces volvió a abrazarme de forma más cariñosa y esta vez sin su pene en mi boca, aunque con mi cabeza a la misma altura. Después de eso me recosté en la cama junto a él y cuando lo hice el me abrazó contra su pecho y dormimos así durante casi una hora. Al despertar volvió a reír al ver cómo había quedado mi rostro y juntos fuimos al baño, me limpié la cara mientras el manoseaba mis pechos, poniendo bastante atención en mis pezones. “Adoro tus tetas”, dijo haciéndome sentir un poco avergonzada. Me pasó el enjuague bucal y después de usarlo, me besó. Incluso después de usar el enjuague sentía el olor de su semen en el interior de mi nariz.

     

    Poco después de que me limpié y me vestí, vi la hora y decidí irme antes de que se hiciese más tarde. Me puse la parte superior de mi traje de baño, él me entregó un polerón y me fue a dejar en auto a mi casa. Esperaba que nadie notase la falta de maquillaje en mi cara y lo desordenado que estaba mi pelo, pero me prestaron poca atención al llegar. Más tarde me costó quedarme dormida pensando en todo lo que había hecho esa tarde, pero tenía el polerón que olía a él y me hizo más agradable la noche, a pesar de que aún no podía evitar que todo me oliese a semen.

     

    La mañana siguiente me desperté cerca de las 10 AM por una llamada de teléfono. Era Carlos quien quería que fuese a su casa. Me di una ducha rápida, me puse algo de maquillaje y le dije a mi mamá que me juntaría con unas amigas. Al llegar a casa de Carlos lo primero que me dijo fue, “No estás en traje de baño. Nueva regla, no entras en mi casa si no es en traje de baño”. A pesar de decirlo con una sonrisa en su cara pude notar lo serio tras sus palabras. Había una máquina para cortar pasto y bastante pasto disperso por todo el parió así que asumí que eso estaba haciendo antes de que llegase a su casa.

     

    Antes de que pudiese responder a su “regla” me tomó de la mano y me llevó al lugar donde guardaban las herramientas y cerró la puerta tras nosotros. “Ya que no usas traje de baño tienes que sacarte el short y la polera y quedar solamente en ropa interior”, me dijo mirándome directamente a los ojos. “Nooo”, le respondí sin pensarlo. “Bien, entonces vete a tu casa”, me dijo con toda seriedad. Nos miramos a los ojos por un momento hasta que cedió y me dijo, “Por favor”. Lo miré insegura, pero para su gusto me levanté la polera mostrando mi sostén. “Ahora el resto”, dijo antes de que empezase a desabotonar, bajar el cierre y hacer lo que él quería, quedándome solo en sostén y calzón. “Hermosa”, dijo al verme y se acercó para besarme.

     

    Él no olía bien, porque estaba sudado, pero solo ignoré eso y nos besamos. Finalmente, después de algunos besos me sorprendió cuando me dijo, “Arrodíllate”. Lo miré desconcertada y respondí, “Pero…”, a lo que él respondió poniendo su dedo sobre mis labios y repitiendo otra vez la orden, “Arrodíllate”. Miré al suelo y me desagradó notar lo sucio que estaba el lugar, pero antes de que pudiese decir algo más él puso sus manos sobre mis hombros y lentamente lo dejé ponerme de rodillas. Ya teniéndome de rodillas frente a él, sacó su pene y lo puso frente a mi cara y en ese momento lo único que se me ocurrió decir fue, “El piso está sucio”. Él se limitó a sonreír, sostener mi cabeza y darme la orden, “Abre”. Pese a la vergüenza lo hice, hice lo que me ordenó, abrí mi boca y sentí como él metía su pene dentro de mi boca. A menos de una hora desde la llamada a mi teléfono, ya estaba ahí en ese sucio lugar de rodillas en ropa interior y con su pene en mi boca. Después de unos cuantos minutos de meterlo y sacarlo, sentí su mano en mi espalda desabrochando mi sostén. Yo no estaba feliz por eso, pero él se mantuvo intentándolo hasta que consiguió desabrochar mi sostén mientras su pene aún estaba en mi boca.

     

    No pasó mucho hasta que tomó mi cabeza y empujó su pene con fuerza en mi garganta tan profundo como pudo. Lo que lo hizo peor era el hecho de que al estar tan sudado su olor no era nada agradable ahí abajo, pronto mis labios y mi nariz fueron forzados hacia si vello púbico. Eso no me hizo feliz, pero parecía que no le importaba ya que al sujetarme de esa forma no me daba muchas opciones. Debo admitir que en realidad no estaba disfrutando eso y solo quería que se acabase rápidamente. Al igual que el día anterior, cuando se aproximó al clímax, uso ambas manos para acercarme con fuerza a su entrepierna. Otra ve sentí como chorros de semen salían de su pene a lo cual él dijo, “Trágatelo”, lo cual yo hice obedientemente.

     

    Esta vez me sentí mucho más puta que al día anterior, debido a donde estaba haciendo eso. Otra vez me sostuvo ahí hasta que su pene se puso flácido y soltó mi cabeza. Mientras sacaba su pene de mi boca me di cuenta de que el controlaba toda la situación y pensé que solo él disfrutaba esto. Cuando estaba por levantarme, él puso sus manos sobre mis hombros y dijo, “Lo hiciste muy bien, gracias”. Eso me hizo sentir un poco culpable por lo que estaba pensando y mientras una mano seguía en mi hombro la otra acariciaba mi cara y mi cabello. “Te ves hermosa ahí”, dijo mientras sonreía y antes de que me diese cuenta sacó su teléfono y tomó una foto de mí, arrodillada y solo usando un calzón. “¡¡Oye, no!!”, exclamé rápidamente, pero volvió a poner su teléfono en su bolsillo y respondió, “Sólo es para mis ojos”. Iba a volver a quejarme cuando él puso sus manos bajo mis brazos, me levantó y me besó. Después de eso solo dijo, “Eres hermosa” y me abrazó mientas una de sus manos agarraba mi culo. “Vamos a almorzar”, dijo mientras me entregaba el resto de mi ropa excepto mi sostén el cual dejó en una repisa lejos de mi alcance. “Quédate así, me gusta ver tus pezones”, dijo, a lo que no respondí. No estoy segura del porqué, pero todo esto hizo que mis pezones se pusiesen duros y me avergonzaba un poco que se notase través de la ropa. Entonces él tomó mi mano, abrió la puerta y nos dirigimos a su casa. Poco después de entrar, su mamá dijo que estaba listo el almuerzo y le preguntó si yo los iba a acompañar a comer, a lo que él le dijo que sí sin siquiera preguntarme. Me cruce de brazos para evitar que ella notase que no estaba usando sostén, pero después de un tiempo al ver que no lo notaba me relaje un poco. Hablamos un poco mientras comíamos y después de eso me llevo a la habitación principal de la casa a que viésemos televisión juntos. Después de una hora en que su mamá iba de un lado a otro de la casa, ella se acercó a nosotros y dijo, “Voy a llevar algunas cosas donde la abuela”. Él preguntó, “¿Vas a volver antes de la once?”. Ella lo pensó un poco y respondió, “No, creo que me quedare con ella hasta tarde, no se ha sentido bien últimamente”, poco después de eso tomó su bolso y sus llaves y se despidió diciendo, “Pórtense bien”, y salió por la puerta.

     

    A los pocos segundos de que se cerrase la puerta, Carlos se abalanzo sobre mí y sus manos fueron directamente a mis pechos, apretándolos y pellizcando los pezones. “Más despacio”, le dije mientras reía tratando de calmarlo y proteger mis sensibles pezones. Entonces lo sentí bajar y desabrochar mi short, “Espera”, le dije a lo que él respondió, “Recuerda la regla, traje de baño o ropa interior”. Me quitó la polera y agarro mi short, ya fuese accidente o a propósito, no sólo bajo mi short, sino que también mi calzón. “Oye eso no”, protesté, pero ya era muy tarde y ambas prendas ya estaban en mis rodillas y luego en mis pies. “Está bien”, me dijo, “Sólo quiero verte” y dicho eso empezó a besarme. Nos besamos durante varios minutos y durante ese tiempo sentí sus manos recorrer todo mi cuerpo.

     

    Al dejar de besarnos observé como llevaba su mano a sus pantalones y comenzaba a desabrocharse apresuradamente, “Noo, no estoy lista”, dije al darme cuenta de sus intenciones. “Entonces vas a chupármelo otra vez” dijo mientras sonreía. Pensé en decir que no, pero temí que él no aceptase un no como respuesta, así que solo accedí. Se sacó el pene y rápidamente se puso sobre mí, que a esas alturas estaba recostada en el sillón. En cosa de segundos estaba sobre mí, arrodillado frente a mi cara empujando su pene dentro de mi boca. Aún no estaba lista así que golpeó fuertemente su pene contra mis mejillas, manchándolas con cada golpe con liquido pre seminal. Sorprendida por su agresividad, rápidamente abrí mi boca y con mi mano lo llevé adentro. Me arrepentí de haberme puesto en esa posición, con mi nuca sobre la parte dura del sillón, ya que así él era capaz de introducirse dentro de mi boca más rápido y profundo y antes de que me diese cuenta, estaba tratando de llegar a mi garganta. En segundos su vello púbico golpeaba contra mi nariz y labios con cada arremetida. El también parecía muy agresivo e intenso y movía sus caderas fuerte y rápidamente. Sé que yo estaba gruñendo fuertemente tratando de hacer que fuese más despacio pero no hizo caso. Incluso puse mis manos en sus caderas tratando de detenerlo o ralentizarlo, pero él era muy fuerte y siguió moviéndose. Debo admitir que hasta ese punto no conocía la diferencia entre dar sexo oral o que un hombre metiese y sacase violentamente el pene en la boca de una mujer, pero esta experiencia estuvo más cerca de la segunda que de la primera.

     

    Pensé en morder, pero no creí que él estaba tratando de ser malo, solo que estaba demasiado excitado. Lo único bueno sobre el cómo sucedieron las cosas es que no le tomó mucho tiempo para eyacular. No dijo una palabra durante todo el acto sino hasta que sentí los chorros, “Traga”. No consideré otra alternativa en ese momento, solo hice lo que él me ordenó.

     

    Como cada vez después de eyacular, sostuvo mi cabeza contra su cuerpo, solo que esta vez él estaba prácticamente sobre mí. Yo no estaba nada cómoda con esto, y el no parecía notarlo o importarle, él solo me sostuvo ahí. Finalmente me dejo retirar mi cuerpo, y antes de que pudiese quejarme, dijo, “Lo hiciste muy bien, ¿Dónde estuviste toda mi vida?”. Lo miré molesta, herida, adolorida y el me miraba con toda ternura mientras sonreía. Mientras nos mirábamos él me acariciaba, me sentía tan extraña al estar desnuda ahí, en la casa de alguien más, bajo un hombre, atrapada por su peso. Difícilmente sabía que pensar. Entonces me besó suave y gentilmente, distinto de como solía hacerlo. Eventualmente tuve que retirarlo de mí, ya que sabía que por la hora mi mamá estaría preocupada por mí. Odiaba tener que irme, pero él me ayudo a vestirme y fue a dejarme a casa.

     

    Era increíble pensar que hace unos pocos días no había dado mi primer beso, y en pocos días no solo había besado, sino que también había dado sexo oral tres veces en menos de 30 horas. Mi mamá parecía sospechar algo y me dijo que había llamado a casa de la amiga que le dije iría a visitar y que ella le dijo que no me encontraba ahí. Rápidamente le dije que estaba en casa de otra amiga, la cual yo sabía que mentiría por mí. Mi hermana también me miraba de forma distinta, a lo que yo solo respondí con una sonrisa. Al día siguiente me entristeció que el teléfono no sonara en la mañana. Después de almuerzo él me llamó y dijo, “¿Quieres ir al mall?” a lo que respondí que sí sin pensarlo. Le dije a mi mamá que saldría a trotar, y salí de casa vistiendo ropa deportiva sobre mi traje de baño. Llegué a su casa y me recibió con un gran beso, entonces dijo, “no estas cumpliendo la regla” a lo que alegremente le dije, “Si lo hago”, desabrochando mi polerón revelándome ante él en bikini. Se rio, volvió a subir el cierre y me dijo, “Ven conmigo”, tomó mi mano y nos dirigimos a su auto en donde el abrió la puerta por mí.

     

    Condujo hasta el mall cercano. Yo estaba feliz de estar ahí, en un lugar público con él. No nos tomábamos de la mano, pero notaba como algunos conocidos del colegio nos miraban. Primero fuimos a una tienda de lencería. Me dijo que quería comprarme ropa sexy y que yo podía elegir lo que yo quisiera mientras fuese sexy. Compre mis primeras tangas y más ropa interior sexy. Él gasto cerca de cien mil pesos y salimos de la tienda. El siguiente lugar que visitamos fue una tienda donde compraría un nuevo bikini. Antes de entrar me dijo que quería comprar el bikini más pequeño y revelador que pudiésemos encontrar y me preguntó si estaba bien. Yo accedí. Vimos bastantes trajes de baño hasta encontrar algunos que a ambos nos gustaron y me los probé. Uno de ellos era de una pieza, tirantes que difícilmente cubrían mis pezones. El me compro cinco trajes de baño nuevos, ninguno de los cuales hubiese sido aprobados por mi mamá.

     

    Fuimos al patio de comida y después regresamos a su casa. Me llevó a su habitación y ahí vacío todo el contenido de las bolsas de compras de la tarde sobre su cama. “Ahora debes probarte cada uno para mí”, me ordenó. Lo miré, pero antes de decirle que no, insistió diciendo, “Por favor”. No pude decir que no después de eso. “¿Dónde me cambio de ropa?”, le pregunté a lo que rápidamente respondió, “Aquí mismo”. Lo mire como si estuviese loco. “Gasté mucho dinero hoy, quiero ver lo que compré”. No podía creer lo que estaba haciendo, pero ahí frente a él me desnude para probarme el primer bikini. Pocos segundos después de que me pusiese el primer bikini el sacó su teléfono y tomó una foto de mí en ese pequeño bikini. “Nooo po”, le dije, pero siguió tomando fotos. “Solo son para mí”, me aseguro mientras sonreía. “Siguiente”, ordenó otra vez antes de que pudiese pensar e hice lo que dijo.

     

    Uno por uno me puse cada uno de los cinco trajes de baño y entonces la lencería, incluyendo tangas, sostenes sexys y más. El siguió tomando fotografías, más de las que pude contar, e incluso tomó varias entre cada cambio de ropa mientras estaba desnuda. Después de verme en cada prenda se guardó su teléfono, me abrazo y me dijo que era la mujer más hermosa en el mundo.

     

    Después de abrazarme y besarme, puso sus manos sobre mis hombros y dijo, “Arrodíllate”. Lo miré sorprendida y comencé a protestar, pero antes de que dijese dos palabras él dijo, “Pronto te iras a tu casa y tengo los cocos llenos. Arrodíllate.” Antes de que empezara a arrodillarme, sentí como me bajaba el calzón y este terminaba en mis tobillos. Lo miré molesta pero antes de que pudiese quejarme me dijo, “No tenemos mucho tiempo, me caliento más si puedo verte toda. Ahora arrodíllate.” Esta vez puso sus manos sobre mis hombros y empujó hacia abajo con fuerza. Me arrodillé ahí, vistiendo sólo el sostén el cuál no duró mucho antes de que el me lo quitase. “Muévete” me dijo mientras me guiaba de forma que su cama quedo a mis espaldas y entonces dijo “Perfecto.” Se paró directamente frente a mí y se abrió el pantalón. Otra vez recibí la orden, “Abre.” Y obedecí inmediatamente

     

    Esta vez con la cama detrás de mí él no tuvo que sostener mi cabeza. Sólo empujo su pene en mi boca hasta que mi nuca se encontró con su cama, entonces empezó a follar mi boca. A medida que continuaba, se ponía más y más duro, haciéndome sentir algo incomoda, pero lo malo de tener la boca llena era que no podía quejarme. Otra vez puse mis manos en sus caderas para tratar de que fuese más despacio, pero al hacer esto el me tomó de las muñecas y levantó mis brazos, mientras movía su pene dentro y fuera de mi boca. No pasó mucho antes de que volviese a dar la orden, “Traga.”. Entonces disparó chorros que fueron directo a mi garganta. Otra vez presiono su cadera tan fuerte como podía contra mi cara. Me mantuvo en esa posición por un tiempo. Después de unos momentos sentí como la parte superior de su cuerpo se endurecía mientras su pene se ponía flácido dentro de mi boca.

     

    Nos quedamos así un tiempo hasta que lo escuche roncar, y cuando sentí dolor en mi cabeza y cuello le di unos golpecitos para que me soltase. Entonces volvió a levantarse aún con su pene flácido dentro de mi boca y lo escuché dar la orden nuevamente, “Traga”. Estaba confundida hasta que de repente entendí a que se refería. Para mi horror había empezado a orinar dentro de mi boca. En pocos segundos un chorro de orina fluía dentro de mi boca y sentí como esta llenaba los rincones de mi boca. “Trágalo, mierda” dijo de manera brusca, “Trágatelo”. Estaba aterrada y humillada, pero sentí como su pelvis se presionaba duramente contra mi cara y volvió a ordenarme, “Traga”. No sé porque lo hice, probablemente fuera del miedo, pero sin estar segura de qué hacer o de cómo detenerlo, con eso fluyendo bajo mi cuerpo. Hice lo que él me ordenó y tragué. Apenas lo hice, me volvió a ordenar, “Otra vez”. Y para mi vergüenza lo hice. Él me lo ordenó en repetidas ocasiones y yo bebí todo lo que puso en mi boca. Creo que trague once veces antes de que el chorro se detuviese y le tomase unos cuantos segundos más en sacar su pene de mi boca. Estaba muy enojada esta vez y me puse de pie con dificultad. Me sentí muy avergonzada y algo de mi cuerpo se sentía mojado y pegajoso con su orina.

     

    Tan pronto como me pare frente a él, me tomó por los brazos y me dijo, “Está bien, discúlpame, pero tenía muchas ganas de orinar. No te enojes.” Lo miré tan enojada que no sabía que decirle, pero él sólo me sostuvo por los brazos diciéndome, “En serio tenía que hacerlo, perdóname”. No podía creer la pena y humillación que sentí, para que alguien me orinase en la boca y en mi cuerpo. Me puso frente a un gran ventilador, el cuál encendió. Se puso detrás de mí y me sostuvo con su cabeza en mi hombro susurrándome, “Está bien, eres la mujer más hermosa que he conocido”. El aire del ventilador hizo que se secara mi cuerpo mientras él me sostenía ahí, y cada músculo de mi cuerpo endurecía. Él podía sentir lo furiosa que estaba. Me giro hacia él y me besó suavemente en los labios, me miro a los ojos y para mi sorpresa me dijo, “Te amo”.

     

    Lo miré sorprendida y volvió a besarme profunda y largamente y entonces volvió a decirlo, “Te amo”. Comencé a llorar y el me contuvo. Me encontró una polera y unos pantalones cortos los cuales me dijo que me pusiera. Cuando me dirigía a tomar mi calzón del traje de baño, él se me adelanto y me dijo, “No te lo pongas”. Entonces me vistió sin ropa interior. Me beso y me abrazo un poco más, mientras yo sabía que me quedaba poco tiempo y tendría que volver pronto a mi casa. Entonces me pidió algo que me dejo sorprendida, “¿Podrías esperar hasta mañana para ducharte por favor?”. “Te amo con todo mi corazón y quiero que me sientas en tu piel esta noche, quiero que me huelas en tu cuerpo, por favor no te bañes. Quédate así esta noche y dúchate en la mañana”.

     

    Lo miré como si estuviese loco, “Por mi quédate así, húmeda por mí. Es la cosa más personal que puedes hacer por mí mientras estamos esperando para hacer el amor”. Estaba sorprendida con su petición y no sabía que pensar. “Mejor vete a tu casa, pero si me amas la mitad de lo que yo te amo a ti, me esperaras hasta mañana”.

     

    Creo que la mayoría de las personas pensaría que me volví loca, pero hice lo que él me pidió y me quede la ropa que él me había pasado. Tuve el olor a su orina y sudor sobre mi cuerpo. Me sentí sucia y culpable y… enamorada. Son locas las cosas que las personas hacen cuando están enamoradas.

     

    A la mañana siguiente el teléfono sonó a las 7 AM y a mi mamá no le agrado eso, al ir a mi pieza diciéndome que el llamado era para mí. Claro que era Carlos. Me pregunto si me había bañado, le dije que no. Entonces me dijo que no podría juntarse conmigo ese día, que tenía que visitar a su abuela. Entonces me dijo, “Te amo”. Sentí como se me aceleraba el corazón. Entonces me preguntó, “¿Me amas?”. Antes de ese momento no había sentido o pensado o imaginado el amor, pero solo me tomó unos segundos el pensar antes de contestarle. Me decidí a decirle, “Si, te amo”. “Gracias”, dijo dulcemente y se quedó en silencio unos segundos. “¿Harías algo por mí?, ven a mi casa mañana en la mañana y deja que yo te lave”, me dijo esperando en silencio por mi respuesta. Me tomó un tiempo el entender lo que me estaba pidiendo. “Quería lavarme esta mañana”, le conteste. “Lo sé y si haces lo que te pido, prueba tu amor, al esperar un día más”, dijo como si me pidiese algo muy simple. Toda niña sueña con el primer hombre al cual decirle que lo ama, y quien le corresponderá. Y ahí estaba ese hombre que me había dicho eso unas horas antes, pero había hecho la cosa más humillante que cualquier otra persona me había hecho. Ahora él estaba pidiendo que continuase esa humillación y dejar mi piel pegajosa con su… orina. “Tengo que irme”, dijo, “Pero espero lavarte yo mismo mañana”, y cortó la llamada.

     

    Decidí no tomar una decisión en el momento, sino que cada hora volver a pensarlo. Me dije a mi misma que si había soportado tanto, podía soportar un poquito más. Puse la radio y escuché música por un rato. A medida que pasaban las horas, me resistí al deseo de tomar una ducha e incluso me propuse a no acercarme a mi mamá y hermana. Comí el almuerzo rápido y me retiré rápidamente de la mesa. El día parecía interminable hasta que mi hermana entró a mi pieza después de haber recibido una llamada telefónica.

     

    “¿Fuiste al mall ayer con Carlos?”, me preguntó mirándome como si eso fuese imposible. “Uh huh”, respondí moviendo la cabeza aceptándolo. “¿La mamá te dio permiso?”, preguntó, a lo que no tuve más opción que responder con la verdad, sabiendo que si mentía ella lo terminaría sabiendo, “No”. “¿Cómo llegaste ahí?”, me preguntó mirándome sorprendida. “Él me llevo ahí en su auto”, respondí sabiendo que era más fácil decir la verdad que inventar mentiras. “¿Él te llevo en su auto y después te llevo de compras?”, me volvió a preguntar incrédula, a lo cual solo asentí con la cabeza. “Increíble”, dijo muy molesta, alejándose de mi pieza.

     

    Tan miserable, sucia y desagradable como me sentí, mi hermana había subido mi ego bastante. De alguna manera le habían informado que su hermanita menor había estado paseando con el hombre que a ella le gustaba. Fui capaz de decir la completa verdad de que el me llevo en su auto. Ella debió sentirse devastada. Quizás su devastación, era suficiente para rivalizar con el desagrado que me producía mi condición en ese momento.

     

    El día se hacía interminable después de los últimos días de Carlos llenando mi tiempo y mi corazón. Estaba algo tensa pensando en que mi hermana me delataría, pero a medida que pasaban las horas, mi mamá no iba a mi habitación a gritarme, así que asumí que la información permanecería en privado. A la once mi sorpresa fue grande al ser invitada por mi hermana a ir al cine a ver una película. No solíamos hacer cosas juntas, pero creí que las ultimas cosas que habían pasado le habían cambiado su opinión sobre mí. En esa situación me vi tentada a tomar una ducha, ya que no quería ir al cine con la orina seca de Carlos sobre mí. Pero evadí la tentación y decidí que estaba bien el ponerme algo de perfume y salir así.

     

    Compramos las entradas y estábamos en la fila para entrar a la sala de cine cuando mi mundo se quebró por lo que vi. Carlos de la mano con una adolescente bonita. Los mire con la boca abierta y pronto mi hermana se dio cuenta de mi sorpresa. “¿No sabias que él está pololeando con una compañera mía? Es Sara y han estado juntos por más de un año”, me dijo. Continúe mirándolos, y sentí como me temblaba la mandíbula mientras me aguantaba las ganas de llorar. “No puedes llorar aquí”, dijo mi hermana. No se daba seguido que entre nosotras demostráramos interés, pero ella vio lo mal que me puse. “¿No sabias?”, volvió a preguntarme mientras me miraba preocupada. Sentí que me iba a desmallar. “Vámonos mejor, te llevare a casa”, dijo. Justo en ese momento mis ojos se encontraron con los de Carlos. El debió darse cuenta de que lo había atrapado en esa situación y rápidamente soltó la mano de su acompañante. En ese momento salí con mi hermana del cine.

     

    Fuimos directo a casa, sin hablar mucho, sólo cuando ella dijo, “Creí que lo sabias”. Detuvo el auto y entramos en la casa. Fui directo a mi pieza, entonces al baño y entre en la ducha. Me lavé rápidamente y me senté a llorar un rato. “Te amo”, escuche su voz en mi mente. Entonces lo recordé ahí junto a Sara. Estuve ahí hasta que acabo el agua caliente y solo salió agua helada. Fui a mi habitación, me puse mi pijama y me acosté a llorar hasta dormir.

     
      Posted on : Mar 29, 2020
     

     
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